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| 1/21/2017 12:00:00 AM

Trump, el magnate con rabo de paja

Muchos se preguntan si los negocios de Donald Trump en el extranjero le pasarán cuenta de cobro en un eventual juicio político, o si, por el contrario, el magnate quedará impune y acrecentará su fortuna y las de sus aliados gracias a su posición en la Casa Blanca. La segunda opción parece más probable.

Durante uno de los discursos de su campaña, Donald Trump afirmó que los políticos estadounidenses “han ejecutado agresivamente una política de globalización, llevándose nuestros trabajos, nuestra riqueza y nuestras fábricas a México y al extranjero”.

Sin embargo, los proyectos de la Trump Organization, desde un exótico spa en los Emiratos Árabes, pasando por hoteles en Indonesia, lujosos complejos inmobiliarios en India y campos de golf en la costa de Escocia, muestran que los negocios del nuevo presidente de Estados Unidos son todo menos estadounidenses. Aunque Trump ha amenazado con imponer altos impuestos a los bienes que las empresas produzcan en el extranjero, él mismo tiene negocios en al menos 25 países del mundo a través de 150 divisiones de su compañía.

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Las actividades de la Trump Organization se dividen en cuatro frentes principales, la construcción, la hotelería, los campos de golf y la concesión de contratos a compañías externas, que le pagan para usar la marca Trump en diversos productos. Sin embargo, el magnate no es particularmente exigente a la hora de elegir a sus socios, por lo que muchas de sus operaciones le han ganado aliados y enemigos controversiales, que rara vez coinciden con los intereses de su país. Por ejemplo, mientras que Trump ha dicho que Estados Unidos debe dejar de importar petróleo de Arabia Saudita para reducir su dependencia energética, durante su campaña presidencial abrió ocho nuevas compañías de construcción de bienes raíces de lujo en territorio saudí, según el diario The Wall Street Journal.

Además, también construyó un spa, un club de golf, y un complejo de casas de lujo en Dubái en asociación con el empresario Hussain Sajwani, quien ha dicho que espera concretar más tratos con su organización mientras que él está en la Casa Blanca. Siguiendo con las incoherencias, el magnate ha acusado a China de devaluar su moneda y de inventar el concepto de cambio climático para hacer que la producción estadounidense sea menos competitiva.

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Sin embargo, en el plano de los negocios, Trump parece tener una relación mucho más amigable con este país, ya que el Banco Industrial y Comercial, de propiedad del Estado chino, es el mayor arrendatario de la Trump Tower en Nueva York. Además, la Trump Organization tiene al menos nueve compañías con sede en el gigante asiático, y cientos de los productos de sus líneas de ropa, cristalería, perfumes, gafas, etcétera, son fabricados en China.

Escándalos de talla mundial

Más allá de la hipocresía, los negocios de Trump ya han causado escándalos políticos a lo largo y ancho del planeta. El polémico presidente filipino, Rodrigo Duterte, acusado de múltiples violaciones a los derechos humanos, nombró como enviado especial en Estados Unidos a Jose Antonio, un viejo socio de negocios de Trump, con el que construyó una torre residencial de 150 millones de dólares en la ciudad de Makati. Además, después de que Trump propuso vetar temporalmente la entrada de musulmanes a Estados Unidos, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, anunció que no le permitiría usar su nombre en la torre que estaba construyendo en Estambul. Sin embargo, después de recibir un espaldarazo del magnate tras el intento de golpe de Estado en Turquía en julio del año pasado, Erdogan se retractó y defendió a Trump en una conferencia de prensa.

En América Latina, se dice que en su primera llamada como presidente electo con el mandatario argentino, Mauricio Macri, discutió la construcción de la Trump Tower en Buenos Aires. La presencia injustificada de Ivanka Trump en una reunión entre su padre y el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, causó revuelo, pues la hija mayor del magnate pretende cerrar un trato con Sanei International, una empresa cuyo principal accionario es el Estado japonés. En casa, Trump generó controversia con la escogencia de su gabinete -el más rico de la historia de Estados Unidos-. Ya varios millonarios que ocuparán puestos en el gobierno han tenido que separarse de sus negocios, previo a las audiencias frente al Senado que los autorizan para asumir sus cargos.

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¿Se saldrá con la suya?

Trump ha dicho que su imagen como un hombre de negocios exitoso es uno de los factores que contribuyeron a su éxito con los votantes, por lo que sus proyectos comerciales tienen “sin cuidado” al pueblo estadounidense. Sin embargo, tal como lo expresó a SEMANA Richard Bush, experto en relaciones estadounidenses con China, “la mayoría de organizaciones estadounidenses trabajan muy duro para asegurarse de no tener conflictos de interés o siquiera la apariencia de un conflicto de influencia. Cuando el presidente de Estados Unidos parece no preocuparse por tales asuntos, ello puede tener un efecto perjudicial para toda la sociedad”.

Aunque ninguna ley obliga a Trump a vender sus bienes o a ubicarlos en un fideicomiso, si sus negocios aceptan dinero o cualquier elemento de valor por parte de gobiernos extranjeros o entidades que pertenezcan a otros países violaría la ley y la Cláusula de Honorarios de la Constitución estadounidense. Dado el número de transacciones empresariales de las compañías de Trump alrededor del mundo, los comités de supervisión y ética han puesto el grito en el cielo.

A su vez, el abogado del difunto expresidente Richard Nixon, John Dean, advierte que la de Trump será la administración más corrupta de la historia de Estados Unidos. Ante la preocupación de expertos constitucionalistas y entidades de control, el interrogante de si Trump usará su Presidencia para llenarse los bolsillos es uno de los grandes dolores de cabeza que enfrentará su gobierno. La cuestión es que este dolor de cabeza será molesto, pero no fatal. Si bien sus conflictos de interés representan una de las vías más claras para iniciar un proceso de destitución contra Trump, las posibilidades de que este sea exitoso son muy escasas, según dijo la doctora Jennifer Hudson, de la University College London, al periódico The Independent.

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Trump y los suyos lo saben. Su consejera en jefe, Kellyanne Conway, aseguró a la prensa que Trump “tiene muchos abogados, contadores y consejeros que le dicen lo que debe hacer y lo que no puede hacer”, por lo que aparentemente su libreto para proteger sus negocios sigue siendo más elaborado que sus planes de gobierno. A través de su abogada, el magnate informó que seguirá siendo el dueño de su empresa, pero que dejará la Organización Trump en manos de sus dos hijos, Donald Jr. y Eric. Este plan para zanjar los múltiples conflictos de interés que ya permean su gobierno es poco convincente, pero difícil de tumbar judicialmente.

En efecto, Trump “ha dicho que no discutirá sobre sus negocios con sus hijos, pero eso es muy difícil de monitorear y de hacer cumplir. Además, mientras que siga siendo el dueño de su compañía, lo que es bueno para sus hijos, será bueno para él”, dijo a SEMANA el profesor de Políticas Públicas de la Universidad de Maryland, Donald Kettl. “Nunca hemos visto una Presidencia como esta. Todo, desde sus negocios hasta sus tuits, rompe las viejas reglas. Estamos en un terreno inexplorado”, agregó el académico. 

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