Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2015/10/15 11:00

El Amazonas garantiza la continuidad de la especie humana

Sequías e inundaciones están golpeando las economías de toda América. La deforestación del Amazonas tiene una relación directa con estos desbarajustes.

El Parque Nacional Natural Amacayac está ubicado en el extremo sur del departamento del Amazonas, en el denominado “Trapecio Amazónico”. Foto: Parques Nacionales Naturales de Colombia

En Sao Paulo no gustan las cosas pequeñas. Esta megalópolis de 21 millones de habitantes mueve más de 480 mil millones de dólares al año; es el principal centro financiero de Suramérica y una de las pocas ciudades en el mundo donde los altos ejecutivos se mueven en helicóptero para evitar los trancones.

Pero Sao Paulo tiene sed, mucha sed. Desde hace un año sufre la peor sequía en más de 80 años. Además del racionamiento del agua, algunos restaurantes ya no sirven café para ahorrarla y en los barrios la gente ha cavado pozos improvisados y los bidones se han cotizado en los supermercados.

A más de 10.000 kilómetros de ahí, otra potencia económica se muere de sed. California tiene un Producto interno Bruto (PIB) de casi 2 billones de dólares por año –casi lo mismo que un país como Italia– gracias a su liderazgo en informática, entretenimiento, aeronáutica y su gigantesca agroindustria.

Desde hace cinco años, sin embargo, la riqueza se está secando: la Costa Oeste estadounidense pasa por una terrible crisis hídrica, la más fuerte en medio siglo. Las represas se secaron, el gobernador ordenó una reducción del 25 por ciento del consumo del agua y han estallado innumerables incendios. Las pérdidas agrícolas son multimillonarias.

En Sao Paulo gran parte de la culpa reside en la falta de planificación, el pésimo estado de sus tuberías por las que se escapa un tercio del agua potable y el consumo irresponsable. Mientras tanto, en California muchos culpan a las grandes plantaciones que consumen el 80 por ciento del agua.

Pero hay otro elemento que une la tragedia de estas dos prósperas regiones: la deforestación en la Amazonía. La selva –que se extiende sobre más de 6,9 millones de kilómetros cuadrados– regula el clima de toda la región.

En 2014 el climatólogo brasileño Antonio Nobre publicó el informe O futuro climático da Amazônia donde muestra que cada día el bosque amazónico transpira 20.000 millones de toneladas de agua; mucho más que lo que la cuenca del río Amazonas vierte en el océano Atlántico.

Este “río vertical” se está secando por la deforestación de bosques milenarios para dar paso a pastizales para el ganado en Brasil, Perú, Colombia, Ecuador, Bolivia, Venezuela, las Guayanas y Surinam. Nobre dice que la Amazonía está perdiendo su capacidad natural para regular del clima y que la desaparición de la selva es una de las razones de la sequía en Sao Paulo.

“Con cada árbol que se cae perdemos un poco de agua que se transporta a Sao Paulo y el resto de Brasil”, explicó por su parte Philip Fearnside, profesor brasileño del Instituto de Investigación sobre el Amazonas. La deforestación y la quema de miles de hectáreas de selva producen, además, volúmenes alarmantes de CO2. El bosque absorbe hoy menos carbono del que produce.

En 2013 una investigación de la Universidad de Princenton –publicada en el Journal of Climate– construyó un modelo climático con una selva amazónica completamente deforestada. Las consecuencias en Estados Unidos serían terribles: las lluvias caerían un 20 por ciento en toda la Costa Oeste mientras la nieve que cae sobre la Sierra Nevada en California disminuiría un 50 por ciento. Esta última es la principal reserva del Estado.

Lo que está pasando en Estados Unidos y en Brasil es apenas el comienzo. El agua que alimenta más de 14 millones de habitantes de ciudades como Bogotá, Quito y Río de Janeiro depende de las áreas protegidas del sistema amazónico. Se calcula que un 70 por ciento del PIB de Suramérica es producido en regiones bajo la influencia climática o hidrológica de la Amazonía; son casi 5 billones de dólares al año.

Como dijo el autor del estudio de la Universidad de Princeton, David Medvigy, “el gran punto es que la deforestación en la Amazonía no va a afectar solo el Amazonas: golpeará la atmósfera y esta nos mostrará las consecuencias”.

De ahí la importancia cardinal de proteger la selva y, una de las soluciones, es ampliar las áreas protegidas y los territorios indígenas. La Redparques –una organización oficial que reúne 19 países de América Latina para coordinar la conservación de los ecosistemas– calcula que las reservas naturales y los resguardos indígenas cubren casi el 50 por ciento de la Amazonía.

En Brasil, estos espacios podrían prevenir la deforestación de 670.000 kilómetros cuadrados y así evitar la liberación de hasta 8.000 millones de toneladas de carbono para el año 2050. Son la trinchera en la batalla contra el cambio climático.

Cómo explica la directora de WWF Colombia, Mary Lou Higgins, “hasta ahora, las áreas naturales protegidas no han recibido el reconocimiento que merecen en las negociaciones internacionales contra el cambio climático. Los bosques, humedales y áreas costeras protegidas son nuestro principal escudo contra los efectos devastadores que está teniendo y tendrá este fenómeno”.

Para destacar y promover la discusión sobre el rol vital de la Amazonía en la regulación del clima mundial –del que depende la supervivencia del hombre– el 15 de octubre en Bogotá se reunirán los directores de los Sistemas de Áreas Protegidas de 8 países amazónicos, embajadores de la Unión Europea en Colombia, delegados de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica y representantes de las principales instituciones medioambientales. Van a fijar una posición regional de cara a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21) en París a principios de diciembre.

El tsunami invernal de 2010-2011 le costó a Colombia más de11 billones de pesos, 2 por ciento de su PIB. El Fenómeno del Niño de este año ya se está sintiendo en la agricultura, en la inflación, en el costo de la energía y del agua. La factura se infla y es urgente salvar el Amazonas para salvar el clima.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.