Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2005/10/02 00:00

Doble rasero

Indignación en San Juan por la forma como murió el independentista Filiberto Ojeda a manos del FBI. Mientras tanto, el terrorista Luis Posada Carriles es protegido

Miles de puertorriqueños asistieron al entierro de Filiberto Ojeda. La indignación llegó al punto de quemar banderas estadounidenses y gritar consignas en contra del estatus de la isla como Estado Libre Asociado.

Dos septuagenarios caribeños corrieron, con pocos días de diferencia, destinos contrapuestos. En Puerto Rico, el independentista Filiberto Ojeda Ríos resultó muerto en un ataque del FBI. En El Paso, Estados Unidos, el cubano anticastrista Luis Posada Carriles recibió la buena noticia de que no será enviado a Venezuela, donde se le requiere en extradición.

Ojeda murió perseguido por haber robado 7,2 millones de dólares de la West Fargo en Connecticut, en 1983. Y porque el grupo que fundó, el Ejército Popular Boricua-Macheteros, perpetró en 1979 un ataque que causó la muerte de dos marinos norteamericanos, y otro en el que destruyó en tierra 11 aviones militares de ese país. En cambio, Luis Posada Carriles aún debe responder, entre muchos otros actos perpetrados a lo largo de décadas, por la voladura de un avión cubano de pasajeros con 73 personas a bordo en 1976.

La gran diferencia es que Ojeda Ríos, de 72 años, quien luchó toda su vida contra el dominio norteamericano en su patria, era caracterizado por Washington como terrorista. Mientras tanto, Posada Carriles, de 77, quien fue agente de la CIA contra Fidel Castro y, según él, merece el carácter de refugiado porque lo que hizo fue "defender los intereses de Estados Unidos", goza de la protección del sistema judicial norteamericano. El juez argumenta que el probado terrorista podría ser torturado en Venezuela.

Los Macheteros llevaban lustros inactivos, pero su bandera ondeó el martes en el capitolio de San Juan. Varios jóvenes decidieron izarla para protestar porque el gobernador, Aníbal Acevedo Milá, se negó a decretar el luto nacional por la muerte de Ojeda Ríos. Al estilo Robin Hood, Ojeda repartió parte del botín de la Wells Fargo entre los pobres y usó el resto para financiar su lucha. Estuvo bajo arresto de 1985 a 1988, cuando obtuvo libertad bajo fianza, y era uno de los fugitivos más buscados desde cuando, en 1990, se despojó del grillete electrónico que lo monitoreaba.

El movimiento independentista es minoritario y el estatus de Estado Libre Asociado tiene el respaldo de las urnas. Pero Ojeda se había convertido en una figura entre legendaria y pintoresca, con su juego del gato y el ratón con el FBI. Por eso, aunque la mayoría no comulga con la lucha armada, los puertorriqueños se indignaron cuando supieron cómo murió. Afirman que el FBI nunca quiso capturarlo cuando lo descubrió viviendo como un campesino en una cabaña cerca del pueblo de Hormigueros. Más de 200 agentes y varios francotiradores rodeaban el lugar. Según los oficiales, Ojeda disparó al ser requerido, pero su mujer, Elma Beatriz Rosado, dice lo contrario. Sostiene que su marido pidió garantías para ella, por lo que salió y fue arrestada, y gritó que estaba dispuesto a entregarse. Pero, tras un breve tiroteo el fugitivo se silenció.

El FBI acordonó la zona y sólo permitió la entrada de los vecinos y la prensa a la tarde siguiente, cuando encontraron al hombre desangrado, muerto tras una larga y dolorosa agonía. Luego se sabría que sólo lo alcanzó un disparo que no era necesariamente mortal. Luis Fraticelli, jefe del FBI en Puerto Rico, dijo que esperaron para confirmar que la casa no estuviera llena de explosivos, a pesar de que era un anciano y los Macheteros llevaban años inactivos. Para rematar, el FBI escogió cercarlo el día del Grito de Lares, considerado símbolo del independentismo. "El incidente fue considerado un abuso de poder. Muchos lo califican como asesinato. Es una expresión de prepotencia típica del FBI y una provocación no sólo al movimiento independentista, sino a todo Puerto Rico", dijo a SEMANA Julio Fontanet, presidente del Colegio de Abogados de la isla. El asunto levantó tal rechazo, que el gobernador se vio obligado a pedir una investigación independiente, y el director del FBI, Robert Mueller, accedió.

Casi simultáneamente y en otro lugar, un juez en Estados Unidos rechazaba la extradición a Venezuela de Posada Carriles, que había entrado ilegalmente al país y solicitado asilo político. La decisión causó indignación en Caracas y en La Habana, pues sobre Posada pesan evidencias de sus actos criminales. Muchos analistas sostienen que podría revelar hasta qué punto el director de la CIA de entonces, George Bush padre, estaba al tanto de la ola de terrorismo anticomunista de los 60 y 70.

Ojeda nunca atacó objetivos civiles y llevaba lustros 'retirado', pero las acciones de Posada cobraron decenas de víctimas inocentes hasta hace poco. Participó en una serie de atentados contra turistas en La Habana en los 90 y fue arrestado en Panamá, cuando planeaba asesinar con una bomba a Fidel Castro mientras se dirigía a centenares de estudiantes durante la Cumbre Iberoamericana de 2002. "El gobierno de Estados Unidos tiene dos estándares: El que aplica a sí mismo y el que aplica al resto del mundo. El contraste entre Ojeda Ríos y Posada Carriles lo demuestra", asegura Fontanet. La lucha global contra el terrorismo parece naufragar en la retórica cuando los terroristas se dividen entre buenos y malos.

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