Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/05/21 00:00

El misterio del vuelo de EgyptAir

Aunque al cierre las autoridades no habían descartado ninguna hipótesis sobre las causas de la caída del avión que se precipitó sobre el Mediterráneo, pocos creen que no se debió a un ataque terrorista.

La caída del vuelo MS804 ha puesto en el ojo del huracán la seguridad aérea. Foto: A.F.P.

Cuando un Airbus de última generación, dotado con la mejor tecnología, desa-parece silenciosamente en el Mediterráneo, es difícil pensar que la causa es una falla técnica. Pero cuando se sabe que el avión despegó del aeropuerto Charles de Gaulle de París tras hacer escala en Túnez, Asmara y El Cairo –tres ciudades con fuerte presencia de grupos extremistas– cobra fuerza la hipótesis de que la aeronave fue objeto de un atentado terrorista. Y cuando se tiene presente que recientemente y en la misma región un avión cayó a tierra por esa causa, es difícil dudar de que detrás de su desaparición hay manos criminales.

Esas sospechas planean sobre la suerte del vuelo MS804 de EgyptAir, que se perdió de todos los radares en la madrugada del jueves. Ese día, la aeronave recorría el trayecto de cuatro horas entre la capital francesa y El Cairo. Sin embargo, a las 2 y 30 de la mañana, cuando el Airbus A320 entró al espacio aéreo egipcio y viajaba a una altura de 11.300 metros, dio un brusco giro de 90 grados hacia la izquierda y luego otro de 360 grados a la derecha antes de caer en picada en el Mediterráneo. Según los reportes meteorológicos, el cielo estaba despejado y la visibilidad era óptima, por lo que se ha descartado que el mal tiempo haya estado detrás del accidente.

A su vez, varios elementos han reforzado la hipótesis según la cual el avión fue objeto de un atentado terrorista. Por un lado, las autoridades aeronáuticas no recibieron señal alguna de alarma de los pilotos de la aeronave, en la que viajaban 66 personas, la mayoría de nacionalidad egipcia y francesa. Por el otro, el viernes en la mañana, las autoridades griegas encontraron flotando a 300 kilómetros al norte de Alejandría restos humanos, dos sillas, algunas maletas y restos del fuselaje.

Aunque las autoridades egipcias pidieron a los medios de comunicación no especular sobre las causas del accidente, el propio ministro de la Aviación Civil de ese país, Sherif Fathy, aceptó que “la posibilidad de que sea un ataque terrorista es más alta que la de una falla técnica”. En una rueda de prensa, el presidente de Francia, François Hollande, dijo que no se había comprobado ninguna hipótesis, y tampoco descartó que el avión hubiera sufrido un atentado. En el mismo sentido se expresó la Casa Blanca, cuyo portavoz, Josh Earnest, quien afirmó en su rueda de prensa diaria que “es muy pronto para decir categóricamente qué causó este desastre”. 

Sin embargo, no todos reaccionaron con la misma prudencia. El primero en expresar que tenían fuertes sospechas de que un grupo terrorista es el responsable de la caída del avión de EgyptAir fue el director del Servicio Federal de Seguridad de Rusia, Alexander Bortnikov. “Todo apunta a que es un acto terrorista en el que han muerto 66 personas de diferentes nacionalidades”, dijo en declaraciones a la agencia Interfax. A su vez, calificó la desaparición del aparato de “ataque monstruoso”. Por su parte, el presidente ruso, Vladimir Putin, expresó sus condolencias.

Y es que Moscú sabe de lo que está hablando. El 31 de octubre del año pasado, cayó sobre la península del Sinaí un Airbus muy similar al que se hundió el jueves en el Mediterráneo. Este cumplía la ruta entre San Petersburgo y el balneario turístico de Sharm el-Sheij, en la península del Sinaí, pertenecía a la compañía MetroJet y llevaba 224 personas a bordo, en su gran mayoría rusos. Aunque durante días Putin negó que la causa del siniestro había sido una bomba, al cabo del tiempo no solo aceptó esa hipótesis, sino que también ordenó que todos los nacionales regresaran a Rusia, promulgó un decreto que prohíbe los viajes a Egipto, e incluso les recomendó a los operadores turísticos abstenerse de vender tiquetes hacia el país de las pirámides.

A su vez, las fuertes probabilidades de que la aeronave haya sido objeto de un ataque terrorista le sirvieron a Donald Trump como munición para su campaña presidencial. Poco después de que se conoció la noticia, el candidato republicano trinó desde muy temprano por la red social Twitter: “Parece otro ataque terrorista. Un avión salió de París. ¿Cuándo nos vamos a volver fuertes, inteligentes, vigilantes? ¡Mucho odio y locura!”. Hacia las horas de la tarde, el magnate continuó con sus mensajes, entre ellos uno dedicado a Hillary Clinton, su probable contrincante en las elecciones presidenciales del 8 de noviembre, en el que la acusó de ser blanda con el islamismo y recordó los principales atentados terroristas de los últimos 20 años: “Miren las masacres en todo el mundo incluyendo el World Trade Center, San Bernardino, París, el USS Cole, Bruselas y un sinfín de otros lugares”.

Y es que una de las consecuencias previsibles de que la caída del vuelo MS804 se deba a un ataque terrorista es que refuerza las posiciones de los políticos populistas como Trump. Pues la cuestión no es si sus declaraciones son verdaderas o falsas, sino que –como sucedió tras la masacre de San Bernardino– el magnate está instrumentalizando la tragedia con fines electorales. Pues es un hecho que este no solo ha vinculado ese tipo de ataques con el islam radical, sino con los musulmanes de todo el mundo, a quienes ha prometido prohibirles la entrada a Estados Unidos si es elegido presidente de ese país. De hecho, muchos temen que un atentado terrorista de grandes magnitudes lo catapulte y haga inevitable su llegada a la Casa Blanca.

Del otro lado del Atlántico, las repercusiones de la tragedia también pueden ser amplias, sobre todo porque el avión no salió de El Cairo, sino de París, una ciudad que junto con Bruselas ha sido objeto de los peores atentados terroristas de la última década. De comprobarse que en la zona de carga del aeropuerto Charles de Gaulle alguien introdujo un objeto explosivo, o que sus controles de seguridad fueron incapaces de identificar y detener a un extremista, o que alguno de ellos realizó un acto de sabotaje, las consecuencias serían graves.

Por un lado, sería el tercer atentado terrorista que se ejecuta en territorio francés. También, el tercero durante el mandato del socialista Hollande, que tendría que afrontar las consecuencias del fracaso del estado de emergencia que decretó hace seis meses, tras las masacres de noviembre de 2015 en la capital gala. Por el otro, pondría en el ojo del huracán la seguridad del Charles de Gaulle, uno de los más protegidos y congestionados del mundo, pues demostraría que Europa es vulnerable hasta en sus zonas mejor resguardadas.

Solo cuando las autoridades encuentren las cajas negras podrá comenzar una verdadera investigación. Pero la búsqueda puede tomar algunos días, pues lo más probable es que estas se encuentren en el fondo del Mediterráneo. Aunque ante la falta de evidencias que las contradigan, prevalecen las sospechas de una acción criminal.

Dos años de terror

En los últimos 24 meses, Europa ha sufrido cuatro atentados que han dejado más de 400 personas muertas.

Entre el 7 y el 9 de enero de 2015, París sufrió una serie de atentados coordinados que dejaron 20 muertos. El primero fue contra la sede el semanario satírico Charlie Hebdo, donde murieron varios caricaturistas y periodistas de la redacción.

El 31 de octubre de 2015, tras despegar del aeropuerto del balneario turístico de Sharm el-Sheij, un artefacto explosivo derribó el vuelo 9268 de la compañía MetroJet, en el que viajaban 224 personas. No hubo ningún sobreviviente.

El 13 de noviembre de 2015, seis ataques terroristas dejaron 137 muertos y 370 heridos en París. La mayoría de las víctimas murieron en el teatro Bataclan (foto), donde varios terroristas dispararon con armas de gran calibre contra los asistentes de un concierto de heavy metal.

El 22 de marzo de 2016, dos explosiones coordinadas en una estación de metro y en el aeropuerto de Bruselas dejaron 35 víctimas fatales. El grupo Estado Islámico se atribuyó la responsabilidad de los hechos.

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