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| 2/28/2012 12:00:00 AM

El bloguero que puso en jaque a Vladimir Putin

Aunque es casi seguro que Vladimir Putin será reelegido el próximo domingo, no se librará tan fácil del activista Alexei Navalny, una de las cabezas de la oposición que prometió sacar a los “sinvergüenzas y ladrones” del Kremlin.

No hace más de dos años que Alexei Navalny creó la página de internet rospil.info, una especie de Wikileaks en la que se denuncian acciones corruptas de la cúpula del Kremlin. Cualquiera podría denunciar, pero de ahí a que las acusaciones se tomen en serio, que vayan a los tribunales de la justicia, que los responsables respondan por sus actos y que se ponga un alto a contratos estimados en 1.2 millones de dólares, hay mucho trecho; un trecho que Navalny se empecinó en recorrer.

Navalny es un hombre sin pelos en la lengua y sus palabras siempre van acompañadas con acciones. Hoy, su blog es uno de los más leídos y su cuenta de Twitter tiene más de198.000 seguidores, número que aumenta a diario. Además, es uno de los principales responsables de las manifestaciones contra el primer ministro Vladimir Putin por fraude electoral, entre las que se destaca la del pasado cuatro de febrero, cuando ni siquiera la temperatura de 20 grados centígrados bajo cero impidió que protestaran más de 120.000 personas.

A pesar de las marchas multitudinarias, Putin probablemente volverá a la presidencia tras las elecciones del 4 de marzo. El exagente de la KGB controló los destinos de Rusia entre 2000 y 2008, año en el que cedió el poder a Dmitri Medvedev, mientras él seguía al mando como primer ministro. Con su reelección, Putin pretende conseguir dos periodos consecutivos de seis años, con lo que se convertiría en el dirigente con más tiempo en el Kremlin desde Stalin.

Ningún otro candidato le llega a Putin a los talones. Mientras él goza con 55 por ciento de intención de voto, su rival más cercano no pasa el 15 por ciento. Parecería que todo está perdido para la oposición, si no fuera por el tenaz Alexei Navalny.

Valiéndose únicamente de Internet, su popularidad ha crecido desaforadamente en los últimos meses y, aunque no se inscribió como candidato en la contienda presidencial, hay quienes lo proclaman ‘el próximo presidente de Rusia’. Ello no es sorprendente considerando que, como explicó a SEMANA Lilia Shevtsova, presidente del programa de política interior rusa para el Centro Carnegie de Moscú, “Navalny representa un aire fresco muy necesario en la obsoleta escena política rusa. Además, la batalla anticorrupción siempre viene acompañada de popularidad”. Sin embargo, advierte que muchos líderes autoritarios emergieron gracias a sus cruzadas contra la corrupción.

Apasionado y nacionalista declarado, Navalny tiene una retórica agresiva y amenazante contra el gobierno que combina con un fervor populista incomparable. Ha dicho en innumerables ocasiones que degollará a “las ovejas”, en referencia a la clase política. Apodó a Rusia Unida, el partido político de Putin, “partido de sinvergüenzas y ladrones”, sobrenombre que se ha generalizado entre la oposición. Levanta los ánimos populares entre aquellos que están inconformes con el statu quo con frases como “he estado leyendo un librito llamado Constitución rusa. Dice que la única fuente de poder en Rusia es el pueblo. ¿Quién es el poder? ¡Somos nosotros!”.

Sus actitudes y expresiones le han valido comparaciones hasta con Adolfo Hitler y la oposición liberal teme que se trate de un fanático de extrema derecha. Sin embargo, Navalny dice que puede que algunos se asusten porque él grita y se deja llevar por sus emociones, pero que en últimas no siente que deba esconder el odio que siente por aquellos en el poder.

El gobierno ruso, por supuesto, ha hecho todo a su alcance para aplacar el efecto Navalny, incluidas campañas de desprestigio y persecución política. Durante las manifestaciones de diciembre, el bloguero fue arrestado por desacato a la policía. Estuvo encarcelado 15 días y no pudo asistir a las protestas del diez de diciembre que se nutrieron con decenas de miles de personas. Al respecto, Navalny afirma que el arresto era predecible y que está preparado para que vuelva a pasar.

Mientras la presión contra el bloguero aumenta, su figura política se define. Es un fuerte líder de oposición, pero, como indica Shevtsova, no basta con denunciar y complacer a las masas, pues eso lo hace cualquier político de hoy. También hay que ver si la fuerza de la oposición resistirá después de la temporada electoral y si Navalny logre mantener apoyo e ímpetu.

No obstante, si el sistema corrupto y opaco de Vladimir Putin continúa, las miradas se centrarán en Navalny en un futuro más cercano del que podríamos imaginar

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