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| 1/10/2015 10:00:00 PM

El enfado de la policía de Nueva York

El alcalde de Nueva York anda en aprietos por cuenta de unos comentarios con los que hirió profundamente a la Policía de su ciudad.

Si el gobierno del alcalde de Nueva York  no logra hacer la paz con esa institución, los más afectados van a ser los ciudadanos.

Nueva York ha empezado este 2015 a la expectativa. Cada mañana, el suspenso envuelve a sus 8 millones de habitantes por cuenta de una disputa entre su alcalde, Bill de Blasio, y el departamento de Policía de la ciudad, más conocido por sus siglas en inglés NYPD. La molestia por unas declaraciones del gobernante ha llevado a que los 35.000 agentes de ese organismo hoy anden cruzados de brazos, afectando así la seguridad de la ciudad en dimensiones preocupantes. En la primera semana del año, solo arrestaron a 2.400 personas, menos de la mitad que en 2014. Y, en ese mismo lapso, las multas por infracciones de tránsito cayeron 90 por ciento con respecto al año anterior, lo cual, de seguir así, significaría para las finanzas municipales una disminución de 9 millones de dólares semanales.

La crisis escaló el 4 de enero durante el funeral del agente asesinado Wenjian Liu. Este almorzaba junto a su colega Rafael Ramos a bordo de una patrulla el 20 de diciembre en Brooklyn, cuando un hombre llamado Ismaaiyl Abdullah Brinsley les disparó a sangre fría para vengar la muerte del afroamericano Eric Garner y se suicidó. Ambos agentes, de 32 años el primero y 42 el segundo, perdieron la vida. Durante el sepelio, miles de policías le dieron la espalda a De Blasio para criticarlo por unas palabras provocadoras que había pronunciado tras las muertes de Garner y de Michael Brown, el joven negro que un agente en una calle de Ferguson mató en agosto de 2014. De Blasio, cuyo hijo Dante es afroamericano, había sugerido entonces que este debía tener cuidado con la Policía. “No hagas movimientos bruscos ni trates de buscar rápidamente tu celular”, le dijo.

Hoy muchos policías piensan que De Blasio, quien acaba de cumplir un año en el poder, viene equivocándose desde que anunció el desmonte de una política conocida como Stop, Question, and Frisk (Detenga, pregunte y haga un cacheo), que permitió reducir la criminalidad en la ciudad mediante requisas callejeras, pero que a la vez dio lugar a abusos policiales. Paralelamente, muchos ciudadanos se sienten temerosos por la actual “operación tortuga” del NYPD y el consecuente auge del delito.

El comisionado de Policía del alcalde es hoy por hoy el veterano William Bratton, que ocupó el mismo cargo en los años noventa bajo Rudolph Giuliani y a quien se le atribuyen éxitos rotundos en la batalla contra la criminalidad. Uno de sus logros fue haber sabido aplicar la denominada política de Broken Windows (Ventanas rotas), que se concentra no solo en los grandes crímenes sino en los delitos menores, y debe su nombre justamente a que si un edificio tiene alguna ventana rota, los vándalos romperán las demás.

De Blasio puede haber sido imprudente y quizá no trabaja tan de la mano del NYPD como Giuliani y su antecesor directo Michael Bloomberg, pero no se le puede culpar de la muerte de Ramos y Liu. La Policía de Nueva York ha fallado y lo seguirá haciendo si se mantiene paralizada y no admite que algunos oficiales han actuado con brutalidad. Como editorializó la semana pasada The New York Times, el remedio es que el alcalde explique bien lo ocurrido y que, si los policías no se ponen a trabajar, cambie a los jefes de ese departamento.
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