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| 5/16/1988 12:00:00 AM

EL AVION DE LOS MARTIRES

El secuestro del jumbo de Kuwait, uno de los más largos de la historia, agrava la tensión en el área

El martes 5 de abril, como tantas veces, Subhi Yousef, piloto iraquí al servicio de Kuwait Airways, se preparó para iniciar el vuelo 422 al mando de un reluciente Boeing 747 pintado de azul y blanco. Se trataba de uno de los tres vuelos semanales que, temprano en la mañana, permiten volar sin escalas entre Bangkok y Kuwait los martes, jueves y domingos. Nada parecía presagiar el drama que esperaba a la aeronave y lo único que llamaba la atención era el grupo de 20 turistas británicos que, habiendo perdido su conexión original a Londres, se aglomeraba en el counter para conseguir cupo en la nave. Junto a ellos abordaron el jumbo 73 pasajeros de las más variadas nacionalidades. Tailandeses, australianos, egipcios, jordanos, alemanes, sauditas japoneses y libaneses, e incluso alguien amparado por un pasaporte colombiano que, luego se supo, resultó robado y adulterado. Aunque muchos no se percataron inmediatamente, a bordo estaban tres miembros de la gran familia real de Kuwait, AlSabah, que abarca más de mil personas relacionadas más o menos de cerca con el Emir reinante.
No mucho después del decolaje, el vuelo 422 entró en la historia por la puerta de los secuestros aéreos. En una operación relámpago, que no tomó más de 5 minutos, 6 ó 7 hombres que hablaban árabe, armados de pistolas y algunas granadas, asumieron por completo el control de la aeronave, aprovechando que, al contrario de lo acostumbrado, no había a bordo ninguno de los usuales guardias de seguridad, que desde el secuestro de 1984, van en todos los vuelos de la aerolinea. Curiosamente, los secuestradores ordenaron a la tripulación dirigirse a Meshed, una remota localidad iraní cercana a la frontera con Afganistán. Las razones para semejante escogencia no se sabrían sino algunos días más tarde, cuando los pasajeros liberados pudieron contar detalles sobre la permanencia a bordo de la aeronave. Lo cierto es que, no bien aterrizado el avión en Meshed, los piratas hicieron pública su demanda: el "injusto" emirato de Kuwait debía liberar a 17 personas detenidas allí por ataques terroristas que en 1983 mataron a 6 personas, hirieron a 80 y dañaron las embajadas de los Estados Unidos y Francia. Como era de esperarse, la primera amenaza se dirigió contra "el bienestar" de los miembros de la familia reinante.
Las autoridades iraníes tomaron el control de las conversaciones con los aeropiratas, que resultaron inicialmente en la liberación de 24 pasajeras y un hombre de negocios jordano con problemas cardíacos. El manejo resultaba tan positivo, que los enviados de Kuwait, un país con una enemistad tradicional con Irán, dejaron saber su agradecimiento y se mostraron ansiosos por mantener una estrecha colaboración con los iraníes. Inflexibles en su posición de no ceder ante las pretensiones de los terroristas, e impresionados por las declaraciones de buena voluntad del Primer ministro local, los enviados de Kuwait dejaron el asunto enteramente en manos iraníes, algo que más tarde en el curso del drama habrían de lamentar.
En lo que se presentó como un esfuerzo "por evitar cualquier calamidad o incidente", los iraníes anunciaron que procederían a reabastecer al avión de combustible. Más tarde se retiraron los camiones que se habían colocado en la pista para evitar el despegue de la nave y ésta tomó vuelo rumbo al occidente. "Las autoridades iraníes han advertido a los aeropiratas que ningún aeropuerto del mundo los dejará aterrizar", fue la intervención oficial de Irán. El avion partía con 57 rehenes menos pues a última hora fueron liberados los británicos y los japoneses, cuando el drama apenas comenzaba.

El primer muerto
A partir de entonces, el secuestro entró en su etapa crítica. Primero el avión intentó aterrizar en Beirut, donde las fuerzas sirias que controlan el aeropuerto, actuando en pleno acuerdo con el gobierno libanés, se negaron a permitirlo. En uno de los momentos más dramáticos, el piloto sostuvo una conmovedora conversación con la torre de control de Beirut. "Le ruego, le beso la mano, pero por favor déjeme aterrizar", decía en tono suplicante, mientras tenía una pistola apuntada a su sien. Ni los ruegos de los pasajeros lograron conmover a las autoridades de Beirut, que amenazaron hasta con disparar sobre el jet. Luego de tres horas de quemar combustible sobre el Mediterráneo, el jumbo con los tanques casi vacíos, fue finalmente autorizado a descender en Larnaca, Chipre, y el mensaje había quedado claro: Beirut no sería más el refugio de los aeropiratas de la región.
El siguiente día, el 9 de abril, quinto del secuestro, se debatió entre la amabilidad y la violencia, lo trivial y lo dramático. Las autoridades chipriotas intentaron ganar tiempo y con el pretexto de que la semana santa ortodoxa demoraba el reabastecimiento de combustible, dejaron correr casi toda la mañana. Los aeros piratas, pasando de la cortesía a la ansiedad, advirtieron que a su alrededor el aeropuerto seguía su actividad normal y descubrieron la treta. Como respuesta establecieron una hora límite que luego, en una jugada despistadora, prorrogaron. Pero hacia las 11 y 30 de la mañana sorpresivamente asesinaron y tiraron a la pista a un militar de Kuwait que regresaba de sus vacaciones con unos compañeros.
Para terminar la contradictoria jornada, al final de la tarde los secuestradores liberaron a un joven de Kuwait de 25 años, en lo que llamaron "una muestra de buenas intenciones hacia el gobierno, los ciudadanos de Kuwait y el universo entero".

¿Desenlace en Argel?
El domingo 10 amaneció con una calma sospechosa. Un silencio de 10 horas fue roto por la amenaza de los secuestradores de que, de no ser reabastecido el avión, iniciarian "una matanza callada y lenta". En medio del estancamiento, pues los chipriotas sólo aceptaban entregar la gasolina contra la liberación de los rehenes, la mediación de la Organización para la Liberación de Palestina tuvo su primer éxito. Yasser Arafat, quien se encontraba en Kuwait desde el domingo anterior, coordinó las gestiones de Malath Abdo, su segundo representante en Chipre, quien luego de extensas conversaciones, logró que los terroristas desistieran de la matanza, aunque afirmaron que, si los prisioneros de Kuwait no eran liberados, estaban dispuestos a estrellar el avión contra su palacio de gobierno. Para complicar las cosas, el grupo terrorista libanés de orientación pro-iraní Guerra Santa Islámica hablando desde Beirut, amenazó con asesinar a los rehenes franceses y norteamericanos que mantiene en su poder, en caso de que "alguna tontería militar se intentara contra los aeropiratas".
Al siguiente día los secuestradores asesinaron a su segunda víctima, también un militar en vacaciones. Como en la ocasión anterior, el crimen fue precedido por conversaciones sobre aspectos secundarios que hacían sentir a los funcionarios chipriotas que los aeropiratas estaban entrando en razón. Sorpresivamente, sin embargo, éstos pusieron otra hora límite que, al no ser cumplida, produjo el sangriento resultado.

El episodio de Chipre sólo vino; terminar en la noche del martes cuando el equipo de negociación de la OLP con la anuencia de los chipriota finalmente canjeó 12 pasajeros contra el tanqueo del aparato. Entre tanto Yasser Arafat había gestionado la colaboración del gobierno de Argelia viejo aliado suyo, para que recibiera la aeronave, pero la partida de esta se demoró aún algunos minutos por una exigencia lógica. El comandante del aparato no quería volver a vivir la experiencia de su fallido aterrizaje en Beirut, y quería alguna seguridad de que el aeropuerto de Argel sí le permitiría aterrizar. Cuando esto se logró la aeronave tomó la pista con 32 rehenes a bordo, mientras los aeropiratas gritaban por la radio consignas islámicas y bautizaban el jet con un nuevo nombre: "El avión de los mártires".
No es posible imaginar un nombre más adecuado para la aeronave Rehenes liberados, contaron a la prensa los horrores de un secuestro llevado a cabo por terroristas de alto nivel profesional. Aunque la mayoría se encontraba en condiciones aceptables de salud, contaron que fueron mantenidos fuertemente atados a sus sillas en la parte posterior de la aeronave, por lo que mostraban escoriaciones en las muñecas. Constantemente amenazados de muerte, lo que más aterraba a los pasajeros era la frialdad con que sus captores pasaban de su trato habitualmente amable, a la más feroz brutalidad. Sin embargo el consenso general fue que, dentro de las circunstancias, habían sido tratados aceptablemente bien. Incluso los piratas se dieron el lujo de exhibir cierta conmiseración y liberaron a quienes describieron como "cabezas de familia más necesitados".
En cualquier caso, el miércoles 13 marcó el inicio de nuevas negociaciones, esta vez bajo la dirección de las autoridades argelinas, que dejaron de un lado la mediación, hasta entonces clave, de la OLP. Pero la delegación de Kuwait, que como en los actos anteriores del drama, llegó en su jet ejecutivo poco después del avión, se mantuvo firme en su negativa a liberar los 17 presos que constituyen el objetivo del secuestro. En esas condiciones, el problema ha llegado a un punto muerto. Lo máximo que pueden ofrecer las autoridades de Argelia, como antes las de Chipre, es el canje de los rehenes por el compromiso de no perseguir a los aeropiratas.
Pero éstos, animados por su fe islámica según la cual es mejor morir con honor que vivir en el deshonor, no dan su brazo a torcer y amenazan con asesinar a los rehenes que aún mantienen en su poder. En esa tónica transcurrió el resto de la semana. Al cierre de la presente edición, se reportó que los argelinos habían detectado una división entre los aeropiratas, pues algunos parecen ser receptivos a una salida negociada. Pero el impasse no parece tener aún el final a la vista.
Lo que a lo largo de todo el drama se ha preguntado la opinión pública internacional es el verdadero origen de los secuestradores, y sus motivaciones últimas. Todos los indicios apuntan hacia la presencia, tras el tinglado, del gobierno iraní. Las razones son claras. Según los pasajeros liberados, la permanencia de tres días en Meshed sirvió para que los secuestradores embarcaran armas de mayor calibre y bombas de mano, y para que abordaran el avión varios aeropiratas más, mejor calificados y experimentados. Eso explicaría también el desvío hacia una remota localidad iraní y el interés de las autoridades de ese país en manejar directamente las conversaciones. Pero como si eso fuera poco, Yasser Arafat ha declarado en varias ocasiones que las negociaciones previas al asesinato de los dos oficiales de Kuwait estaban en buen pie, pero los secuestradores cambiaron sorpresivamente su orientación luego de haber tenido contactos, presumiblemente radiales, con alguien que los obligó a asumir una actitud de fuerza. Para Arafat, esa figura tras bambalinas es el gobierno iraní, lo que también explicaría el conocimiento técnico de los aeropiratas sobre el avión, que sugiere un entrenamiento altamente sofisticado.
Teniendo en cuenta que, para los observadores occidentales, el gobierno iraní continúa considerando el terrorismo como una herramienta válida de presión, su presencia detrás de esta historia se da como un hecho. Se dice además que el árabe con fuerte acento que hablan algunos de los terroristas, evidencia que no se trata solamente de libaneses y que dentro del equipo podría haber iraníes. Entre tanto, las horas parecen alargarse en este secuestro, que amenaza con convertirse en el más largo de la historia de la aviación.
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