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| 8/2/2008 12:00:00 AM

¿Desempate?

Evo Morales apuesta fuerte para doblegar a la oposición en el revocatorio del 10 de agosto que lo podría sacar del poder.

La ruidosa protesta de los mineros bolivianos, quienes hicieron estallar cartuchos de dinamita en el centro de La Paz el pasado miércoles, pareció una metáfora de la situación política de su país. Faltan pocos días para el referendo revocatorio que definirá la continuidad del presidente Evo Morales y de ocho de los nueve prefectos que gobiernan los departamentos del país, y la tensión no hace más que crecer.

Desde hace meses los analistas hablan de un "empate catastrófico" y estructural entre Morales y sus opositores. El referendo se supone una oportunidad para quebrarlo, y así destrabar la crisis que paraliza a Bolivia después de que los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija aprobaron sendos estatutos autonómicos, en abril y en mayo. Esos plebiscitos en los departamentos más ricos, que concentran los recursos naturales, inclinaron la balanza a favor de la oposición.

Para revertir esa tendencia autonomista que amenazaba la integridad territorial boliviana, Morales hizo gala de su malicia indígena y aceptó uno de los reclamos de la oposición al convocar el referendo que podría dar fin a su mandato. El opositor partido Podemos, del ex presidente Jorge Quiroga, se apresuró a aprobar la ley en el Senado, pero en realidad el gobierno tiene las de ganar. Para revocar un mandato, es necesario que voten contra el funcionario afectado más personas que las que lo eligieron. En el caso de Morales, debería sufragar en su contra más del 53,7 por ciento, lo cual es una cifra muy alta. Y como las votaciones por los prefectos fueron menores, su posición era más vulnerable.

Ya caída en la trampa, la oposición intentó poner palos en la rueda de la consulta popular. Silvia Salame, la única magistrada en funciones del Tribunal Constitucional, solicitó la suspensión del mismo, pero la Corte Nacional Electoral central lo ratificó. Sin embargo, a última hora modificó las normas y anunció que los prefectos sólo serán revocados con la mitad más uno de los votos en contra, lo que les dio un respiro a varios.

Los seguidores del Presidente esperan que el referendo le permita retomar la iniciativa política de cara a otra consulta popular que todavía está pendiente: la que debe aprobar la nueva Carta. El texto, fundamental para la "refundación" que promete Morales, choca con el proyecto autonomista.

"Desde el arribo del gobierno de Evo Morales hay un sector de la oposición que nunca quiso asumir los cambios y que se jugó a bloquear el proceso", dijo a SEMANA Pablo Solon, embajador extraordinario de Comercio e Integración de Bolivia y uno de los hombres más cercanos a Morales. Los cambios a los que se refiere incluyen la nacionalización del gas y los hidrocarburos, así como reformas en la propiedad de la tierra. En la visión oficialista, si el resultado es positivo para Evo, "el gobierno se consolidará y una caída de un par de prefectos nacionales cambiaría el mapa político".

Pero, según la última encuesta de Captura Consulting, los prefectos de Santa Cruz, Beni y Tarija tienen su lugar asegurado mientras los de Cochabamba, La Paz, Oruro, Potosí y Pando están en riesgo. En caso de que alguno se cayera, se realizarían elecciones en 90 días para reemplazarlo.

Es decir que de los departamentos que aprobaron las autonomías, sólo el prefecto de Pando, un socio menor de la cruzada autonomista, estaría en peligro. Y Rubén Costas, el de Santa Cruz, el departamento más rico del país (aporta el 31 por ciento del PIB y el 50 por ciento de la producción agropecuaria), ganará el suyo con facilidad.

Aunque Morales mantiene una popularidad por encima del 50 por ciento y podrá reclamar una victoria, varios de los prefectos también van a salir con mandatos fortalecidos, de modo que el "empate catastrófico" va a persistir. O sea que lo más probable es que la política boliviana siga tan explosiva como las imágenes de los mineros que protestaban en La Paz.
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