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| 4/8/1985 12:00:00 AM

DISCORDIAS DE GUANTE BLANCO

¿Puede haber una Europa independiente en materia espacial?

La unión política de Europa, sueño que varios políticos persiguen desde los años cincuenta, es un objetivo que toca archivar? Formulada de diversas maneras, esta pregunta está presente en los países de la CEE, desde que Ronald Reagan lanzó su "iniciativa estratégica de defensa", comúnmente conocida como la "guerra espacial". Si la propuesta del Presidente norteamericano ha hecho tambalear el edificio europeo es, se afirma aquí, porque coincide con un hecho patente desde hace varios años: los alemanes, conscientes de la potencia económica de su país, ya no desean jugar --como lo hacen desde el fin de la Segunda Guerra Mundial-- el papel de enanos políticos, ni depender para su defensa del paraguas nuclear norteameicano.
Alemania no puede como consecuencia de la barbarie hitleriana, dotarse de armas atómicas. La defensa espacial, planteada por la administración Reagan, le permitiría escapar a esta interdicción y beneficiarse de ese tipo de investigación que tendrá, por fuera de la aplicación estrictamente militar, repercusiones en todas las industrias. Como quiera que sea, París, no apreció las declaraciones del canciller Kohl en el sentido de que lo científicos y las industrias de un país participaran en el programa norteamericano cuyo costo ascenderá, según la Casa Blanca, a 26.000 millones de dólares. La inquietud francesa disminuyó desde que el Pentágono reconoció que un despliegue, inclusive parcial, del nuevo sistema de defensa sería imposible antes de fin de siglo. Los franceses no ignoran que si lo norteamericanos y los soviético emprenden ese tipo de investigaciones, ellos deberán seguir el mismo camino. París rechaza la asociación con los Estados Unidos --por considerar que perdería su autonomía de decisión-- y busca promover una de fensa, inclusive espacial, a nivel europeo. Por tres razones: repartir los gastos colosales que implica tal operación, anclar definitivamente a Alemania en Europa y dar un contenido movilizador y preciso a la unión política de Europa.
El gobierno alemán hace otro análisis. Si descarta la idea de una defensa europea autónoma es porque considera que su colaboración con los Estados Unidos le permitirá jugar, en el plano europeo, un papel político conforme a su potencia económica y continuar su política de acercamiento y buena vecindad con el bloque soviético, Alemania Democrática, en particular. Eso explica por que --tras haber aceptado en principio-- Bonn aplazó la construcción de un satélite de observación militar propuesto en Francia y desecho el proyecto de un transbordador --"Hermes"-- también sugerido por la administración Mitterrand, prefiriendo la estación orbital norteamericana Columbus. Para el gobierno francés, esas negativas calificadas de "casi afrenta" por el diario alemán Die ziet, constituyen un claro no a la política de independencia espacial europea que, según Francois Mitterrand debe incluir, a más o menos corto plazo, vuelos tripulados y una estación orbital.
La "guerra espacial" no es la única "manzana de discordia" entre Alemania y Francia. Alemania también se opone a que el UCE, Unidad de Cuenta Europea, se convierta, como lo ha insinuado Francia, en la única moneda europea, por la manera diversa como funcionan los mercados de cambio y por la dificultad de armonizar las políticas económicas de los países miembros. Los especialistas galos reconocen que la RFA es el país que más ha apoyado financieramente a la Comunidad Económica Europea. Pero sospechan que si su bundesbank y su ministro de Finanzas ven con malos ojos la creación de un banco central europeo y la instauración de una misma política monetaria es únicamente por conservar la supremacia económica y financiera de Alemania en Europa. Otro tema de fricción: la lucha contra la contaminación. Presionado por el Partido de Los Verdes y la opinión pública escandalizada al saber que las lluvias ácidas amenazan con destruir la mitad de los bosques de Alemania, el gobierno de Bonn hizo aprobar por los Ministros del medio ambiente reunidos en Bruselas, la venta de gasolina sin plomo en la CEE, a partir del 1° de junio de 1989.--
José Hernández, corresponsal de SEMANA en París
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