Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/05/30 00:00

Dos días que cambiaron al mundo

Hace 20 años, la revuelta de Tiananmen en China, y la caída del general Wojciech Jaruszelski en Polonia, presagiaron la caída del comunismo y el fin de la Guerra Fría.

Zhao Ziyang, secretario general del Partido Comunista Chino, se opuso a la represión y fue destituido. Se acaban de publicar sus memorias

Pasó hace 20 años. "EL hecho de que hubo un momento -en mayo de 1989- en que el gobierno de China fue derrocado en su real carácter de autoridad, pasará a formar parte de la historia". Con estas palabras, el periódico The New York Times del 25 de mayo de 1989 se refería a los acontecimientos de la Plaza Tiananmen.

Durante siete semanas, desde el 14 de abril hasta el 4 de junio, día en que se desató la represión, cerca de 100 millones de chinos protagonizaron lo que una periodista llamó "el mayor movimiento pacífico por la democracia en la historia de la humanidad", y puso de rodillas al régimen del país más poblado de la Tierra.

La onda sísmica de Tiananmen recorrió miles de kilómetros. Ese mismo 4 de junio, en Polonia, por primera vez un régimen comunista caía derrotado en las urnas.

Solidaridad, el poderoso sindicato liderado por Lech Walesa, fundado en los años 80 en los famosos astilleros Gdansk, triunfaba aplastantemente, al obtener todos menos uno de los cargos en el Parlamento (Sejm).

De esta manera se ponía punto final al régimen militar del general Wojciech Jaruzelski, que se encaramó al poder en 1981, encarceló a la mayoría de los dirigentes de Solidaridad y proscribió al movimiento. En la clandestinidad, Solidaridad se fortaleció y con sus huelgas forzó a Jaruzelski a otorgar elecciones.

Al poco tiempo, los estudiantes de Alemania del Este, entusiasmados por el ejemplo del vecino, aprovechaban el verano y empezaban a burlar los controles de las fronteras de Checoslovaquia y Hungría para pasar a Alemania Occidental, en un torrente que ya no se pudo detener y que terminó derribando el muro de Berlín el 9 de noviembre de ese año. Luego caerían los gobiernos de Checoslovaquia, Hungría, y el odiado Ceacescu en Rumania.

En China, la muerte de Hu Yaobang, secretario general del Partido Comunista destituido en 1987 por su tolerancia frente a las manifestaciones estudiantiles, detonó el descontento en las universidades el 14 de abril. Los estudiantes empezaron exigiendo la reivindicación del líder proscrito y terminaron pidiendo democracia. El movimiento se extendió a lo largo de las principales ciudades, y se fueron uniendo trabajadores y campesinos. Como hongos empezaron a brotar organizaciones estudiantiles, sindicatos, agrupaciones políticas.

El pico fue durante los días 17, 18 y 19 de mayo, con ocasión de la visita de Mijail Gorbachov, el dirigente de la Unión Soviética, que encabezaba en su país un plan de reformas que despertaba enormes expectativas.

En esos días, más de un millón de personas marcharon en Beijing y las huelgas empezaron a paralizar el país. Las columnas obreras incluían no sólo mecánicos y empleados de ferrocarril, sino también miembros de algunas de las instituciones estratégicas y más respetadas de China: grupos organizados del Ejército de Liberación Popular (ELP), del Ministerio de Relaciones Exteriores, la Radio Central, el Diario del Pueblo y de la Escuela de Cuadros del PC.

El Partido Comunista se dividió entre el ala conciliadora del secretario general, Zhao Ziyang, y el ala de Deng Xiao Ping, el promotor de la transformación capitalista de China, que estaba por la represión. Zhao Ziyang se opuso a la ley marcial, que se decretó el 19 de mayo, y bajó a la plaza a hablar con los estudiantes. Ese día fue destituido.

En su libro de memorias Prisionero del Estado: diario secreto del primer ministro Zhao Ziyang, que se acaba de publicar en inglés en Hong Kong burlando las prohibiciones chinas, el líder comunista, que murió hace cuatro años en su domicilio donde se encontraba confinado desde 1989, contó lo que le dijo a Deng: "La situación con las manifestaciones estudiantiles ha empeorado, y se ha vuelto gravísima. (...) El impulso central para todos estos grupos sociales es que quieren una explicación de cómo el partido y el gobierno pueden tener sangre fría ante la huelga de hambre de los estudiantes, sin hacer nada para salvarlos. Si la huelga continúa y alguno muere, será echar gasolina sobre las llamas, una situación peligrosa que nos puede hacer perder el control".

Pero las tropas del 38 Ejército, estacionadas a 150 kilómetros de Beijing, se negaron a reprimir, y 100 altos oficiales publicaron cartas en las que anunciaban su oposición al intento de usar al Ejército de Liberación Nacional contra el pueblo. En los días que siguieron, el gobierno logró unificar sus fuerzas, y la represión que se desató el 4 de junio causó entre 2.500 y 5.000 muertos.

La revuelta de Tiananmen, y de paso la caída del régimen comunista de Polonia, se pudieron producir por las transformaciones en la Unión Soviética (Urss). En 1985, Mijail Gorbachov fue nombrado secretario general del Partido Comunista, e inició los procesos conocidos como glasnost (transparencia) y perestroika (reforma). Dos meses antes de los hechos en China, se realizaron en la Urss las primeras elecciones libres desde 1917 y se eligió un renovado Congreso de Diputados del Pueblo, que nombró a Gorbachov presidente.

Boris Kagarlitsky, uno de los más destacados intelectuales rusos de la época dijo a SEMANA, desde Moscú, que "la democracia soviética produjo una gran impresión en los estudiantes chinos. La democratización en la Urss era real, sobre la base del fracaso de los primeros intentos de reformas económicas, mientras que en China el progreso de la reforma se compró al costo de renunciar a los cambios democráticos".

Andrei Riabov, miembro del consejo científico del Centro Carnegie en Moscú, declaró a SEMANA que los sucesos de 1989 fueron "la puesta a prueba de dos modelos de transformación: el que proponía Gorbachov en la Urss, donde las reformas políticas y los cambios económicos se debían desarrollar paralelamente, y el modelo chino, cuyo inspirador era Deng, que consistía en mantener un Estado fuerte, para hacer las reformas económicas sin liberalización política. Los hechos de Tiananmen definieron la competencia entre estos dos modelos. Gorbachov no podía seguir el chino porque en junio de 1989 ya se había comprometido con la liberalización, y él ya había elegido la liberalización política y la democratización gradual".

"El congreso de los diputados en la Urss, Tiananmen, y la caída del muro de Berlín mostraron que el sistema de economía central basada en el poder del Partido Comunista había muerto. El camino de China, de mantener un control fuerte para adelantar reformas económicas fue imposible en Europa oriental, como en Polonia, cuyos pueblos eligieron liquidar el sistema comunista y pasar a una economía liberal y un sistema democrático. La Urss quiso hacer un camino intermedio y no tuvo éxito", concluye Riabov.

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