Martes, 30 de septiembre de 2014

| 1992/09/28 00:00

Doble moral

El bloqueo aéreo contra Irak y la inacción en Bosnia-Herzegovina, conforman un mensaje equivoco para el mundo musulmán.

Doble moral


EN IRAK, SADDAM HUSSEIN ataca a sus enemigos en el sur del país. En pleno corazón europeo, los serbios de Bosnia-Herzegovina están masacrando a los musulmanes eslavos. Pero si en Bosnia el continente europeo es un tigre sin dientes para detener la sangría, en Irak Estados Unidos y sus aliados no tienen dificultades en enviar sus aviones a crear una zona de exclusión para la fuerza aérea de Saddam Hussein. No resulta extraño que en esas condiciones, los musulmanes del mundo se pregunten por que existe esa doble actitud.
En ambos casos es difícil extraer la realidad de entre la maraña de mentiras descaradas, verdades a medias y franca desinformación que caracterizan a las guerras. Saddam sostiene que su lucha es contra infiltrados iraníes mientras los serbios-bosnios dicen que combaten contra el establecimiento de una república islámica que les convertiria en ciudadanos de segunda clase.
En Bosnia la dificultad real es saber hasta donde llega la responsabilidad de los musulmanes, pues con cientos de periodistas que documentan día a día las atrocidades serbias, las dudas residen más en los matices que en el fondo. En el caso iraqui, sin embargo, ni los gobiernos ni los medios de comunicación tienen seguridad sobre lo que ocurre en el sur por la sencilla razón de que Hussein tiene completamente aislado el sector.
Lo que diferencia realmente los dos casos es la presencia en uno de ellos de Saddam Hussein, porque que si las cosas siguen como van, en diciembre el iraqui estara en el poder y su archienemigo el presidente norteamericano George Bush estara con un pie afuera de la Casa Blanca. Para muchos observadores internacionales, estimular la caída de Hussein es la única explicación posible para establecer la "zona de novuelo" en el sur de Irak, porque visto desde una perspectiva más amplia, esa "zona" tiene muchos más riesgos que los que merece la defensa de un sector de la población.
Esos riesgos son claros: para empezar, la Casa Blanca y sus aliados europeos carecen de autorización de las Naciones Unidas. Ellos se apoyan en la resolución 688, que ordenó a Irak cesar la represión de su propia gente, pero esa norma no autoriza ningún bloqueo aéreo.
En segundo lugar Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña sostienen que su intención no es provocar la desmembración de Irak en tres partes, kurda en el norte, sunita en el centro y chiita en el sur. Pero desde que se creó la zona de exclusión en el norte, la región ha visto el surgimiento de un país kurdo virtualmente autónomo, cuya influencia podría afectar a los kurdos de Turquía. Si algo semejante pasara el sur al gran beneficiario sería Irán, que podría ver cumplidos sus sueños de un Irak fundamentalista que irradiara su influencia por todo el mundo árabe.
En tercer lugar, la intevención aérea en el sur de Irak no garantiza que Saddam caiga ni que la represión contra los disidentes chiitas se detenga. Saddam muy bien podría seguir su lucha contra los disidentes sin usar aviones, y en ese caso la coalición tendría que comprometer tropas de tierra (con efectos imprevisibles) o resignarse a un ridículo internacional. Para los analistas independientes es claro además que los chiitas (que forman el 55 por ciento de la población de Irak) antes que nada son iraquíes y no están monolíticamente en contra de Hussein. La presencia extranjera podría más bien estimular el nacionalismo y un mayor apoyo para el presidente.
Esos riesgos podrían resultar empequeñecidos ante el efecto indirecto que la dualidad Irak-Bosnia esta produciendo en el mundo musulman. Desde Marruecos hasta Malasia crece la idea de que Occidente no tiene problemas en intervenir militarmente en Irak porque ello favorece sus intereses, pero no lo hace en Bosnia porque precisamente quiere evitar la consolidación de un país europeo mayoritariamente musulman. Por eso no resulta sorpresivo que fueran los países arabes los que propiciaran que la Asamblea General de la ONU aprobara la semana pasada una resolución en que llama al Consejo de Seguridad a intervenir en Bosnia.
El general Armin Pohara, jefe de las fuerzas bosnias, ha admitido ya que entre sus hombres ya hay 180 mujaheidines (luchadores islámicos) provenientes del Medio Oriente, mientras otros informan que a Sarajevo han llegado combatientes de Sudan, Egipto, Arabia Saudita y Kuwait, entre otros. Para estos la de Yugoslavia es una Jihad o guerra santa islamica, en la que los cristianos ortodoxos serbios y los católicos croatas están confabulados para exterminar a sus hermanos bosnios musulmanes. Estos, que son europeos convertidos al Islam en los 400 años de dominación otomana, tienen una actitud mucho más secular y menos fanática. Pero se sienten traicionados por Occidente y ante la perspectiva de convertirse en los palestinos de Europa, no resultaría extraño que abrazaran corrientes islamicas más radicales.
Ante las escasas perspectivas de éxito de las conversaciones de Londres, parece claro que el de Bosnia es un conflicto que va para largo, así la guerra ya este ganada por los serbios. El peor escenario posible sería la polarización del mundo musulman, estimulada por la doble moral que perciben en occidente. Para muchos analistas, eso llevaria a que el superado conflicto ideológico este-oeste fuera reemplazado no por la confrontación norte-sur, planteada en terminos sobre todo económicos, sino por un enfrentamiento religioso-cultural, más pernicioso y reminiscente de un pasado que se creía superado.

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