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| 5/23/1988 12:00:00 AM

DIVORCIO A LA VENEZOLANA

Se agitan las sotanas por el divorcio de Jaime Lusinchi

DIVORCIO A LA VENEZOLANA DIVORCIO A LA VENEZOLANA
Luego de la fatiga del protocolo, de las largas conferencias con políticos y hombres de empresa y de las tensas ruedas de prensa en el Japón, vino la calma de Bali. El mar azuloso sin una ola, el monte Agung ("el ombligo del mundo") perdido entre nubes blanquisimas y la música dulcemente rítmica del xilófono javanés reconfortaron al presidente de Venezuela, Jaime Lusinchi. Pero lo que más satisfacción causó al mandatario y a su corta comitiva personal, comandada por su secretaria privada, la señora Blanca Ibáñez, fue la noticia, casualmenle llegada en ese momento, de la sentencia emitida por la doctora María Jose Rodríguez, a nombre del Tribunal VII Civil, mediante la cual queda disuelto el vínculo matrimonial de la pareja presidencial venezolana. Era el tercer intento de demanda entablado por el presidente Lusinchi, quien ha acusado a su esposa de abandono del hogar e injuria grave. Las dos veces anteriores, los tribunales habían mandado a archivar el asunto, pero ahora la separación llegaba, precisamente en este lugar paradisíaco de Bali, lejos del tráfago exigente del Palacio de Miraflores.
Sin embargo, desde las antípodas de Caracas, la esposa demandada, Gladys Castillo, no consideró tan casual la oportunidad del fallo judicial que disuelve su unión de 40 años con Lusinchi. Para ella, "todo estaba estudiado y preparado" y denunció que desde la casa presidencial, avisaron, con anterioridad, a una de la hijas del Presidente, que la decisión del Tribunal sería emitida cuando este estuviese lejos, en su gira asiática.
Aislada y virtualmente prisionera en La Casona, la habitual residencia familiar presidencial, la hasta ahora Primera Dama de la República se siente frustrada, triste, escéptica. "La justicia está mediatizada", "se está haciendo uso del poder para resolver los asuntos privados", ha dicho, en tormentosa declaración de prensa que muy pocos periódicos dieron el despliegue adecuado.
De todas maneras, el impacto en la opinión pública ha sido muy intenso. Mientras los líderes políticos del país muestran mucha cautela ("No puedo declarar sobre eso", ha dicho Carlos Andrés Pérez. "Me interesa más el divorcio de Lusinchi con el país", se limitó a decir Eduardo Fernández), la jerarquía eclesiástica, enérgicamente, ha condenado el divorcio de la pareja presidencial. Una pastoral del Arzobispo de Maracaibo, Domingo Roa Pérez, señaló que el país se encuentra "alarmado y escandalizado por este divorcio sin precedentes", que es un mal ejemplo para la juventud. Además, en una alusión muy transparente a la comentada influencia de la señora Blanca Ibáñez en este affaire, Monseñor Roa recordó al tirano Juan Vicente Gómez, quien nunca se casó, tuvo varias concubinas, pero jamás convivió con ninguna de ellas y las mantuvo lejos del ejercicio del poder, por saber "lo terriblemente peligrosa que es la concubina del gobernante y máxime cuando se adueña de su voluntad, haciéndolo instrumento de caprichos y ambiciones".
Por su parte, el obispo de Coro, Ovidio Pérez Morales, instó al Presidente a renunciar en caso de que proyecte contraer nuevas nupcias en los meses que le faltan de su período constitucional, aludiendo al creciente rumor de que antes del 23 de enero de 1989, Lusinchi se casará con su secretaria privada.
El arzobispo de Valencia, Luis Eduardo Henriquez, opinó que la sentencia de divorcio es una nueva manifestación de la corrupción que existe en el poder judicial. El arzobispo de Mérida, Miguel Antonio Salas, habló también de escándalo y corrupción y alertó acerca de lo nefasto que sería el enlace del Presidente con su secretaria privada.
Los abogados de la Primera Dama han denunciado el carácter amañado de la sentencia y acusan a los jueces de haber cedido a la presión del Ejecutivo. Por ello, acaban de apelar la sentencia. Entre tanto, el Presidente Lusinchi, a su regreso del Japón y sus días de descanso y miel en Bali se ha limitado a decir, con el mejor estado de ánimo del mundo: "Pronto diré algo sobre algunas cositas yue pasan en este país brincón".

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