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| 11/21/1983 12:00:00 AM

EL AFFAIRE ORSONI

Mitterrand acude a la mano dura para bregar con los separatistas corsos

EL AFFAIRE ORSONI EL AFFAIRE ORSONI
La administración Mitterrand no ha podido escapar, en Córcega, al círculo vicioso atentado-represión al que habían sido sometidos los anteriores gobiernos. En efecto, el consejo de ministros decretó, el 27 de septiembre, la disolución de la Confederación de Comités Nacionalistas (CCN), vitrina legal, según París, del "Frente Nacional de Liberación Corso" (FNLC) puesto fuera de la ley el 5 de enero pasado. Con esta medida, el gobierno respondía al asesinato de un alto funcionario francés en Córcega, Pierre-Jean Massimi, perpetrado por el FNLC el 13 de septiembre en esa isla. Los terroristas adujeron que Massimi había sido responsable del secuestro y asesinato de Guy Orsoni, un militante del movimiento nacionalista corso.
Orsoni había desaparecido el 17 de junio. Días antes, los servicios secretos de esa isla habían notado una actividad inhabitual dentro de un círculo de hampones del sur de Córcega. Varios de entre ellos fueron sometidos a una estrecha vigilancia así como a un control de sus llamadas telefónicas. Basados en estos hechos el FNLC imputó al Estado francés la responsabilidad de la muerte de su militante. Mas aún, en una conversación con el corresponsal de la agencia AFP, el FNLC acusó al secretario de Estado de la Seguridad Pública, Joseph Franceschi, de haber entregado, el 18 de junio en Córcega a Pierre-Jean Massimi, un millón de francos para pagar el asesinato de Orsoni, suma que fue hallada en el maletín de Massimi.
"Campaña de intoxicación destinada a desestabilizar el gobierno", comentó el portavoz oficial, Max Gallo. Sin embargo, el periódico "Liberation" reveló que, por petición del Eliseo, algunos miembros de los servicios secretos habían tratado de saber por qué Franceschi había hecho un viaje rápido a Córcega al día siguiente de la desaparición de Orsoni.
La muerte de Orsoni puso, en todo caso, fin a una serie de contactos entre el gobierno y el Frente para tratar de lograr una solución política al problema corso. La escalada alcanzó su paroxismo el 10 de julio, cuando un comando enmascarado del FNLC inauguró, en una ceremonia pública realizada ante la casa de la familia Orsoni, una placa en la que se podía leer: "A la memoria de nuestro hermano de lucha, Guy Orsoni, militante del FNLC, mártir de nuestra causa, asesinado por el Estado francés". El acto, difundido por la TV nacional, fue percibido en París como un verdadero desafío a la autoridad del Estado.
La réplica vino diez días después cuando un grupo de gendarmes acompañados de un impresionante dispositivo de seguridad fue enviado a decomisar esa placa. El FNLC la reemplazó por otra que dice: "Aquí hubo una placa en mármol, profanada por las fuerzas francesas de represión. Cuy Orsoni, militante del FNLC mártir de la causa corsa no será olvidado jamás".
Políticamente, los nacionalistas corsos han paliado la disolución de los CCN creando, el 2 de octubre en Bastia, un partido denominado "Movimiento Corso para la Autodeterminación". Las demás fuerzas políticas de la isla parecen, en cambio, seriamente divididas frente a la conducta seguida por el gobierno.
La situación en Córcega ha generado, por otro lado, una viva tensión entre la prensa local y la justicia. Los periodistas de radio Córcega-Francia, los del noticiero televisado "Corcicasera" y hasta el corresponsal de la AFP, han sido detenidos durante algunas horas o sometidos a un verdadero hostigamiento judicial.
En ese contexto, el semanario satírico parisino --extremadamente serio- "Le Canard Enchaine", ha hecho revelaciones y lanzado preguntas inquietantes, sobre las actividades de "los gendarmes del Presidente" lo que de hecho ha sido vinculado al problema corso. En sus revelaciones, el semanario cuenta cómo el No. 2 de la gendarmería, capitán Paul Barril, entró en contacto con el jefe de un grupo terrorista, "Acción Directa", para convencerlo de entregarse. "Estoy habilitado por la presidencia para tratar con usted directamente", escribió el capitán en una carta, con membrete de la presidencia de la república, al terrorista. De la misma manera, Paul Barril encontró, en enero pasado, a Alain Orsoni, militante del FNLC, hermano de Guy Orsoni.
Los gendarmes de Mitterrand también se vieron mezclados en la más extraordinaria maquinación policíaca sucedida en Francia, el año pasado, el 28 de agosto. Durante la fiebre terrorista que se desató en París en ese entonces, el Elíseo informó que tres peligrosos terroristas irlandeses habían sido descubiertos en compañía de un importante arsenal de armas y explosivos. Dos gendarmes que participaron en esa operación confesaron, ocho meses después, haber recibido de sus superiores las respuestas que debían suministrar a la justicia. Las armas "encontradas" en el apartamento de los "peligrosos terroristas" fueron, en realidad, depositadas por los mismos policías, sus números de serie fueron limados y las fotos del "arsenal" desaparecieron.
Ante las evidencias, los magistrados ordenaron liberar a los irlandeses e inculparon a un mayor y un comandante por soborno y supresión de pruebas. La investigación, en curso, no ha permitido saber quién colocó las armas, ni cual fue la responsabilidad de los gendarmes y del Elíseo en esa maquinación. El capitán Barril fue, sin embargo, suspendido durante tres meses de su comandancia. ¿Había actuado en pleno acuerdo con sus superiores? Sus abogados alegan esto. Christian Prouteau, el jefe de la seguridad de Mitterrand estaba, en todo caso, al corriente de encuentros de Barril con "terroristas", efectuados en un gran hotel de París y donde se estudió la posibilidad de un golpe de Estado contra el dictador Duvalier en Haití.
¿Prouteau y Barril estaban realmente "cubiertos por el Elíseo"? Las respuestas del portavoz del gobierno, según las cuales Barril actuó en ciertos casos en acuerdo con sus superiores y en otros lo hizo "por iniciativa personal", no han convencido a los observadores. La actitud del gobierno, que tiende a deshacerse ahora de Barril, ha sido seriamente criticada por la prensa independiente. Diversos politólogos piensan que el Elíseo no es capaz de asumir las consecuencias de las actividades de un servicio paralelo, creado por voluntad presidencial en mayo de 1982 a causa de su desconfianza en los servicios oficiales designados para su protección.
En París se ignora si el gobierno buscaría impulsar otra política frente al fracaso de la Asamblea Corsa encargada de darle un verdadero contenido a la descentralización. De todas maneras, el problema corso continuará siendo un callejón sin salida mientras el FNLC reivindique la independencia de una isla que pertenece a Francia desde 1768.
José Hernández, corresponsal de SEMANA en París.

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