Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2015/09/24 12:25

"Volkswagen es sólo la punta del iceberg"

Los grupos ecologistas como el club de tráfico VCD advierten desde hace años contra el fraude en las emisiones de los vehículos y su consumo.

El club de tráfico VCD critica el abismo entre las pruebas y la realidad de las emisiones de los vehículos. Foto: Maximilian GeiB / DUH
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DW

Deutsche Welle: ¿Cómo se manipula la prueba de emisiones?

Gerd Lottsiepen:
El software reconoce, con ayuda de un pequeño procesador, que el vehículo no está rodando normalmente, sino en una prueba. Lo nota en que las ruedas delanteras giran, pero el coche no se mueve. Gracias al GPS le resulta muy fácil de determinar. Aunque existen otras posibilidades para reconocer los procedimientos de prueba como tales a través del software.

¿Para qué se ha desarrollado un software a tal efecto?

G. W.:
Es un desarrollo que se ha hecho en los últimos años. Hace tiempo que sospechábamos su existencia, pero carecíamos de pruebas definitivas. Hasta que las han aportado las autoridades estadounidenses. El vehículo detecta que está siendo sometido a una prueba en laboratorio y, entonces, todo está bien. Las emisiones de contaminantes y de CO2 se mantienen por debajo del límite y el consumo de combustible es bajo. Sin embargo, estos valores no coinciden con los que se obtienen en el tráfico real.

Usted dice que el escándalo descubierto es sólo la punta del iceberg. ¿Por qué?

G. W.: Suponemos que otros fabricantes explotan estas posibilidades técnicas desde hace años. También se nota en el consumo de combustible especificado por los fabricantes. La diferencia entre el valor sobre el papel y el consumo real es cada vez mayor. Esto indica que se usan métodos para engañar en las pruebas.

¿Tiene pruebas? ¿Qué dicen los ingenieros?

G. W.: En círculos oficiales se niega que se identifique si se está en una prueba. Además es ilegal tanto en los Estados Unidos como en Europa. Aunque aquí no se tienen, por desgracia, las sanciones que hay allí. Pero off-the-record se desliza a menudo la frase: "Bueno, los demás también lo hacen, así que tenemos que hacerlo". Es un secreto a voces que se usa este tipo de software.

¿Qué haría falta para unos registros fiables?

G. W.: Se debe repetir la prueba. Lo hemos hecho junto con las autoridades medioambientales alguna vez. Pero esto es muy caro. Y hacen falta más mediciones. En Estados Unidos alguien lo hizo y de ahí vino todo. Volkswagen ha admitido haber hecho trampa en otras pruebas de emisiones.

Los filtros diésel no consiguen reducir las emisiones durante la conducción real. ¿Es esto peligroso?
Se trata de óxidos de nitrógeno, que irritan el sistema respiratorio, provoca reacciones alérgicas y ataca el organismo. En los últimos años, las autoridades alemanas han constatado una mejora en la calidad del aire, pero menor de lo que cabría esperar con la tecnología actual de los vehículos.

La calidad del aire sigue siendo un problema

¿Qué significa esto para las ciudades de Europa?

G. W.: En la Unión Europea hay límites a las emisiones de los vehículos nuevos. Por lo tanto, el aire se supone que tendría que ser limpio. Pensábamos que con el nuevo estándar para los vehículos diesel podríamos olvidarnos del los óxidos de nitrógeno. Sin embargo, desde mucho antes de este fin de semana, nos llegan señales de que los niveles de estas partículas emitidas en el tráfico real se incrementan. Más de lo que permite la norma.

Para muchas ciudades esto es un gran problema. La calidad del aire que marca la ley no puede ser cumplida. Y cada vez está más claro por qué. Los fabricantes no han sido sólo deshonestos en Estados Unidos, sino que se puede suponer que también en Europa. Y por eso el escándalo de Volkswagen es sólo la punta del iceberg.

Se está investigando en los Estados Unidos, ¿se hará también en Europa?

G. W.: Tengo grandes esperanzas de que los responsables rindan cuentas. Sin embargo, soy escéptico. En Alemania tenemos una relación muy estrecha entre la industria del automóvil y la política.

¿Qué consecuencias traerá el escándalo?

G. W.: Creo que es el turno de la política. La Unión Europea negocia ahora las nuevas pruebas y espero que se acabe con las lagunas legales y que se establezcan sanciones para quien no cumpla. La gente tiene derecho a un aire limpio. Exigimos que la política realmente haga algo y abandone su connivencia con la industria automotriz en este punto. Necesitamos controles. Se trata de la salud y del bolsillo de los ciudadanos.

¿El escándalo puede también tener un efecto positivo?

G. W.: Puede ser una oportunidad para que la política establezca más controles sobre los fabricantes de autos. La propia credibilidad de la industria está en juego. Y la credibilidad es un importante argumento de venta y un instrumento publicitario.

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