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| 10/13/2012 12:00:00 AM

El cadáver fugitivo

El sanguinario Heriberto Lazcano, un militar que se vendió al narcotráfico, convirtió a los Zetas en uno de los cárteles más temidos del mundo. Con su muerte misteriosa promete volverse un mito.

Heriberto Lazcano, el líder de los Zetas, ha muerto tres veces. En 2007, baleado por el Ejército. En 2011, acribillado por sus rivales. Y el domingo pasado, abatido por la Marina en el Estado fronterizo de Coahuila. Según el gobierno, la tercera es la vencida. Pero con la complicidad de un comando armado, el cadáver de Z-3, el Verdugo o el Lazca se fugó y su leyenda corre todavía.

El fin del que aterrorizó a México tendría que ser el principal éxito de la guerra del presidente Felipe Calderón contra el narcotráfico. Pero se convirtió en una historia confusa que alimenta el mito. Un desertor de las fuerzas especiales que se vendió al narcotráfico y esquivó conflictos de poder, retaliaciones y emboscadas. Un psicópata que llevó la violencia a otro nivel y transformó a los Zetas de simples sicarios a patriarcas del bajo mundo. Un fantasma que hasta en la muerte eludió a las autoridades.

El Lizca era uno de los hombres más buscados del mundo. Pero murió por azar. El domingo pasado fue con un par de guardaespaldas a un partido de béisbol en El Progreso, un pueblo donde hace meses no hay policía. Una llamada le advirtió a las autoridades que un grupo andaba en una camioneta, con armas en el platón. Apenas vieron el convoy de marinos, el Lazca y sus hombres huyeron. Pero las balas fueron más rápidas y tras un breve tiroteo, sus cadáveres yacían en el pavimento. En ese momento, según la Secretaría de Marina "creíamos que era un sicario del pueblo".

El cuerpo del capo fue fotografiado, le tomaron sus huellas digitales y lo abandonaron en una funeraria. Esa noche un comando amordazó a los empleados del negocio y se llevó el cadáver. "Ni supimos quién era ni nada. No sabemos quién se los llevó", dijo uno de los embalsamadores. El robo hizo reaccionar a las autoridades, que consultaron la base de datos. El resultado fue estremecedor: "Nombre: Lazcano, Heriberto. Año de nacimiento: 1975. Sexo: Masculino. Estatura: 1.60 metros." Tres días después de su muerte, el gobierno se acababa de enterar que mató por accidente a Z-3, el patrón de los Zetas, uno de los carteles más sanguinarios y poderosos del mundo.

Pero las confusiones no terminaron ahí. Según la ficha de la DEA sobre Lazcano, este medía 1,76 metros y nació en 1974. Después la Marina señaló que en realidad Z-3 midió 1,80 metros en la autopsia. A algunos también les pareció raro que el Lazca anduviera solo y desprotegido. En lo que sí coinciden es que Lazcano, hijo de campesinos pobres, se alistó en 1991 en el Ejército. Suboficial, a mediados de los noventa integró el Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales, una tropa de élite cuya misión era combatir al narcotráfico.

Pero en 1997 el teniente Arturo Guzmán y 31 militares desertaron para volverse la fuerza de choque del cártel del Golfo. A partir de ahí serían conocidos como los Zetas, por el código radial que usaban. Ningún criminal resistía a sus tácticas militares. En 2004, después de que Z-1 y Z-2 cayeran, le llegó la hora a Lazcano. Cada vez más independiente, en 2007 rompió con sus patrones, dolido por los acercamientos con Joaquín 'el Chapo' Guzmán, su peor enemigo. Los Zetas se volvieron cartel y hundieron a México en una conflagración, que aún tiene al país de rodillas.

Con Lazca los Zetas se expandieron de Nuevo Laredo en el norte hasta Centroamérica. A diferencia del resto de mafias, no se impusieron con sobornos. Su camino fue el del terror: decapitaciones, masacres y desapariciones. Con grupos pequeños, móviles y ultraviolentos, doblegaron a la competencia. Flexibles, los Zetas no son monolíticos, sino una organización con "franquicias", que le dan parte de sus ganancias ha cambio de protección y de poder usar su "marca". Así, "los de la última letra", como los llaman con pavor, le cobran a cuanto criminal se les cruce. Ahora muchos temen peleas internas por controlar el imperio y un estallido de violencia en todo México.

Mientras su grupo se expandió, el Lazca siguió viviendo con bajo perfil. Se dice que le gustaban las rubias, las carreras de caballo y cazar en la Sierra. También que tenía un rancho con leones y tigres, que alimentaba con sus víctimas. Lo poco conocido que dejó es una lujosa capilla, moderna y luminosa, con bellos mosaicos y vitrales, en Pachuca. Una placa recuerda que fue donada por Lazcano, acompañada por: "Señor, escucha mi oración, atiende mis plegarias, respóndeme, tú que eres fiel y justo". Tal vez sea el único que se apiade de él.
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