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| 4/10/1989 12:00:00 AM

EL BANQUERO DE DIOS

Sale de la banca vaticana monseñor Paul Marcinkus, protagonista de escándalos financieros.

Después de 20 años, el controvertido monseñor Paul Marcinkus dejó de ser presidente del IOR, el Instituo para las Obra de Religión, más popularmente conocido como la banca vaticana. Su puesto ha sido eliminado tras la reforma decidida por el Papa y aprobada por los 13 cardenales que supervisan las finanzas de la Santa Sede.
Marcinkus pasará a ser sólo un asesor, un modo elegante para alejar de la cúpula financiera a uno de los más discutibles personajes de la sede apostólica.

El "Banquero de Dios" como solía llamarlo la prensa, era un hábil diplomático, apasionado del golf y sobretodo un desprejuiciado hombre de negocios. En 20 años forjó un poder inmenso mediante operaciones financieras de gran envergadura con empresarios del peso de Michele Sindona --banquero siciliano acusado de conexiones con la mafia--y Roberto Calvi--ligado a la logia secreta masónica propaganda 2, (P-2), que murieron en extrañas circunstancias, y que fueron los protagonistas de uno de los escándalos politico-financieros más clamorosos de la postguerra.
El ocaso de monseñor Marcinkus comenzó cuando se descubrió por ejemplo, que el Banco Ambrosiano presidido por Calvi había consignado al IOR algo así como US$1.287 millones. El Vaticano, después de la muerte de Calvi -encontrado ahorcado bajo un puente de Londresse negó apagar las deudas vencidas con bancos extranjeros que exigían el pago porque Calvi se habia presentado ante ellos con las famosas cartas de "patronage", una especie de garantia con las cuales el IOR aseguraba las operaciones realizadas en el extranjero. Después de una larga negociación el vaticano consignó como "contribución voluntaria" US$240 millones a los acreedores de Calvi. Y cuando en 1987 la justicia italiana lo acusó de bancarrota y fraude por el Banco Ambrosiano, tuvo que esconderse detrás de las pesadas y altas murallas de la Ciudad del Vaticano, donde gozó siempre de la protección del Papa.
Sólo faltaba esta última decisión para alejar un personaje tan incómodo que trae inevitablemente a la memoria al pecado de la simonía la venta de indulgencias, que corrompió a la iglesia del final del medioevo. -
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