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| 1/19/2004 12:00:00 AM

Destino: la galaxia

Bush anuncia que quiere hacer historia lejos de la Tierra. Pero muchos creen que sus objetivos son más terrenales.

Su objetivo a mediano plazo, mandar astronautas a Marte. Bush presentó su plan como una concepción visionaria de la exploración humana del universo. Pero para los críticos se trata de una empresa demasiado costosa, que esconde la militarización del espacio cercano ante la amenaza de los chinos, y anunciada justo a tiempo para ganar puntos en la carrera por la reelección en noviembre. El plan El plan incluye jubilar los tres transbordadores sobrevivientes cuando se termine, en 2010, la construcción de la Estación Espacial Internacional. Y emprender desde ya el desarrollo del nuevo Crew Exploration Vehicle, una nave para transportar seres humanos a grandes distancias. Lo siguiente sería una misión a la Luna entre 2015 y 2020, para construir una base destinada a la explotación comercial del satélite natural y a convertirse en la plataforma de lanzamiento de misiones tripuladas mucho más ambiciosas, como a Marte. En cuanto a la plata, Bush propuso incrementar el presupuesto de la Nasa, de 15.500 millones en 2004, en 1.000 millones de dólares durante cinco años, y cambiar la destinación de otros 11.000 millones de otros programas no especificados del organismo. La Nasa seguiría consumiendo menos del 1 por ciento del presupuesto federal de 2,2 billones de dólares. De paso, renacería en los estadounidenses un sentido de propósito común, una idea heroica que estaba perdida en los rutinarios vuelos a la 'mediocre' estación espacial. Y los beneficios económicos de la colonia lunar serían impensables. En efecto, una colonia lunar permitiría recoger y enviar a la Tierra energía solar capaz de suplir la demanda mundial. Ingentes cantidades de minerales podrían ser recogidas, para ser llevadas a la Tierra o usadas en complejos hoteleros en el satélite natural. Enormes telescopios permitirían la exploración virtual del universo sin el estorbo de una atmósfera. Y el estudio de las rocas lunares podría aclarar los misterios del nacimiento de la Tierra. En cuanto a Marte, su exploración humana podría develar, de primera mano, el misterio del origen de la vida en el sistema solar. El lado oscuro Para los críticos, las sumas astronómicas involucradas han despertado dos comentarios opuestos: unos dicen que no habría derecho a gastar tanto dinero, sobre todo cuando el déficit fiscal llegó en 2003 a los 374.000 millones de dólares, el doble del año anterior. Mencionan la trascendencia que sumas así tendrían para solucionar problemas como la educación en Estados Unidos, o la alimentación y la salubridad de millones de personas en el mundo. Y otros dicen que ese dineral tampoco sería suficiente. Como el senador demócrata Bill Nelson que declaró a CNN: "El primer año después de que Kennedy anunció el programa Apolo, el presupuesto de la Nasa se dobló. Y el segundo año se dobló de nuevo. Eso no es realista hoy en día, pero incrementos de 5 por ciento al año no nos van a llevar a la Luna". El proyecto de enviar seres humanos también despierta críticas. La misión actual de robots a Marte está reportando enormes beneficios científicos, aunque la presencia humana sea sólo virtual. En la misma línea, algunos, como el director de la American Physical Society, Robert Park, sostienen que no hay razones científicas para enviar tripulantes, cuya presencia multiplica por 100 los costos. Y si se trata de investigar la vida en Marte, "el hombre es una bolsa de microbios. El riesgo de contaminación arruinaría cualquier posibilidad de demostrar que un microorganismo encontrado sea marciano o terrestre". Politico-militar Pero las críticas más virulentas sostienen que el plan de Bush tiene un trasfondo militar. Como dijo a SEMANA Michelle Ciarroca, investigadora del World Policy Institute, sobre el anuncio de Bush: "Uno debe preguntarse por qué ahora. Por qué en un momento de déficit enorme, en que hay una guerra en curso e innumerables problemas internos como el desempleo y la crisis de la salud pública". La respuesta, para Ciarroca, está en las recomendaciones de la Comisión de Seguridad del Espacio, un organismo dirigido por el hoy secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y en el que estaban representados "no menos de ocho de los contratistas aeroespaciales del Pentágono". El informe de la Comisión, entregado en enero de 2001, previene contra un Pearl Harbor espacial, y recomienda la creación de un cuerpo de la Fuerza Aérea que asegure que Estados Unidos tenga supremacía en esa frontera. "Esas recomendaciones son el soporte del documento Space Command Vision for 2020, que establece los lineamientos de la dominación del espacio por Estados Unidos, 'para proteger los intereses e inversiones norteamericanas'. Lo cierto es que resulta muy curioso que el tema espacial hubiera despertado, después de tantos años, justo después de que China enviara su primer hombre al espacio, con el objetivo declarado de llegar a la Luna a corto plazo. Estados Unidos nunca firmó el Tratado de la Luna, creado por la ONU en 1979 para evitar los reclamos territoriales y las bases militares en el satélite natural. Varios documentos oficiales hablan desde 1959 de las fuerzas militares estadounidenses en el espacio. Y como dice Bruce Gagnon, otro investigador y activista, "horas después de que el taikonauta chino Yang Liwei salió al espacio en 2003, el teniente general Edward Anderson, segundo comandante del Comando Norte de la Fuerza Aérea, dijo que no pasará mucho tiempo antes de que el espacio se convierta en un campo de batalla". Lo que lleva a la siguiente consecuencia previsible, que es una carrera espacial de tono más agresivo que exploratorio, como en los años 70. Más allá de esas preocupaciones, Bush corre el riesgo de que su gesto pase a la historia como el chasco que soportó su padre cuando hizo una propuesta semejante en 1989. En ese año el Congreso desestimó su petición de fondos y archivó el proyecto. Esta vez juega en contra del Presidente el doble filo de la proximidad de las elecciones presidenciales, sobre todo porque Florida, Texas y California serían los más beneficiados por su plan en contratos y puestos de trabajo. Inevitablemente, el proyecto se convertirá en un tema crucial del debate y en una apuesta de cara y sello para Bush.
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