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| 3/24/2007 12:00:00 AM

El aspirante en las sombras

La renovada celebridad del ex vicepresidente demócrata Al Gore aumenta los rumores sobre su candidatura presidencial.

El regreso de Al Gore al Capitolio, después de seis años, tuvo innegables visos de dramatismo. La última ocasión en que los estadounidenses habían visto al ex vicepresidente en el Congreso había sido en 2001, como el perdedor que certificaba la victoria de George W. Bush, su rival en las elecciones. El pasado miércoles, el contraste era latente. Gore, en su papel de gurú del cambio climático, se dirigió a un Congreso con una amigable mayoría demócrata. Se trata de "una crisis que amenaza la supervivencia de la civilización" y "el mayor desafío de la humanidad", declaró ante dos subcomités de la Cámara de Representantes.

Y es que el cambio de político a activista medioambiental le ha venido bien a Gore, quien luce menos acartonado y calculador y más apasionado. En estos años se alejó de la política, aprendió a no tomarse tan en serio y suele bromear sobre aquella derrota. Se autodenomina un "político en rehabilitación" y en 'Una verdad incómoda', el celebrado documental sobre el calentamiento global que le ha devuelto la fama, su astuta presentación no pasa inadvertida: "Yo solía ser el próximo Presidente de Estados Unidos", bromea frente a la cámara.

Lo curioso es que todavía podría serlo gracias a su cruzada. Gore niega cualquier intención de entrar en la carrera presidencial demócrata, pero a pesar de no ser candidato, consistentemente aparece de tercero en las encuestas, detrás de los senadores Hillary Clinton y Barack Obama y delante de otros serios contendores como John Edwards.

Su película ha sido aclamada en el mundo entero y recientemente, durante la entrega de los premios Oscar donde ganó dos estatuillas, Gore de nuevo explotó su sentido del humor frente a millones de televidentes. En aquella parodia, cuando estaba a punto de anunciar su supuesta candidatura, la música lo interrumpió, pues se había excedido en el tiempo de su discurso.

La escena revivió las especulaciones sobre su candidatura. Y, al contrario de lo ocurrido en aquel chiste, a Gore le podría convenir esperar a que se agote el tiempo. Él no está en campaña, y esa puede ser la mejor estrategia de todas. Los observadores no se cansan de apuntar que esta será la carrera presidencial más larga y costosa de la historia y es muy probable que la gente se hastíe de sus protagonistas. Pero Gore es tan reconocido, que no necesita desgastarse, y tiene tantos amigos poderosos, que el financiamiento no sería problema. Podría saltar en el último minuto y robarse el show. Mientras tanto, su lucha contra el calentamiento global le garantiza visibilidad, e incluso podría gozar un nuevo baño de popularidad en caso de ganar el premio Nobel, al que también está nominado. Adicionalmente, en mayo publicará The assault on reason (El asalto a la razón), un libro que, según la editorial, es "un visionario análisis de cómo las políticas de miedo, secretismo y fe ciega se ha combinado con la degradación de la esfera pública para crear un ambiente peligrosamente hostil a la razón". Suena a campaña política.

Para muchos, Gore es el candidato ideal y sus seguidores recuerdan que, aunque derrotado por cuenta del polémico reconteo en la Florida, obtuvo más votos que George W. Bush. Como recordaba recientemente The Economist, "la victoria en 2000 le fue robada por el hombre que los demócratas odian por encima de todos. ¿Qué mejor forma de arrasar con la era Bush que reemplazarlo con el hombre que debería haber sido Presidente?". Sus amigos dicen que Gore es sincero cuando afirma que no lo está considerando, pero que la puerta no está del todo cerrada. La tentación es difícil de resistir, y si se decide, su resurrección política sería una sorprendente historia de redención. El tipo de historia que fascina a los votantes estadounidenses.
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