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| 8/29/1988 12:00:00 AM

DROGA MADE IN USA

Fernando Alvarez de SEMANA, fue testigo de lo que los gringos están haciendo en la lucha contra la droga.

DROGA MADE IN USA DROGA MADE IN USA
"Yo no entiendo por qué mis compatriotas se demoraron tanto en entender que la demanda es el principal motor de este negocio. Si los países avanzados no reducen la demanda, terminarán por producir la droga que consumen" afirmó el secretario ejecutivo para la Comisión Interamericana de Control del Abuso de las Drogas de la OEA, Irving Tragen. La frase, que parecía un reconocimiento a los insistentes llamados del gobierno colombiano a los Estados Unidos en relación con el consumo, fue expresada en una charla con periodistas colombianos invitados por el gobierno norteamericano, con el fin de mostrarles cómo se desarrolla actualmente la lucha contra la drogadicción en ese país.
La autocrítica del funcionario de la OEA es compartida, hoy por hoy, por casi todo el establecimiento norteamericano. El director de la oficina de la Casa Blanca para políticas sobre la narcomanía, Donald Ian Macdonald, dice: "Nosotros hasta ahora estamos comenzando a entender los peligros de la droga que debimos haber conocido desde hace 25 años. Hemos empezado muy tarde y el problema del consumo nos ha tomado todo ese tiempo de ventaja". La realidad es que casi todos los funcionarios del Departamento de Estado que se entrevistaron con los periodistas colombianos coinciden en que durante años se asumió una actitud tolerante y de subestimación en relación con el problema de las drogas. "Durante casi dos décadas se dejó hacer carrera a la idea de que la droga era buena para la depresión, que era estimulante sexual, que no era adictiva y que su uso se podía autocontrolar. Ese tipo de concepciones creó una subcultura de la droga que no nos dejaba ver la magnitud del problema", afirma la secretaria asistente del Departamento de Estado para Asuntos Internacionales de Narcóticos, Ann B. Wrobleski. Por su parte, el Procurador General encargado, en Washington, Frank Keating, sostiene: "Algunos se empeñan en creer que la cuestión del consumo es secundaria, pero nosotros no podemos hacernos los de la vista gorda frente al problema número uno de la sociedad norteamericana. Es una desgracia nacional que nuestro pueblo consuma el 60% de la droga que hay en el mercado", dice, al tiempo que afirma que aún no se ha hecho suficiente claridad en algunos organismos del propio Estado en esta materia.
"TOLERANCIA 0"
El cambio de mentalidad que se observa en cuanto al problema del uso interno de drogas en los Estados Unidos, parece ir acompañado de medidas prácticas. En el Congreso se estudia un proyecto de ley llamado "Tolerancia 0", cuyo contenido es una declaratoria de guerra total al consumo de drogas. Este proyecto de ley incluye sanciones con sellos en los pasaportes de las personas acusadas de consumo de drogas, retiro de pases de conducción para los jóvenes consumidores, cancelación de becas estudiantiles, publicación de listas de empleados consumidores, destitución de los empleos, cancelación de convenios con empresas contratistas del Estado cuyos empleados consuman droga, libertad condicional para los reos que abandonen las drogas, y pena de muerte para delitos relacionados con droga en los que haya de por medio un homicidio, sea cual fuere la nacionalidad del implicado, entre otros aspectos.
A todo esto se suma la revisión de la política antidrogas adelantada hasta ahora por el gobierno norteamericano. "Tenemos que reconsiderar las normas que hemos implementado, porque parece que no han sido efectivas. Antes de la ley de 1986 se utilizaban 3 millones de dólares anuales en la lucha contra la drogadicción. A partir de ese momento se inerementó a 200 millones y el problema ha empeorado. Esto nos dice que no hemos venido actuando acertadamente", afirma Edward H. Jurith, miembro de una comisión del Congreso para el control de abuso de drogas.
Aunque los funcionarios insisten en que no se trata de bajar la guardia frente a la producción y tráfico extranjeros, consideran que lo primero que hay que hacer es acabar, si no con el consumo, por lo menos con la cultura de la droga. "Necesitamos una fuerza laboral libre de droga. Pero no podemos seguir pensando erróneamente en acabar con el problema insistiendo únicamente en extraditar a los capos de los carteles. Lo primero que hay que hacer es limpiar nuestra propia casa. No vamos a renunciar a la lucha contra los narcotraficantes, pero no podemos dejar que nuestra juventud se envenene", concluye Frank Keating, Procurador encargado.
Pero este enfoque del problema parece que no cuenta con un respaldo total en algunos organismos dedicados a la represión del narcotráfico. Para David L. Westrate, jefe de operaciones de la DEA, "el asunto no está en discutir si es el consumo o la producción el principal factor que causa la drogadicción, porque la delimitación entre países productores y países consumidores se está acabando. El problema radica en acabar con la droga que también ya se ha comenzado a producir en Estados Unidos".
EN LA MATA
El caso de la producción en Estados Unidos no es despreciable. Según Raymond J. McKinnon, jefe de la sección de drogas peligrosas de la DEA, en 1987 se encontraron 19 laboratorios procesadores de cocaína, 66 laboratorios de anfetaminas y 562 de otras drogas como la metanfetamina. Pero quizás el principal problema que ha surgido en materia de producción en los Estados Unidos es el de la marihuana. "Por primera vez en nuestra historia somos un país fuente. Antes eran colombianos y mexicanos los contrabandistas de marihuana. Ahora son norteamericanos", afirma Rolland N. Hughes, jefe de la sección de investigaciones de canabis de la DEA. En 1987 fueron erradicadas 113 millones de plantas de marihuana en los Estados Unidos y, según calculos de la DEA, en 1989 Estados Unidos será el principal abastecedor de marihuana para el consumo interno. Si en 1987 sólo un 25% de la marihuana que se consumía en Estados Unidos era producida internamente y el resto provenía de Colombia y México, según estimativos de las autoridades norteamericanas, la proporción ha variado este año y Estados Unidos tiende a autoabastecerse.
La marihuana producida en los Estados Unidos, la "sin semilla", es la más potente y peligrosa que se conoce en el mundo. Si la "punto rojo", -producida en la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia y famosa por tener un mayor grado de THC (tetra hidrocanabinol)- llegaba a un 6% y hasta un 8%, la "sin semilla" ha alcanzado a duplicar y hasta triplicar este porcentaje. Se ha encontrado marihuana en California con 12 y hasta 16% de THC y en Hawai ha llegado hasta un 20%. Los cultivadores y los traficantes de marihuana norteamericanos se han convertido en el problema número uno en el tráfico de drogas de ese país. Hawai, California, Kansas, Alabama, Carolina del Sur y otros Estados han visto cómo el cultivo de la variedad "sin semilla" ha inundado los parques nacionales y las fincas particulares, en donde se cultivan otros productos (ver recuadro). Los invernaderos, las plantas de marihuana camufladas en cultivos de caña de azúcar, los cultivos móviles, los cultivos en grandes materas colgadas de árboles y hasta plantas pintadas a mano de otro color, son algunas de las modalidades que han implementado los cultivadores gringos. Los cazabobos, las trampas de ratones que al ser accionadas disparan proyectiles, tablas con puntillas que caen de los árboles y toda suerte de trucos contra la policía y los agentes de la DEA, son algunos de los recursos utilizados por los cultivadores de marihuana.
A pesar de la intensa lucha que se desarrolla en contra de los cultivos de marihuana en los Estados Unidos, los problemas parecen ser superiores a las soluciones. La labor de erradicación en Hawai, por ejemplo, que tiene que hacerse básicamente en helicóptero, es muy costosa y depende de factores como el buen tiempo, las estaciones, la tranquilidad de los volcanes y la suerte para que desde el aire se divisen las plantaciones. Pero la habilidad de los cultivadores ha llegado hasta el punto de que siembran pequeñas cantidades de marihuana separadas por grandes espacios de terreno, lo que hace prácticamente imposible que se pueda afirmar que algún día se acabará con las plantaciones. En California, por ejemplo, de acuerdo con las leyes del Estado, no se puede fumigar y la erradicación debe hacerse a punta de machete. Cada vez que se pretende impulsar alguna ley que permita la fumigación, reviven organizaciones del medio ambiente y cooperativas de "fraternidad y amor" que tienen muy "buenas migas" con los cultivadores y que se oponen y movilizan a toda la población en contra del proyecto. Las penas a los cultivadores van de 6 meses a dos años y un 60% de los detenidos no llegan a procesos judiciales. "California es prácticamente de los cultivadores", afirma un agente de la DEA.
La represión al consumo y tráfico de drogas en algunos Estados norteamericanos no es tan fácil. En Hawai, debido a la cultura tradicional de las grandes familias, y de su espíritu de solidaridad, es casi imposible lograr detenciones de más de 24 horas. De alguna manera, el detenido cuenta con un familiar ligado a la Policía o a los organismos de justicia y termina nuevamente en la calle. En materia de tráfico, casi toda la marihuana que sale de Hawai para los demás Estados norteamericanos es enviada por correo, y el hecho de que Hawai pertenezca a los Estados Unidos, impide que este correo tenga algún tipo de tratamiento aduanero, lo que facilita el mercado de la marihuana. En Los Angeles sólo se castiga la posesión de más de una onza de marihuana. En California se puede tener una onza como dosis personal y las penas para esto son equivalentes a una infracción de tránsito.

MARIHUANA: EL PRIMER PASO
El problema de la marihuana en Estados Unidos es de tal magnitud, que el año pasado se produjeron 3.500 toneladas métricas. De acuerdo con los estimativos de la propia DEA, en todas las operaciones apenas se logra incautar el 30% de lo que se produce. No sin cierta razón, el juez de Distrito Federal de Hawai, Harold Forg, afirma: "No estamos ganando la guerra a la droga, pero estamos dando el primer paso". Y es que en Hawai el problema es bastante agudo. El mercado de la marihuana alcanza a mover 3 mil millones de dólares anuales y sólo el año pasado se decomisaron cerca de 2 millones de toneladas de marihuana.
La lucha que se está librando en este momento contra la marihuana no solamente tiene que ver con el hecho de que, como afirma un agente de la DEA en California, "por estar pendiente de los Escobares y los Ochoas, se nos crecieron nuestros propios carteles", sino que según estudios realizados por el Consejo de Prevención y Propaganda Contra el Abuso de Drogas, el 99% de los casos indican que a través de la marihuana se llega a otras drogas. "El peligro de la marihuana radica fundamentalmente en que es la puerta de entrada al mundo de las drogas", afirma Bill Rathican, presidente del Consejo de Prevención y Propaganda.
A pesar de que actualmente se dedican 3 mil millones de dólares en la lucha contra las drogas en Estados Unidos, en todas partes se habla de que no existe un presupuesto adecuado. A pesar de los guardacostas de Miami (Florida), los profesores de la Escuela sin drogas en Honolulú (Hawai), la policía de Mendocino (California) y los centros de rehabilitación contra la droga, los traficantes llevan la delantera, y sin un presupuesto que pueda competir, la pelea será en vano. Y aunque todo el mundo reconoce que estaban equivocados en el enfoque que se le daba en el pasado al problema de la droga, las soluciones no parecen estar a la vuelta de la esquina.
Hoy en día, de 6 millones de adictos, sólo reciben atención 250 mil. Se ha anunciado que el proyecto de ley que cursa en el Congreso tiene que empezar por acabar con las listas de espera en los centros de rehabilitación. Se realizan grandes estudios en los que se llegan a conclusiones como la de que el alcohol es la antesala de las drogas en la juventud. Se han retirado de los comerciales antidroga a los actores de Hollywood, porque éstos son asociados con el consumo, pero aún existen 26 millones de consumidores y la lucha parece tan desigual. La proporción de los 3 mil millones de dólares de presupuesto parece reflejar la magnitud del problema frente a un mercado que mueve en el mundo 300 mil millones de dólares, de los cuales la mitad corresponden a Norteamérica.
Los norteamericanos parecen haberse dado cuenta de que el problema de fronteras para adentro es más grave de lo que creían y están dispuestos a meterle todas la baterías a su situación doméstica, tanto en materia de consumo como de producción interna. Pero si las campañas contra el cigarrillo sólo ahora, después de 20 años, comienzan a dar frutos, la lucha contra la drogadicción no parece que vaya a ser ni más fácil, ni más corta.

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