23 mayo 2010

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Despreciados

DESARMEAl desconocer el acuerdo de Brasil y Turquía con Irán sobre su programa nuclear, Washington bloquea el surgimiento de nuevos interlocutores en los temas geopolíticos.

Despreciados. La foto de Lula da Silva como gran actor de la geopolítica mundial,  al lado de Mahmud Ahmadineyad y Recep Tayyip Erdogan, le dio la vuelta al mundo. Pero el acuerdo fue desconocido por las potencias tradicionales.

La foto de Lula da Silva como gran actor de la geopolítica mundial, al lado de Mahmud Ahmadineyad y Recep Tayyip Erdogan, le dio la vuelta al mundo. Pero el acuerdo fue desconocido por las potencias tradicionales.

No había pasado ni un día desde que se difundió la foto en la que dos victoriosos Luiz Inácio Lula da Silva y Recep Tayyip Erdogan se tomaban de la mano con el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad. Celebraban el acuerdo por el que este aceptaba enviar 12.000 kilos de uranio a territorio turco para
intercambiarlos por barras de combustible nuclear para fines médicos un año después. Parecía quedar atrás la controversia por el supuesto programa iraní de armas atómicas. Pero desde Washington llegó la noticia de que los aliados occidentales no aceptaban el pacto y, por el contrario, alistaban el paquete de sanciones contra la República Islámica para ser aprobado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

¿Por qué torpedear una de las iniciativas más interesantes de los últimos años en la que dos potencias emergentes tomaron un papel protagónico? Para nadie era un secreto que Brasil y Turquía no negociaron nada nuevo. Era la misma propuesta hecha por Estados Unidos en octubre, que Irán aceptó para luego dar un paso atrás. La única diferencia es que Irán enviaría su uranio a Rusia.

"Lo que ellos querían esta vez era que les diéramos confianza a los iraníes para que aceptaran el intercambio; hemos cumplido nuestra tarea", dijo enfadado el canciller turco Ahmet Davutoglu. Las negociaciones con Irán nunca son fáciles y esta no había sido la excepción. Después de 18 encuentros preliminares, más de 40 llamadas y 18 horas de conversaciones en Teherán, ambos países habían logrado lo que consideraban un buen acuerdo. En Washington, sin embargo, se dijo que Brasil y Turquía no cumplieron lo que se les pidió. "Si ellos quieren ser aliados de Estados Unidos deberían haber sido cuidadosos en comprobar cuál era su posición antes de involucrarse", explicó a SEMANA Alan J. Kuperman, experto en Irán de la Lyndon B. Johnson School.

¿A quién creerle? Al fin y al cabo, ambos grupos tienen intereses. Las grandes potencias quieren impedir que Irán tenga armas nucleares y además creen que Irán puede volver a arrepentirse. Brasil y Turquía, por su parte, tienen en juego sus ambiciones de convertirse en actores en esta zona del mundo y tienen grandes negocios con Irán.

"Estados Unidos, China y los otros están preocupados por todo el proceso, no por una pequeña parte como producir isótopos con fines médicos. Tenemos que separar los conceptos de las potenciales aplicaciones tecnológicas", aseguró a SEMANA Paul Sullivan, profesor adjunto de Ciencias, Tecnología y Asuntos Internacionales de la Universidad Georgetown. "Pienso que la mayor razón por la que Estados Unidos está imponiendo sanciones ahora es porque ve este acuerdo como un truco", explicó a SEMANA Meir Javedafar, analista iraní y coautor del libro The Nuclear Sphinx of Tehran. "Ellos también consideran que este acuerdo es malo porque si incluso es puesto en práctica Irán continuará enriqueciendo uranio hasta el 20 por ciento", explicó a SEMANA James M. Acton, investigador asociado del programa de políticas nucleares del Carnegie Endowment Institute.

Irán ha declarado ilegitimas las sanciones, sin embargo no ha dicho si mandará el acuerdo con Brasil y Turquía a la Agencia Internacional de Energía Atómica para ser aprobado. Pero lo que está claro ante los ojos de muchos expertos es que Brasil y Turquía dieron un gran paso en la diplomacia mundial. Muchos juzgan, incluso, que la actitud de las potencias es "arrogante". Pero que en Washington les hayan dado la espalda no debería importar demasiado. Al fin y al cabo, ambos países están llamados a ser grandes protagonistas de un mundo multipolar en el que los poderes emergentes puedan solucionar lo que para otros es imposible. Lo que pasó después de Teherán solo es una anécdota de un largo viaje que queda por delante.
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