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| 11/21/2011 12:00:00 AM

Egipto: por qué regresaron los manifestantes a la Plaza Tahrir

A 10 días de las elecciones parlamentarias, la violencia ha vuelto a El Cairo, con muertos y centenares de heridos. ¿Quiénes son los que protestan? ¿Qué ocurrió con el alzamiento de febrero?

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BBC
Las manifestaciones han regresado a la simbólica Plaza Tahrir, en El Cairo. En los últimos dos días veinte personas han muerto en enfrentamientos entre las autoridades y las personas que protestan contra el nuevo statu quo.

La protesta que comenzó en Cairo, este fin de semana, se ha extendido a otras ciudades de Egipto, principalmente a Alejandría, en el norte, Islmailia, en el este, y Suez.

En el foco principal, la Plaza Tahrir, de la capital egipcia, según el corresponsal de la BBC, John Leyne, cada intento de las fuerzas de seguridad de sacar a los manifestantes del lugar despertaba más ira, y provocaba el efecto contrario: más gente se unía a la protesta.

Por lo menos un millar de personas resultó herido, entre ellas, unos cuarenta policías.

Miles permanecieron en el lugar, durante una noche que vio esporádicos enfrentamientos, a pesar de los esfuerzos del imán de una mezquita local por negociar una tregua.

Presencia militar

Según el corresponsal de la BBC, Jonathan Marcus, tras lo que fue una revolución inconclusa -si es que se trata de una revolución- que logró sacar de escena al presidente Hosni Mubarak y sus asociados más inmediatos, el verdadero pilar del régimen, los militares, continúa ejerciendo el poder.

El desafío de los manifestantes al poder del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que reemplazó un gobierno de Mubarak de tres décadas, no tiene precedentes en un país donde los militares nunca han abandonado tal lugar de privilegio en el escenario politico, en sesenta años.

Para quienes protestan, el Consejo Supremo continúa siendo un organismo que procede en secreto y que permite los arrestos arbitrarios y la tortura de quienes se muestran contrarios al gobierno.

Esta es la razón, previsible para muchos analistas en febrero pasado, de que la euforia tras la salida del expresidente Mubarak se tornara en desilusión, desencanto e ira.

Por mucho que hayan rodado algunas cabezas, los manifestantes argumentan que la vieja guardia continúa en el poder.

Si bien es cierto, por ejemplo, que el ministro de Información de Mubarak, Safwat Sharif, se encuentra enjuiciado por corrupción y conspiración, a la cabeza de la junta militar se halla el mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi, quien fuera el ministro de Defensa del antiguo régimen durante veinte años.

Tantawi prometió, apenas Mubarak abandonó el poder, clausurar el aparato de censura que operaba desde el ministerio de Información.

Cinco meses más tarde, los generales cambiaron de idea. El ejemplo es, para muchos, iluminante porque revela que los militares tienen mucho que defender.

De partida, un presupuesto desconocido, no sometido para nada al escrutinio de organismos contralores.

En seguida, todo lo que viene con el ejercicio sostenido del poder: relaciones, conexiones y un estatus privilegiado dentro de la sociedad.

Economía y elecciones

El estado de la economía parece ser el gran galvanizador del variopinto grupo que ha vuelto a ocupar las calles de Egipto.

El alto precio de la canasta básica de alimentos no ha bajado, el empleo continúa siendo escaso, a lo que se agregan una baja sustancial del turismo y las quejas contra la corrupción, que sigue extendiéndose a todos los niveles del país.

Y si alguien critica a los manifestantes por impaciencia, apuntando hacia las próximas elecciones parlamentarias, fijadas para diez días más, hay quienes señalan que los gobernantes militares no se han esforzado por hacer del proceso un acto digno de crédito.

Como defectos se señala que no existe una comisión electoral independiente, del mismo modo como no existe un registro electoral fiable.

Las elecciones al parlamento no han tenido, como paso previo, elecciones municipales y, en cuanto a partidos políticos, éstos permanecen sin registro oficial o en estado casi larvario.

Los que protestan

Entre los que han vuelto a la Plaza Tahrir se hallan quienes, en febrero pasado, creyeron haberlo cambiado todo, quienes, nueve meses más tarde, piensan que los militares están gobernando para mantener el poder al alcance de la mano, incluso después de la elecciones.

La alianza La Revolución Continúa suspendió su campaña política para protestar contra la violencia.

La coalición juvenil 6 de Abril, que jugó un papel protagónico en desatar la revolución de febrero llama a apoderarse de la Plaza Tahrir indefinidamente y acusa a los militares de llevar "la máscara de Mubarak".

El ex director del Organismo de Energía Atómica, Mohamed el-Baradei criticó ácidamente al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas al describirlo como el principal causante de la violencia y repitió su idea de "un gabinete de rescate".

Por su parte, la cofradía de la Hermandad Musulmana, que mantuvo un bajo perfil el pasado febrero, espera conseguir algunos adeptos entre los desilusionados del modelo propuesto por las democracias occidentales.

El movimiento confía en obtener buenos resultados en las elecciones, de modo que su participación ha sido bastante cauta en los últimos incidentes.

También, aunque se trate de una minoría, las tensiones del gobierno no son menos explosivas con los coptos.

Estos cristianos egipcios afirman haber sido víctimas de una embestida de vehículos militares, el 9 de octubre, que dejó varios muertos, cuando protestaban frente al ministerio de Información por ataques sectarios.

Para el periodista de la BBC, Jonathan Markus, esta segunda fase de violencia puede ser la más peligrosa para la estabilidad del país, donde están en juego intereses contrapuestos, fuertemente arraigados.
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