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| 1/31/2009 12:00:00 AM

Diciendo y haciendo

Sus primeros 10 días en la Casa Blanca han mostrado que Barack Obama empezó a trabajar en serio para resolver la crisis económica y los demás problemas que enfrenta.

En los 10 días siguientes a su posesión como presidente de Estados Unidos, Barack Obama ha agarrado el toro por los cuernos. Desde el martes 20 de enero, cuando prestó juramento ante el Capitolio en Washington, no ha parado de tomar decisiones. Se le ha metido de lleno a la crisis económica, a proteger los derechos humanos y a solucionar conflictos en otras partes del mundo. En todo eso ha pegado un auténtico timonazo frente a las políticas de George W. Bush. Obama prometió cambio, y en esas está.

Veinticuatro horas después de su posesión ante casi dos millones de personas en el Mall -la explanada central de la capital estadounidense-, Obama decidió dar ejemplo y congeló los salarios de un centenar de asesores de la Casa Blanca. "El país entero se está apretando el cinturón, y Washington tiene que hacer lo mismo", dijo al prohibir el aumento de quienes ganan más de 100.000 dólares anuales.

Luego se sentó en la Oficina Oval para firmar tres de las órdenes más esperadas por sus votantes: el cierre de los centros de detención que había montado la CIA fuera del territorio norteamericano, la prohibición de los métodos violentos para interrogar a los sospechosos y la clausura en menos de un año de la cárcel de Guantánamo. Todo eso le debió parecer una bestialidad a Bush, que para entonces se encontraba en Texas.

"Nuestros ideales nos darán fuerza y autoridad moral", subrayó Obama. Y agregó en alusión a la lucha contra los terroristas: "Queremos ganar esta pelea, pero sin torturas". Ahora el lío es qué hacer con los 258 detenidos de Guantánamo, sobre algunos de los cuales hay indicios de alta peligrosidad. Es el caso de Khalid Sheik Mohammed, el cerebro de los atentados del 11 de septiembre. De momento, se especula que varios prisioneros de Guantánamo podrían terminar en países europeos.

El viernes de esa misma semana, 72 horas después de haber asumido el poder, Obama expidió otra orden ejecutiva que sembró la polémica: levantó la prohibición de enviar al exterior fondos para las clínicas que promuevan la planificación familiar y practican abortos. La orden entró en vigor justo a los 36 años del célebre fallo de la Corte Suprema de Justicia en el caso Roe vs. Wade, que impidió a los estados ilegalizar el derecho al aborto porque de esa forma invadía la privacidad de la mujer.

No era raro que un presidente demócrata se diera semejante pela en un país donde los grupos cristianos mueven gran parte de la opinión pública. El impedimento para financiar esas clínicas había sido impuesto inicialmente por Ronald Reagan en 1984, suspendido por Bill Clinton en 1992 y reinstaurado por Bush en 2001.

El lunes 26, Obama dio otro de los giros importantes de su Presidencia, cuando el canal Al Arabiya, con sede en Dubai, emitió una entrevista con el Presidente. El diálogo fue toda una sorpresa por su contenido y porque Obama, para su primera salida a fondo en televisión, prefirió una cadena del mundo árabe y no los canales nacionales de Estados Unidos, como la ABC, la NBC o la CBS.

En la entrevista con Hisahm Melhem, las palabras de Obama contrastaron una vez más con la retórica de Bush. El nuevo inquilino de la Casa Blanca reiteró que Estados Unidos es amigo de los países islámicos, sugirió que en los primeros tres meses de gobierno le hablará a Oriente "desde una capital musulmana", dijo que tiene parientes que profesan el credo de Mahoma y señaló que ha "vivido en un país musulmán". Se refería a Indonesia, la nación del mundo con mayor número de islamistas.

Pero Obama reveló además las instrucciones que le impartió a su enviado especial a Oriente Próximo, el ex senador George Mitchell. "Lo primero que debe hacer es escuchar, porque lo que Estados Unidos hace muy frecuentemente es dictar", dijo y señaló que si bien es un fuerte aliado de Washington, debe entender que para la convivencia pacífica con los palestinos necesita hacer concesiones.

Una de las claves de la entrevista con Al Arabiya fue que Obama se mostró decidido a consolidar el cese del fuego tras los choques en la franja de Gaza y a crear un clima para volver a la mesa de diálogo, para lo cual el nombramiento de Mitchell es una buena noticia. El ex senador fue uno de los artífices del Acuerdo del Viernes Santo, que a finales de los 90 selló la paz entre unionistas y republicanos en Irlanda del Norte.

Ese mismo lunes de la entrevista, Obama le puso el pecho al calentamiento global con la firma de una orden que les permite a California y a otros estados endurecer los controles a las emisiones de gases peligrosos. Por si fuera poco, también sentó las bases para que las ensambladoras de automóviles fabriquen carros más eficientes, de modo que en 10 años puedan recorrer 70 kilómetros por galón. Es una forma de depender cada vez menos del petróleo árabe.

La solución a la crisis económica es lo que más le quita el sueño al Presidente gringo, y a eso se ha dedicado. El miércoles, la Cámara de Representantes le aprobó el plan para salir del atolladero. Conclusión: la economía recibirá 816.000 millones de dólares, de los cuales 211.000 millones se destinarán a apoyar a los estados y 275.000 millones servirán para que miles de familias reciban una reducción de impuestos de 500 dólares anuales por los próximos dos años.

La votación de la Cámara supuso una bocanada de aire fresco para la maltrecha economía norteamericana. No habían pasado 48 horas desde cuando la Caterpillar anunció un recorte de 20.000 puestos de trabajo y la gigantesca cadena de ferreterías Home Depot el despido de 8.000 empleados. Fue una jornada negra para el mundo laboral. Ese lunes se perdieron 75.000 empleos en todo el país, y eso que no se sabía de nuevas podas, como la de Starbucks.

Pero Obama no puede cantar victoria con la votación en la Cámara. Se espera el pronunciamiento la próxima semana de los senadores, que no es precisamente pan comido. Dado que en la Cámara el triunfo del sí se debió al voto de 244 demócratas y tuvo la oposición de 188 representantes, entre los cuales hubo republicanos y muy pocos demócratas, el Senado puede complicar el asunto. Los copartidarios de Obama son mayoría -dominan 58 de los 100 escaños-, pero requieren dos votos más.

¿Qué hacer? La prensa especula que la Casa Blanca ha iniciado un lobby muy fuerte con senadores republicanos como Judd Gregg, de New Hampshire, que al cierre de esta edición sonaba como secretario de Comercio ante el retiro del gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, por una investigación que se le sigue. Está por verse. Si se da el nombramiento, Obama se anotaría otro hit. El reemplazo de Gregg en el Senado sería escogido por el gobernador de ese estado, el demócrata John Lynch, y sería demócrata.

En resumidas cuentas, Obama llegó a la Casa Blanca con las pilas puestas. Ha interpretado lo que siente la mayoría de los norteamericanos. Prueba de ello fueron sus declaraciones el jueves, cuando afirmó que las bonificaciones que por 18.400 millones de dólares recibieron en diciembre los financistas de Wall Street son "una vergüenza" en los tiempos que corren. Otra prueba es que cambió la moda dentro de la propia Casa Blanca. Bush llegaba temprano y obligaba a su gente a tener el saco puesto; Obama llega a las 9 y, en mangas de camisa, invierte su tiempo en trabajar, trabajar y trabajar.

Pero el revolcón va en serio. "No ha convertido sus decisiones en fotos", escribió Joe Klein en Time. Y, como le dijo a SEMANA Jim Henson, profesor de ciencia política de la Universidad de Texas en Austin, "Obama ha dado ejemplo de la forma como se debe gastar el capital político, ha tratado de negociar con el Congreso, ha mostrado su compromiso y se ha puesto manos a la obra desde el primer día". Para él, ya está claro, la presidencia es 'diciendo y haciendo'.
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