Lunes, 16 de enero de 2017

| 2009/10/15 00:00

El Ártico "se quedará sin hielo en 10 años"

El Océano Ártico podría estar libre de hielo y convertirse en un paso abierto para la navegación durante el verano dentro de diez años, anunció un especialista en regiones polares de la Universidad de Cambridge, Inglaterra.

El Ártico "se quedará sin hielo en 10 años"

"Es como si el hombre le estuviese sacando la tapa a la parte norte del planeta", dijo el Profesor Peter Wadhams durante la presentación de los hallazgos de la "Inspección del Ártico Catlin" en Londres.

La expedición recorrió 435 kilómetros de hielo a principios de año.

Liderados por el explorador Pen Hadow, las mediciones tomadas por el equipo señalan que el grosor promedio de los témpanos de hielo es de 1,8 metros, un grosor típico del llamado hielo "del primer año", formado durante el invierno anterior y más vulnerable al deshielo.

Si se toma en cuenta las crestas de hielo entre los témpanos, el grosor del hielo es de 4,8 metros.

"La información de la Inspección del Ártico Catlin apoya la nueva opinión consensuada -basada en las variaciones estacionales de la extensión y el grosor de los hielos, cambios en la temperatura, en los vientos y especialmente en la composición de los hielos- de que el Ártico estará libre de hielos dentro de aproximadamente 20 años y que gran parte del deshielo ocurrirá dentro de 10 años", explicó Wadhams.

"Esto significa que podremos considerar al Ártico como un mar abierto en el verano, que permite el paso del transporte a través del Océano Ártico", agregó.
 
Fallas
Según Wadhams, la navegación rápida, el acceso más fácil a las reservas de gas y petróleo son algunos de los beneficios del deshielo a corto plazo.

Pero a largo plazo, el perder una característica permanente del planeta puede provocar una aceleración del calentamiento, un cambio en la circulación de los océanos y la atmósfera y puede tener efectos desconocidos en los ecosistemas por la acidificación de los océanos.

Durante la expedición, que tuvo lugar entre el 1º de marzo y el 7 de mayo, Pen Hadow y sus colegas Ann Daniels y Marin Hartley tuvieron que enfrentar condiciones climáticas extremas -incluyendo vientos helados de 70º bajo cero- demoras en los vuelos que traían suministros y alimentarse con raciones mínimas.

Cuando me encontré con ellos allí, como parte de un equipo de la BBC que se sumó al vuelo que llegó a recogerlos, los tres habían perdido peso y se los veía agotados por la experiencia.

La expedición estuvo plagada de fallas técnicas. Un sistema de radar pionero, diseñado para medir el hielo, se rompió apenas iniciado el viaje.

Otra herramienta para medir el agua bajo las capas de hielo ni siquiera funcionó.
Los problemas técnicos forzaron al equipo a recurrir a la perforación manual del hielo, lo cual hizo que se progresara más lentamente y también los obligó a descartar el plan de llegar al Polo Norte.

Hadow admitió que la expedición no generó un "gran salto hacia adelante" en cuanto al conocimiento, pero sí representa un paso para entender mejor los problemas claves del Ártico.

Su opinión fue respaldada por Wadhams, que cree que la expedición ha logrado obtener información sobre el hielo que no se puede obtener mediante los satélites.
 


 

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