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| 6/7/1982 12:00:00 AM

"DON'T CRY FOR ME, ARGENTINA"

Lo que parecía una guerra de opereta es ya un conflicto dramático. Nuestro corresponsal, José Fajardo, desde el lugar de los hechos, cuenta las terribles horas vividas por las familias de los marinos que se hallaban a bordo...

La pintoresea "guerrita" del Atlántico Sur va camino de convertirse en una auténtia crisis internacional, con profundas consecuencias en el equilibrio de fuerzas mundial y provocando un cataclismo en el sistema de alianzas interamericano.
La escalada bélica favoreció totalmente al principio a Gran Bretaña, que capturó un submarino, averió una lancha patrullera, hundió otra y destruyó dos o tres aviones argentinos.
La flota y la aviación bombardearon casi impunemente los aeropuertos de Malvinas. Para entonces contaban con el apoyo solidario del Mercado Común y, en un giro espectacular, de los Estados Unidos, que comprometió su inmenso poderío para sustentar logísticamente a la flota expedicionaria en el Sur.
Asi las cosas, sobrevino el hundimiento del crucero "General Belgrano", torpeado fuera de la zona de exclusión marítima trazada por los mismos ingleses, produciendo dos fenómenos simultáneos: la toma de conciencia internacional de que el conflicto tomaba dimensiones desproporcionadas, y el comienzo de la reticencia de los aliados europeos. En la reunión del Mercado Común plantearon sus objeciones Italia, Francia, Alemania, Dinamarca y Holanda. Con la tragedia del "general Belgrano" conmoviendo al mundo, Inglaterra aparecía como desorbitando su próposito de hacer un uso moderado de su fuerza.
Estados Unidos también hizo sentir sus quejas: el conflicto escalando sin control sólo puede favorecer a los soviéticos. Se abrió paso entonces a una fuerte presión para que la diplomacia hiciera oír su voz en el marco de las Naciones Unidas. España, firmemente alineada con Argentina, apoyó a Irlanda, que abandonó el bloqueo económico contra Buenos Aires y pidió urgente reunión del consejo de Seguridad que ordene el cese del fuego.
En esos dramáticos momentos un avión argentino atraviesa, sin ser detectado, la formidable barrera electrónica que protege a la flota británica y hunde el destructor "Sheffield", una de las lanchas lanzamisiles más modernas de la Royal Navy. Al mismo tiempo, cae derribado un avión Sea Harrier que atacaba a las Malvinas. Treinta o más jóvenes marineros y un piloto, muertos, decenas de heridos horriblemente quemados.
Y del otro bando, muertos y heridos también por centenares.
Para Gran Bretaña es la hora de la verdad: sus fuerzas no son impunes y cuando el almirante de la flota declaró que la toma de las Malvinas iba a ser un paseo, puso en evidencia una arrogancia imperial que irrita; aunque no tanto como la siniestra fama de sus adversarios, la junta militar argentina.
Con las relaciones interamericanas en ruinas, los europeos con pocas ganas de seguir en su apoyo incondicional a Gran Bretaña y dos países supuestamente "occidentales y cristianos" despedazándose, la guerra de las Malvinas toma el curso de todos los enfrentamientos bélicos: la violencia irracional desproporcionada a los motivos que originaron el conflicto.
Es una casa humilde y aislada, ubicada en la calle Buenos Aires, que a pesar de su pomposo nombre jamás conoció los adoquines o el asfalto, enclavada en un suburbio pobre de Punta Alta, ciudad cercana a Puerto Belgrano, principal base naval argentina. Antes de llamar a la puerta, las luces se encienden y aparece en el dintel la figura dramática de una mujer joven, 31 años, delgada, rubia, embarazada y con el rostro de quien lloró por horas hasta secar su reserva de lágrimas. Se llama Margarita Narváez y, sin dejar de hablar, grita emocionada: "El está en la lista. ¡Está en la lista!
Margarita expresa así su alegría al saber que su esposo Omar Narváez, uno de los 1.042 hombres que estaban a bordo del crucero argentino "General Belgrano" ha sido rescatado con vida. Ignora todavía si está o no herido, pero eso no le importa ahora, lo importante para ella es saber que "mi Omar no es uno de las centenas de cadáveres que se han tragado las heladas aguas del Atlántico Sur".
Está en la lista es hoy la frase más cara a las madres y esposas argentinas (y lo comenzará a ser para las británicas también) después de que el conflicto en torno al archipélago de las Malvinas dejó de ser una guerra de opereta, unas caras e imponentes maniobras militares, y se transformó en una guerra de verdad a partir del domingo 2 de mayo, cuando se cumplía exactamente un mes de la invasión de las tropas argentinas a las islas Falkland para recuperarlas por la fuerza del dominio británico e incorporarlas a su territorio con el nombre que, durante siglo y medio, ha sido una daga clavada en el corazón de los patriotas argentinos: islas Malvinas.

LOS CADAVERES DEL "GENERAL BELGRANO"
En este trágico domingo de Mayo fueron archivados a torpedazos los esfuerzos diplomáticos y las aventureras escaramuzas de los cinematográficos comandos ingleses y comenzó la verdadera y cruel batalla de las Malvinas, que enlutó de golpe a centenares de hogares argentinos.
Cuando en la increíblemente amplia sala de sonar del "Conqueror" ubicada en las entrañas mismas del supermoderno y temible submarino británico, fue captada la primera y discreta señal de alarma, faltaban pocos minutos para la materialización del mayor drama naval desde que acabó la segunda guerra mundial, y el mundo comenzó a rezar para que el episodio no se transformara en el chispazo de la tercera. La señal fue asimilada de inmediato por los grupos de especialistas que hacen guardia permanentemente ante la serie de pantallas que ocupa una de las paredes de la espaciosa sala, y que están conectadas a microcomputadoras que recogen los sonidos percibidos por los "oídos" del submarino: los millares de equipos de sonar instalados en torno de su casco.
Programadas para olvidarse de los ruidos no originados por navíos esas computadoras sofisticadas captan sonidos en el agua hasta a más de 75 kilómetros y los convierten en una "rúbrica", una señal luminosa verde en una de las pantallas que identifica al navío localizado. Este sonar "tipo 2020" va más allá de decir qué clase de navío produce el ruido: dicta su curso y la velocidad a que se desplaza. Terminada la operación, se determina la posición del blanco elegido y el "Conqueror" se transforma en el temible e infalible cazador, lanzando sus torpedos "Tigerfish" (Tigre marino), teleguiados por un sistema de control a distancia que funciona en dos etapas...
En este dramático domingo de mayo su víctima fue el crucero argentino "General Belgrano", que mortalmente herido por el implacable cazador submarino, se hundió en las heladas aguas del Atlántico Sur, arrastrando con él a decenas y decenas de los 1.042 hombres que llevaba, algunos casi niños apenas con 16 años cumplidos, y dejó a los restantes enfrentados en frágiles lanchas a la furia de un océano gélido fustigado por vientos hasta de 130 kilómetros por hora que levantan asustadoras olas de más de 13 metros de altura.
A pesar de este ambiente hostil, los militares argentinos consiguieron recuperar a casi 800 de los hombres del "General Belgrano". Son los afortunados, como el esposo de Margarita Nárvaez. Los otros han pasado a aumentar la lista de desaparecidos que, por otros motivos, es tan pródiga bajo la dictadura militar argentina.
Los centenares de cadáveres, la cifra exacta ni se sabe ni importa, que flotan en las frías aguas australes de América o que ya fueron devorados por el océano o sus habitantes, son un fuerte aviso a todos de que una guerra no se hace impunemente y que, con las sofisticadas armas modernas, hasta el que triunfa resulta perdedor.

DE PEARL HARBOR A LAS MALVINAS: SIEMPRE POR SORPRESA
El crucero "General Belgrano" se ha convertido así en el primer navío de guerra hundido desde que se acabó el último conflicto mundial, en el que este navío, con su original nombre de "Phoenix", jugó un papel heróico en el Indico y el Pacífico, siendo uno de los escasos que escaparon el 7 de diciembre de 1941 del sorpresivo ataque japonés a Pearl Harbor, que acabó con casi toda la flota norteamericana del Pacífico.
Poco después, se convertiría en el primer crucero que consiguió vencer a un acorazado, cuando durante el desembarco aliado en las islas Filipinas hundió en sólo 27 minutos al poderoso acorazado japonés "Fuso".
Reparados los graves daños sufridos, el "Phoenix" fue vendido a la Argentina, quedando el 3 de julio de 1946 incorporado a su marina de guerra con el nombre del "17 de octubre". Resaltaba por sus imponentes 182 metros de largo, 18.5 de ancho, 6 metros de calado y capacidad para transportar mil hombres protegidos por poderoso armamento.
En 1965 el crucero entro en la historia argentina al servir de escenario a la reunión entre los militares que apoyaban al general presidente Juan Perón y los que querían derribarlo, y, triunfadores éstos, el navío perdió su nombre, que recordaba la fecha de la revolución de los descamisados que llevó al poder a Perón en 1945, y fue rebautizado como "General Belgrano".
Había escapado al primer ataque por sorpresa, en Pearl Harbor, pero sucúmbió 41 años después ante la sorpresiva embestida de otro imperio, el británico.


"TENEMOS QUE MATARLOS A TODOS"
El hundimiento abrupto del "General Belgrano" y su dramático saldo ha indignado hasta a los aliados ingleses como Irlanda. Ha merecido la protesta inclusive del Partido Laborista Inglés, y sobre todo, ha causado estupor, indignación y preocupación a los argentinos quienes lo tachan de un "acto de cobardía" de "piratas sanguinarios".
Mientras un voluntario hace filas para alistarse en la guerra y dice que "sin el apoyo de Estados Unidos, los ingleses no se hubieran atrevido a realizar esos ataques", recogiendo así el sentimiento antiyanqui que aumenta en Argentina y América Latina, un taxista porteño resume el sentir popular hacia los súbditos de Isabel y Margaret, al gritar: "Ahora... tenemos que matarlos a todos ellos".
La reacción argentina no se hizo esperar, y este martes 4 de mayo se le atragantaron las bravatas al almirante británico Sandy Woodward e Inglaterra entera lloró al saber que, mientras sus aviones seguían bombardeando los aeropuertos del archipiélago disputado, un caza "Superstandard" que Argentina compró a Francia por 10 millones de dólares, había entrado en combate lanzando un certero misil francés "AM-39 Exoted" que alcanzó y hundió al destructor británico "Sheffield", sumando a las pérdidas de la corona otros 200 millones de dólares y, lo que es más grave, matando a por lo menos 30 oficiales y marineros de sus 280 tripulantes.
La guerra comienza a marcar así, con su dramática zarpa, a uno y otro lado. Si en Argentina el naufragio del "General Belgrano" llevó a los argentinos a enfrentarse a la cruda realidad de la guerra y acabó de golpe con la gran verbena que vivía hasta la víspera de los crueles combates, en Inglaterra causó consternación la noticia del hundimiento de uno de sus navíos más modernos inaugurado en 1975, y acabó con el generalizado clima de invencibilidad originado por las declaraciones optimistas de sus militares y políticos de que recuperarían las Falkland con un simple paseo de su poderosa flota.

GALTIERI SE EQUIVOCO DE PARAGUAS
No por patriotismo, sino por disfrazar y aplazar los problemas internos, la dictadura militar argentina acabó con la inocua lucha diplomática el pasado 2 de abril, cuando sus tropas ocuparon militarmente el archipiélago. La reacción británica fue enviar una poderosa flota y así terminó planteándose una batalla en la que, animados por las solidaridades recibidas, los contendientes se entusiasmaron y han llegado a una guerra seria que muy pocos esperaban .
Buscando tapar con las recuperadas islas el problema de los desaparecidos políticos, el general presidente Leopoldo Galtieri, quien venía flirteando con el populismo desde hace algún tiempo, encontró de repente la "gloria del caudillo" cuando salió ese mismo 2 de abril a los balcones de la Casa Rosada y se vio ante una muchedumbre realmente entusiasmada e inflamada de furia patriótica que colmaba la Plaza de Mayo como en los mejores tiempos del país.
Es posible que ese éxito lo llevara una semana después, el sábado 10, al mismo balcón para hablar a una multitud todavía mayor. Galtieri llegó a saludar con las dos manos en alto, al mejor estilo del caudillo Perón. Pero en medio de su mayor gloria recibió una dura advertencia del pueblo argentino, porque al dejar de hablar de Inglaterra y tener la osadía de definirse como representante de la voluntad popular, fue ruidosamente abucheado y silbado e hizo que muchos argentinos exclamaran indignados "Pero quién se piensa que es, che? No fuimos a la Plaza de Mayo por Galtieri sino por las Malvinas".
Frente a Estados Unidos, Galtieri cometió otro un gran error. Desde hace algún tiempo, el general Miguel Mallea Gil, agregado militar y verdadero embajador en Washington, venía queriendo venderles a los generales-presidentes argentinos la teoría del "paraguas", que consistía en colocar a Argentina bajo el "paraguas" de Estados Unidos, de modo casi incondicional, sirviendo a los intereses diplomáticos de Washington enviando tropas a América Central o al Sinaí y recibiendo, a cambio, una "colaboración especial" del gobierno norteamericano.
Viola contestó que "el lugar de un soldado argentino es en la Argentina", y rechazó el plan antes que el golpe de Galtieri, al que mucho colaboró Mallea Gil, lo derribara. Galtieri incorporó desde enero a su política exterior la teoría del "paraguas": militares argentinos colaboraron clandestinamente en América Central con los diplomáticos norteamericanos y la dictadura comenzó a esperar la "colaboración especial".
Ya los generales argentinos habían madurado la idea de ocupar las Malvinas con el visto bueno de Washington, según denunció en "La Prensa" de Buenos Aires el columnista Iglesias Rouco, estrechamente vinculado a la Marina. Reproducida la acusación por un periódico de Saint Louis, fue negada por el Departamento de Estado, sin que la embajada de USA en Argentina se pronunciara al respecto.
Sin hacer caso a otra cosa que no fueran las señales enviadas desde Washington por el general Mallea Gil, Galtieri se embarcó en esta aventura bélica y terminó enfrentándose con sorpresa a la negativa actitud norteamericana, para entonces sólo datse cuenta de que la "colaboración especial" se refería más a créditos adicionales para salvar al país de su desastre económica.
Como se comenta en los altos círculos políticos porteños, las de Mallea Gil fueron "señales de humo equivocadas" y ese humo esta ahora sofocando a los generales argentinos que se agarraron del paraguas que no era.
Por eso, y a pesar del aparente empate militar, no han dismuido los esfuerzos argentinos en busca de un "alto al fuego" que ponga fin a la insensata tenaza que se registra en el Atlántico Sur.

DESINFORMADOS COMO NACION OCUPADA
En la guerra interna de desinformación grabada por los generales argentinos todo vale. Y no se trata al pueblo con las restricciones propias de una nación en guerra sino "con las que se daríán a una nación ocupada, que solo puede saber lo que se quiere que se sepa, y en la que se excita el odio extranjero para disfrasar la inepcia del propio régimen" como editorializa Jornal do Brasil en una larga exhortación a la paz en la región y condena a "los dictadores que tienen el hábito antiguo de sacrificar vidas humanas en el 'altar de la patria' y sólo no sacrifican la propia obstinación".
Por esa desinformación interna fueron los argentinos los únicos en el mundo que ignoraban que Georgia del Sur ya estaba de nuevo en poder de los británicos y que los "comandos de élite" de la Marina argentina que "resistían bravamente" al sedio "de las fuerzas británicas superiores" apenas lo hacían en los comunicados oficiales del régimen y no en el gélido y montañoso escenario de aquella isla.
En esa guerra de la propaganda han jugado un papel primordial la radio y la televisión. Cada cinco minutos, desde la invasión, suena en ellas con estridencia el himno de las "Malvinas Argentinas": "Tras un manto de neblina no las vamos a olvidar las Malvinas argentinas brama el viento ruge el mar y aquellos horizontes nuestras insignias han de arrancar pues tu blanco está en los montes y tu azul tiñe la mar".
En la TV, además, una frase aparece permanentemente al pie de la pantalla: "Espíritu de lucha y fe en la victoria", mientras películas de propaganda muestran a soldados en operaciones navales o en breves entrevistas en que juran "morir por la patria".
Desde que derrocaron a Isabelita Perón en 1976, los militares argentinos se apoderaron de los siguientes canales de televisión: el 7 lo controla el ejército, el 9 la junta militar directamente, el 11 la fuerza aérea y el 13 la marina. Así pueden orquestar las campañas con tranquilidad, como la emprendida contra Colombia cuando se abstuvo de votar en la OEA a favor de la propuesta Argentina y en la que aparecieron en las pantallas locutores y reporteros hablando de "la mancha de traición en América Latina "y exaltando la unidad y el apoyo incontestable de los hermanos del continente", entre los cuales reservaban a Colombia el papel de "Caín".
Después, los reporteros convocarían a todas "las abuelitas, madres y tías" para que tejieran prendas de abrigo para los soldados, y hasta algunos de ellos, sin pertenecer a las categorías reclamadas, donó escandalosamente ante la pantalla su propia bufanda.
Para manejar la situación a su antojo, la junta militar limitó al máximo la labor de los casi 600 periodistas extranjeros que dan cobertura al conflicto y suspendió el funcionamiento de las estaciones de radio de la Patagonia y la actuación de los radioaficionados. También están prohibidas las informaciones que "contradigan la información oficial", o las que duden de la soberanía argentina sobre las Malvinas o exalten de alguna manera a la Gran Bretraña. El resultado es un sentimiento de hostilidad que sienten los 17.000 británicos aquí radicados, mil de los cuales ya prepararon los documentos para salir de Argentina antes de ser víctimas de la xenofobia que denominan "síndrome de Teherán", recordando el largo cautiverio de los norteamericanos allá. Y son precisamente los norteamericanos el nuevo blanco de esa campaña bajo la consigna de "yankee go home" que ha llevado a sus funcionarios diplomáticos a empacar lo que tienen que llevarse y quemar los documentos comprometedores.

LA OPOSICION AL ATAQUE
La aventura guerrera en las Malvinas ha dado oportunidad e impunidad a la oposición al régimen militar, como ni siquiera se podía soñar horas antes del desembarco.
En las manifestaciones de la Plaza de Mayo vuelven a sonar los tambores peronistas, por largo tiempo silenciados, y los gritos de "Estos son, estos son, los soldados de Perón". Y eran los mismísimos Montoneros salidos de la clandestinidad los que gritaban, la misma extrema izquieda del peronismo, a la que la dictadura intentó exterminar. Y junto a ellos, otro símbolo prohibido: el retrato de la expresidente Isabelita Perón, alzado bien alto por la juventud peronista frente a la Casa Rosada de la que la expulsaron los generales golpistas.

"MI PUNTO DE VISTA SOBRE LAS MALVINAS"
SEMANA: El 2 de abril las tropas del general Galtieri ocuparon las Malvinas. ¿Cuál fue su primera reacción?
JC: "Negativa, contrariamente a la reacción popular y populista que hubo en Argentina. ¿Por qué? No por el hecho mismo de que las fuerzas armadas ocuparan las Malvinas, porque parece ser un hecho ampliamente reconocido que la Argentina tiene derechos".
Mi reacción negativa vino de que esa operación hubiera sido hecha no por una decisión auténticamente popular, sino por una junta militar culpable de haber oprimido -a lo largo de años y a través de diferentes generales- al pueblo argentino".
"Mi primer análisis -que luego descubrí que coincidía con el de muchas otras personas- se basó en la convicción de que mas que un verdadero acto de auténtica defensa de nuestra soberanía, se trata de una maniobra de diversión, de una verdadera cortina de humo para tratar de disimular, ante 22 millones de argentinos, la situación catastrófica en la que se encuertra el país con las consecuencias de muchos años de esa escalada de prisiones, asesinatos, torturas y desapariciones y con la ruina de la economía. La junta daba así claramente la impresión de encontrarse en un callejón sin salida. Las Malvinas facilitaban un apoyo para poner la mano y salir del agua en la que la Junta se estaba hudiendo.
SEMANA: Hay sin embargo, la reivindicación de la soberanía...
JC: "Toda reivindicación de una soberanía me parece necesaria, máxime en América Latina, cuyos países han sido tantas veces despojados de lo que era de ellos. La reivindicación argentina me parece justa".
"Lo que me pareció y me sigue pareciendo falso es que sea esa Junta Militar quien lleve a cabo la operación".
SEMANA: ¿Cómo explica usted la unanimidad nacional que parece haberse creado en torno a la 'recuperación' de las Malvinas?
JC: "No viviendo en Argentina le puedo contestar unicamente en términos generales. Es evidente que la noción y el sentimiento de que las Malvinas son argentinas pesa profundamente. Yo pertenezco a una generación que ya en la escuela primaria recibía de sus maestros esa idea precisa: que los ingleses poseían sin derecho esas islas y que se negaban a toda negociación como, efectivamente, lo han hecho durante largos años".
"Yo comprendo, pues, muy bien la reacción del pueblo argentino. En este momento hay, por encima de su oposición a la Junta, la alegría de sentir que ese pedazo de tierra vuelve a hacer parte de la superficie del país".
SEMANA: ¿Con o sin las Malvinas la Junta saldrá, según usted, debilitada?
JC. "No hay que olvidar que hace algunos días hubo una gran manifestación en la que una parte del pueblo argentino, reunido en la Plaza de Mayo, le significó al general Galtieri que las Malvinas son argentinas pero el pueblo es peronista, entendiendo por peronismo la oposición al régimen militar, a tal punto que Gaitieri no apareció en el balcón".
"El ejército apoyado en la medida en que ha reconquistado las Malvinas. Pero yo tengo la impresión de que el pueblo sigue distinguiendo entre las dos cosas. En este momento sostiene al ejercito porque cada familia argentina tiene un muchacho que está peleando o muriendo en las Malvinas. Eso se puede comprender y se tiene que apoyar. Pero, por otro lado, yo no creo que la lucidez política haya sufrido ningún menoscabo".
"Agrego esto como una profecía y como un deseo. La Junta lo va a saber antes de mucho tiempo".

"SI TUVIERAMOS LA BOMBA"
Muchos argentinos sueñan en estos días con la bomba atómica. "Si la tuvieramos -dijo una profesora de 70 años- la flota inglesa no hubiera iniciado sus correrías por el Atlántico".
Pero si los argentinos aún no la tienen, sí están en camino de tenerla. Desde 1977, en Atucha funciona la que fue la primera central nuclear en América Latina y un año después el gobierno argentino decidió la instalación de cuatro centrales nucleares más, de una potencia del orden de 600 MWE, con reactores de uranio natural y agua pesada.
Las autoridades del país han reiterado que la energía nuclear Argentina está destinada a usos pacíficos, como alumbrado público y energía industrial. Pero los norteamericanos aducen que la intención real del gobierno argentino es la acumulación de plutonio para la producción de la bomba, cosa que según las mismas fuentes podría ser una realidad a fines de este año.
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