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| 12/8/1986 12:00:00 AM

DUEÑO DE TI, DUEÑO DE QUE ...

Gran Bretana delimita zona marítima de las Malvinas y revive debate sobre su soberanía

Dicen que "uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde". O "corre el peligro de perderlo", podría decirse en el caso de las Malvinas con respecto a la Gran Bretaña. Hasta 1982, las Falklands constituían para la tradición imperial británica, simplemente un reducto colonial más distante y posiblemente desconocido para muchos hasta cuando la Junta Militar argentina se encargó de recordarles a los británicos que allá a lo lejos, en el Atlántico Sur, tenían aún una pequeña isla de escasos 2 mil habitantes.
Desde entonces y ante todo gracias a que la victoria británica sobre Argentina fue decisiva en el posterior triunfo del Partido Conservador y de su primera ministra Margaret Thatcher en las elecciones de 1983, las Malvinas adquirieron un peso específico particular en el terreno de la política exterior de la Gran Bretaña. Ahora, con una alta posibilidad de que las elecciones generales se adelanten para el próximo año y una popularidad que se muestra en decadencia, se dice que la Thatcher decidió sacarse de la manga el mismo as que tan buenos resultados le dio en el 83: reafirmar la soberanía británica sobre las Malvinas. Jugada que, premeditada o no, ciertamente ha provocado la reacción de sus opositores, aunque sin armar el mismo revuelo político y diplomático que en Argentina.
Mientras el ministro de Relaciones Exteriores, Geoffrey Howe, asegura que la medida se debe al fracaso en el logro de un acuerdo con Argentina en lo concerniente a derechos de pesca y al "agresivo patrullaje argentino" en la zona, el parlamentario laborista Georges Foulkes manifestó su inconformidad por la determinación del gobierno y consideró que "es ridículo que una comunidad tan pequeña (Malvinas) determine la política exterior y la defensa del Atlántico", poniendo en peligro la tranquilidad en el Atlántico Sur.
Por otra parte, el Consejo del Atlántico Sur (SAC), organización que agrupa parlamentarios, académicos, empresarios y miembros de otros grupos sociales británicos de distintas tendencias politicas, señaló que la decisión del gobierno "retrasa la posibilidad de alcanzar una solución más realista y a largo plazo al conflicto". Sin embargo, los temores se centran al parecer en la eventualidad de un enfrentamiento anglo-soviético que nadie desea. ¿ "Qué pasará--se preguntan voceros laboristas--el día en que detengamos un barco pesquero soviético? ".
En cuanto al apoyo internacional, la Gran Bretaña parece seguir contando con sus principales aliados de 1982, los Estados Unidos y la Comunidad Económica Europea, aunque no lo hayan manifestado aún publicamente, mientras recibe el repudio de los aliados naturales de Argentina en Latinoamérica. Esta vez sin las controvertidas excepciones de 1982 cuando Chile y Colombia fueron los únicos países del continente que se situaron del lado de Estados Unidos y se negaron a apoyar a Argentina.
A pesar de que la decisión fue claramente unilateral, la Gran Bretaña ha afirmado que está dispuesta a conversar acerca de una solución multilateral que impida la agudización de un conflicto que puede convenirle politicamente al gobierno, pero todos están seguros que no le convendria a nadie militarmente .

DUEÑO DE NADA
"Nos habían tomado la casa hace 150 años y una pequeña vereda en torno a esa casa; el jardín era nuestro, lo cultivábamos y lo cuidábamos. A partir del 29 de octubre nos están diciendo que ese jardín no es más nuestro, que es de ellos". Con esta metáfora, por cierto dramática, explicó el canciller argentino Dante Caputo, cómo considera su gobierno la decisión de Gran Bretaña de declarar como zona económica exclusiva las 200 millas de mar que rodean a las islas Malvinas.
Londres afirma que su objetivo principal con esta declaración es el de proteger la ecología del lugar que está siendo arruinada por depredadores de todo el mundo. Pero para el gobierno argentino esta no fue más que un pretexto para continuar una política que busca presionar a Argentina a aceptar la soberanía británica sobre el archipiélago.
Argentina se ha opuesto a esta propuesta. Según el gobierno, no porque descuide la conservación del medio ambiente, como afirman los británicos, sino porque lo considera "una trampa para crear un precedente jurídico muy fuerte" que reconocería de hecho, a Gran Bretaña como vecino de Argentina y por tanto, su soberanía sobre las islas.
La estrategia argentina para forzar a Gran Bretaña a negociar sobre el tema de la soberanía--lo que no ha conseguido aún--no ha sido tan disímil a la inglesa. El gobierno de Alfonsin, también buscando establecer precedentes juridícos que apoyen su reclamo, ha firmado convenios para la explotación de los recursos maritimos con la Unión Soviética y con Bulgaria y está en conversaciones con Japón, Polonia y la CEE. De hecho, la decisión británica es una respuesta a dichos acuerdos e inclusive coincidió con la entrada en vigencia de uno de ellos.
Pero parece que Buenos Aires no se intimidó con el freno que Londres quiere poner a su iniciativa: "La decisión británica será causa de muy serias lensiones y conflictos", dice el enérgico comunicado que envió la Cancilleria al Foreign Office.
Los argentinos se han lanzado en una verdadera cruzada diplomática. Solicitarán el rechazo a las medidas tomadas por Gran Bretaña en la reunión de la OEA en Guatemala, la semana próxima, en la Asamblea de Naciones Unidas, en los Países No Alineados. También convocó a una reunión junto con los cancilleres brasileño y uruguayo en Punta del Este, en la que se manifestó la solidaridad de estos países con Argentina y se diseñó una acción mancomunada para proteger los recursos del Atlántico Sur.
Mientras tanto, el presidente Alfonsín ha dialogado con más de 20 jefes de Estado, entre ellos Ronald Reagan. "La ofensiva diplomática es la única que desarrollaremos", dijo el Presidente argentino al estadounidense. De esta manera tranquilizó a la comunidad internacional que había escuchado con cierta aprehensión noticias sobre la creación de un comité militar para asesorar al Presidente, sobre ejercicios militares en el sur y sobre el levantamiento de la licencia a conscriptos.
"Sepan, confíen, que es la participación del pueblo en democracia la que asegura la sensatez del gobierno argentino", dijo Caputo. "Y sepan que interpretando el mandato popular, este será guiado por la prudencia para afirmar la paz y la firmeza para recuperar las islas".
Si no se llega pronto a un principio de negociación entre las partes, una vez que el gobierno británico comience a ejercer su "protección" en las 200 millas de mar que rodean las Malvinas, el próximo 1° de febrero, la tensión en el Atlántico Sur puede volver a llegar a limites peligrosos.
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