Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2009/05/30 00:00

Doble o nada

Kim Jong Il aumenta su arriesgada apuesta para que su país sea aceptado a las malas como una potencia nuclear.

La salud de Kim Jong Il se ha deteriorado en el último año y no hay un claro sucesor en el régimen más hermético del mundo

Kim Jong Il, el chantajista nuclear que desafía al mundo, no conoce límites. Romper el armisticio que había dado fin a la guerra de Corea (1950-1953) y amenazar con atacar a su vecino del sur fue la manera como el líder norcoreano remató su preocupante escalada de la semana pasada. Dos días antes, Pyongyang realizó su segunda prueba nuclear subterránea, casi tres años después de haber proclamado la primera. Y ante la condena internacional -a la que incluso se sumó la supuestamente amigable China-, la respuesta fueron nuevas pruebas con misiles de mediano alcance. El "querido líder" del país más hermético del planeta no parece dispuesto a detenerse.

La amenaza bélica se justifica, según Pyongyang, en que Corea del Sur se unió a la Iniciativa de Seguridad contra la Proliferación (PSI, en su sigla en inglés), que pretende interceptar en alta mar cualquier buque sospechoso de transportar armas de destrucción masiva. Lo que para Seúl era una reacción a la amenaza nuclear del vecino, para el norte equivale a una "declaración de guerra". Estados Unidos y Corea del sur no tardaron en poner en estado de máxima alerta a sus tropas en la península coreana.

La situación es alarmante, pero no tan novedosa como podría parecer. Por más de medio siglo, Corea del Norte, aislada del mundo exterior por minas y alambres de púas, ha estado preparada para ir a la guerra de un momento a otro. Los líderes de la única dictadura dinástica en un país comunista (Kim Jong Il sucedió en 1994 a su padre, Kim Il Sung) siempre han dicho que el país está bajo amenaza de invasión. La doctrina nacional, llamada "juche" (autosuficiencia), promueve un sentido de paranoia permanente y, en un lugar donde gran parte de la población depende de la ayuda exterior para alimentarse, priorizar los fondos para el Ejército.

Corea del Norte es difícil de entender, en gran parte, como explicó a SEMANA Nicholas Eberstadt, experto del American Enterprise Institute, porque suele recurrir al "engaño estratégico". Lo cierto es que, más allá de los avances y los retrocesos de los últimos años en las conversaciones a seis bandas (en las que participan Estados Unidos, China, Japón, Corea del Sur y Rusia), Pyongyang ha tenido una estrategia nuclear durante las últimas dos décadas, orientada a desarrollar un arsenal y a que la comunidad internacional se acostumbre a la idea. Tomar en serio esa estrategia, asegura Eberstadt, requiere que Washington y sus aliados reconozcan desagradables realidades, como el hecho de que no desea reconciliarse con el sur, ni ningún tipo de reforma o apertura al estilo chino.

"El Estado norcoreano es revisionista, un régimen profundamente insatisfecho con la actual configuración del tablero internacional y fundamentalmente comprometido a transformarlo", asegura el experto. "El gobierno norcoreano tiene objeciones fundamentales a la predominancia de una economía mundial 'imperialista', al estado 'marioneta' ocupando la mitad sur de su península y a la arquitectura de seguridad estadounidense que permite esa atrocidad continuar. La opción nuclear es para Corea del Norte la mejor -y quizás la única- esperanza de perseguir exitosamente cualquiera de sus impresionantes objetivos revisionistas" .

A eso se suma la incertidumbre sobre el futuro de Kim Jong Il. El "querido líder" sufrió un ataque hace menos de un año y su salud aparentemente está muy deteriorada después de una vida de excesos. El actual líder duró décadas preparando el terreno para suceder a su padre, mientras hoy no es claro quién lo reemplazaría, pues aunque la historia sugiere una sucesión dinástica, ninguno de sus hijos ha sido ungido. "La siguiente sucesión podría ser más delicada", apuntaba The Economist. "Eso puede explicar porque el volumen patriotero está aumentando, para mostrar que Mr. Kim tiene apoyo del Ejército para sus planes. A su vez, los comandantes de alto rango disfrutarán el prestigio nuclear".

El dolor de cabeza en que se ha convertido el programa nuclear norcoreano, y la posibilidad de que venda su tecnología a otros países como lo ha hecho en el pasado, sigue como una amenaza latente que el mundo no ha podido contener ni con sanciones ni con dádivas.

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