Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/09/27 00:00

El 8.000 de Buenos Aires

Las declaraciones del empresario Guido Antonini Wilson enredan cada vez más a la pareja presidencial argentina en el escándalo por la financiación de Chávez a su campaña.

Mientras Antonini declaraba en Miami, la presidenta Cristina Férnandez se dirigia a la Asamblea General de las Naciones Unidas

“Todos los caminos conducen a Kirchner”, tituló la revista Noticias de Argentina esta semana, refiriéndose al escándalo del maletín con 800.000 dólares que el empresario venezolano Guido Antonini Wilson ingresó ilegalmente al país procedente de Caracas con supuesto destino a la campaña de Cristina Fernández. Al día siguiente, el centro de Buenos Aires amaneció empapelado con una versión gigante de la portada y con una leyenda que decía ‘Ladrones’. A las pocas horas, los afiches fueron retirados, pero esto da una idea de la ebullición política alrededor del escándalo que envuelve cada vez más al matrimonio presidencial, que lo vincula con el presidente venezolano Hugo Chávez y sus petrodólares, y le impide gobernar a Cristina.

Mientras la Presidenta hablaba la semana pasada ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Miami declaraba el empresario venezolano-norteamericano, y daba indicios de que, esa misma noche, habría ingresado otra maleta con 4.200.000 dólares, que habría logrado evadir los controles.

El Padrino fue la película que se proyectó en el charter de Caracas a Buenos Aires, el 2 de agosto de 2007. Había sido contratado por una empresa estatal argentina, y llevaba empresarios venezolanos de Pdvsa y funcionarios argentinos, que coincidía con una visita de Chávez a Buenos Aires. El vuelo llegó tarde y no pudo estacionar en el terminal militar, y los pasajeros debieron salir por el terminal general, donde, por casualidad, una aduanera descubrió el dinero.

Según la versión de Antonini en el juicio, fue invitado a viajar por Claudio Uberti, funcionario argentino a cargo de los peajes, pero que en realidad es un embajador sin cartera del presidente Néstor Kirchner en Venezuela. Cuando llegaron a la Aduana, Uberti dejó solo a Antonini, que debió hacerse cargo del maletín.

Al salir del aeropuerto, Uberti llamó 16 veces a Kirchner y se entrevistó con él el domingo a las 9 de la mañana. Luego se encontró con Antonini y le agradeció haberse hecho cargo del maletín, le prometió conseguirle un cupo para exportar carne y le aseguró que no iba a tener problemas. El lunes, el venezolano estuvo en la Casa Rosada en un acto oficial, y el martes se fue a Miami sin reclamar los 800.000 dólares.

Cuando se destapó el escándalo en Argentina, se dictó la captura de Antonini, quien se sintió traicionado y, como ciudadano norteamericano, buscó un acuerdo con el FBI, ante el peligro de ser extraditado. Fue así como les tendieron una trampa a los emisarios del gobierno de Caracas que viajaron a Miami para convencerlo de asumir la responsabilidad por la plata y no revelar ni su origen ni su destino.

Antonini grabó las conversaciones, y las autoridades detuvieron a cuatro venezolanos, acusados de actuar sin permiso como agentes de un gobierno extranjero. Dos de ellos se declararon culpables, menos uno. Antonini está declarando como testigo.

Si bien la trampa quería desacreditar a Chávez, el matrimonio presidencial argentino lleva la peor parte, pues aumentan las sospechas de que hubo una financiación espuria de la campaña de Cristina. Fernando Sánchez, diputado de la Coalición Cívica, dijo a SEMANA que este caso demuestra la “malsana vinculación entre el gobierno de Venezuela y el argentino a partir del envío de dinero ilegal. Hemos pedido investigar el incremento escandaloso del patrimonio de los Kirchner, así como los aportes a la campaña electoral de laboratorios que proveían efedrina a los narcotraficantes mexicanos, vinculados al asesinato de tres empresarios farmacéuticos hace un mes”, dice. “Hoy la sociedad argentina considera al gobierno absolutamente corrupto”, concluye.

El gobierno niega las acusaciones, e intenta salir del atolladero con iniciativas, como el pago al Club de París y a los deudores externos, pero no logra desviar la atención. Luego de presentarse en sociedad ante la ONU, la Presidenta argentina apenas logró que The New York Times la mencionara en una breve nota, atada al escándalo del maletín en el que, lejos de despegarse, se enreda cada vez más.
 

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