Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1992/11/02 00:00

El aguafiestas

A pesar de la entrada de Perot en el juego electoral, todo sigue apuntando al triunfo de Clinton.

El aguafiestas


NI EXPERTOS ANALISTAS electorales, ni los mismos jefes de campaña de Bill Clinton y George Bush, saben si la absurda repostulación de Ross Perot debe ser considerada como la temida "sorpresa de octubre", que tradicionalmente prende fuego a las campañas presidenciales de los Estados Unidos pocos días antes del comicio.
Lo que sí ha resultado claro es que el precipitado anuncio de este excéntrico magnate tejano no ayudará al presidente Bush a recuperar puntos en las encuestas, ni votos en las urnas, ahondando aún más el bajonazo permanente en el que su campaña se ha visto sumida en los últimos meses. Muchos analistas coinciden en que la llegada de Perot puede causarle mayor daño a Bush que a Clinton, pues se espera que la votación del estado de Tejas a favor del candidato de última hora perjudique al actual Presidente, que contaba con ese fortín político.
Aun así, para los seguidores de Clinton, el anuncio de Perot también ha sido motivo de desconcierto, pues temen que aquella facción del electorado que definitivamente iquiere sacar a Bush de la Oficina Oval, pueda cambiar de opinión a última hora. Sin embargo, esta posibilidad es muy remota y tanto los allegados a Bush como a Clinton tienen claro, es que la entrada de un personaje tan inconsistente, en muy poco afecta el resultado global de una partida que ya está jugada. Como lo han mantenido las encuestas de opinión reveladas antes y después del anuncio de Perot, no más de uno por ciento de los votantes se atrevería a darle su apoyo y todo parece indicar que la ventaja de Clinton seguiría siendo debfinitiva.
Los bajos resultados de las encuestas respecto al potencial electoral de Ross Perot tienen como base al menos tres aspectos que han sido explotados por la prensa norteamericana, temida por los asesores de Perot y considerada el peor enemigo de su campaña. En primer lugar, el programa político del candidato ha sido catalogado como inconsistente e incompleto. Mientras que Perot propone medidas liberales para solucionar los problemas sociales de su país ales como la legalización del aborto y la creación de un seguro nacional de salud simultáneamente sugiere una agenda económica de carácter conservador que incluye recortes a diversos programas considerados ineficientes, acompañados de un alza en los impuestos.
Otro aspecto que le ha cortado alas a Ross Perot es su incapacidad para abrirse al electorado y a los medios, y darles a conocer sus valores y su verdadera personalidad. Según su ex director de campaña, Ed Rollins, este es el "talón de Aquiles" del que sus críticos se asgarraron en la primera fase de la campaña de Perot, logrando desacreditarlo. Finalmente, a los asesores del nuevo candidato les va a resultar muy difícil "levantarse" de nuevo a aquellos fieles seguidores que quedaron abandonados y molestos con Perot tras su insólita y sorpresiva salida de la carrera presidencial.
Dados estos problemas no parece imprudente que a tan sólo cuatro semanas de las elecciones, la campaña de Bush y la de Clinton subestimen las intenciones presidenciales de Perot, un candidato que no cuenta con la imagen para figurar como presidente, y a quien sólo se le respeta su poderoso bolsillo: una fortuna personal calculada en 3.500 millones de dóIares.
Además está por verse si la campaña de Perot, ahora acompañado por Jim Stockdale, superará la falta de coordinación y de asesoría que la han caracterizado desde que se inició en marzo. Los más cercanos colaboradores de Perot esperan que, a pesar de la personalidad autoritaria y de la terquedad del candidato, pasen la prueba que la prensa y la opinión pública les tenderá de aquí al 3 de noviembre.
Sea como sea, aI volverse a "echar al agua" Perot ha logrado centrar en su campaña la enorme cantidad de atención que Clinton y Bush habían tratado de acaparar en la recta final de las elecciones. Pero más allá de la especulación, la confusión, el revuelo y la ansiedad que Perot quiera crear en el electorado, ni el mejor de los atajos podría acercarlo a la Casa Blanca.-

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