08 diciembre 2012

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Drogas, espías y muerte

ESPIONAJERevive la investigación por la extraña muerte de Frank Olson, un científico que desarrollaba armas biológicas. De confirmarse, esta sería la historia de cómo la CIA asesinó a uno de sus agentes.

Drogas, espías y muerte. Frank Olson murió en 1953 en Manhattan. Por años se creyó que este agente de la CIA se había suicidado, pero nuevas pruebas mostraron que había sido drogado días antes con LSD. Ahora, su hijo demanda al gobierno y asegura que Olson fue asesinado.

Frank Olson murió en 1953 en Manhattan. Por años se creyó que este agente de la CIA se había suicidado, pero nuevas pruebas mostraron que había sido drogado días antes con LSD. Ahora, su hijo demanda al gobierno y asegura que Olson fue asesinado.

Foto: AFP

El sonido de un vidrio que se rompe y, pocos segundos después, un golpe seco en la distancia alarmaron a Armand Pastore, gerente del Statler Hotel, de Nueva York. Al salir a la calle encontró a un hombre que moría ante sus ojos tirado en el pavimento. Pastore subió a la habitación de donde se había
lanzado y encontró al doctor Richard Lashbrook. Este simplemente marcó un número de teléfono y dijo "Olson se ha ido".

El agente de la CIA Frank Olson murió esa madrugada del 28 de noviembre de 1953 y aunque han pasado casi sesenta años, aún sigue vigente la versión de ese organismo de inteligencia, según la cual se suicidó. Durante décadas su hijo Eric sospechó que no era cierto, pero ahora está seguro: afirma que la CIA asesinó a su padre. Por eso la semana pasada anunció su intención de a demandar al gobierno por planificar y encubrir su muerte.

El doctor Frank Olson trabajaba como experto en armas biológicas para la CIA, y en particular en el proyecto ultrasecreto MK-ULTRA sobre los posibles usos bélicos de sustancias tóxicas, como el ántrax, o de drogas psicodélicas como el LSD para manipular y alterar las funciones del cerebro. La CIA experimentaba con personas que no siempre eran conscientes de lo que les hacían.

Esa práctica duró hasta 1975, cuando a raíz de denuncias por este y otros proyectos secretos el presidente Gerald Ford organizó la Comisión Rockefeller para investigarlos. Pronto los miembros descubrieron que un científico había muerto días después de que funcionarios de la CIA le suministraron LSD como parte de un experimento psicológico. Se trataba de Frank Olson.

El gobierno federal compensó a su familia con 750.000 dólares y el presidente Ford se disculpó públicamente. William Colby, entonces director de la CIA, también ofreció disculpas. Según los documentos oficiales, Olson había sufrido un "episodio psicótico inducido químicamente" y Lashbrook estaba encargado de cuidarlo hasta que se recuperara.

Obsesionado por la desaparición de su padre, Eric Olson estudió Psicología Clínica e investigó los efectos del lavado de cerebro. En 1994 decidió exhumar el cuerpo de Frank. "Cuando abrimos el ataúd, reconocí inmediatamente a mi padre. Lo habían embalsamado y no estaba herido como nos habían dicho", dijo Eric a la prensa. Los forenses notaron que el cadáver tenía un golpe en la cabeza, posiblemente causado por un martillo. La nueva teoría de Eric era que alguien apaleó a su padre, rompió la ventana y lo arrojó moribundo. ¿Pero por qué lo querían matar?

Según recordaba la viuda de Olson, desde 1950 este viajó frecuentemente a Europa y, al parecer, participó en experimentos con sustancias bioquímicas que la CIA conducía sobre prisioneros de guerra, prostitutas e indigentes. Muchos murieron y Olson, traumatizado, iba a renunciar. Pero la CIA no se podía arriesgar a que se conocieran estos horrores. Su familia cree que le dieron LSD para borrar su recuerdos. Pero al final, lanzarlo al vacío era más efectivo.

La investigación ha enfrentado cientos de contratiempos. Según Hank Albarelli, autor del libro Un error terrible, "muchos testigos desaparecieron semanas antes de declarar ante los fiscales, otros tuvieron severos problemas de memoria. Algunos documentos cruciales se perdieron y amenazaron a muchos investigadores". Colby fue llamado a dar su testimonio, pero, por esos días, murió sospechosamente. En su cabaña al sur de Washington no había rastro de él. Las luces, la radio y el computador seguían encendidos. Había dejado media copa de vino tinto sobre una mesa. Estaba ahogado en el fondo de un lago cercano.

El caso de Olson forma parte de las grandes historias sobre conspiraciones y asesinatos que rodean a la CIA. Libros, películas y documentales han tratado de reconstruir su historia pero muchos de los secretos de la CIA siguen bien guardados. La pregunta es si la demanda del hijo de Olson logrará romper ese infranqueable muro de misterio.
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