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| 11/16/2002 12:00:00 AM

El camino más largo...

Cuáles son los retos de Hu Jintao, el nuevo líder chino, al asumir el gobierno del Imperio Central.

Las sucesiones politicas en China se han dado en situaciones difíciles. Mao Zedong asumió luego de 30 años de guerra por la independencia. Deng Xiaoping, tras fallecer Mao y caer la Banda de los Cuatro. Jiang Zemin, después del dramático desenlace del movimiento de Tiananmen. Estos relevos estaban caracterizados por cambios totales del Politburó del Partido Comunista que los analistas califican como purgas. Hu Jintao asciende como líder y el Politburó cambió sustancialmente, pero no en medio de una purga sino ante una transición que muestra la estabilidad del sistema político. Las tareas no son de poca monta y el camino está lleno de obstáculos. Hu deberá actuar según el viejo proverbio chino que aconseja "cruzar el río tanteando las piedras".

Con Deng, China alcanzó un nivel de vida modestamente acomodado para la mayoría de sus habitantes y entró en la senda de la modernidad económica. La principal tarea de Hu Jintao será consolidar las condiciones para alcanzar las metas de largo plazo, para que hacia 2040 China tenga el primer producto interno del mundo y un ingreso per cápita 12 veces mayor que el actual (1.000 dólares anuales).

Para lograrlo debe contar con estabilidad interna y paz externa. El primer requisito no es difícil porque los éxitos del partido en el área económica le brindan la legitimidad para sostener el pacto político que lo coloca, sin retos serios, como el partido dominante a tal punto que un sinólogo norteamericano recomendó dejar de hacer predicciones sobre el colapso chino. Pero el ambiente internacional está cargado de tensiones en la vecindad: Asia Central, Corea, Japón, India y Pakistán, el extremismo musulmán en Filipinas e Indonesia y el problema de Taiwan. La configuración de un poder hegemónico en cabeza de Estados Unidos no deja mucho margen de maniobra para la estrategia china de multipolaridad.

Internamente los retos están en seis grandes temas.

Primero, el control natal. La tasa de crecimiento de 0,9 por ciento anual es baja para un país en desarrollo, pero una población de 1.300 millones de habitantes arroja 15 millones de nuevas personas al año.

Segundo, las desigualdades sociales por el enriquecimiento de una capa de la sociedad más que otra. Los chinos sostienen que es inevitable en la etapa primaria del socialismo y que lo importante es que no surja una clase capitalista dominante. Pero la moralidad socialista se pone en entredicho ante la reaparición de la mendicidad, la pobreza de zonas campesinas y la ostentación de lujo de unos pocos. Hasta ahora las diferencias son sostenibles porque la modernización económica alcanza a la mayoría de los chinos en forma pareja, pero hay que reducirlas.

Tercero, las desigualdades en el desarrollo de la costa y el interior como resultado de la estrategia de modernización con énfasis en la atracción de la inversión extranjera a la costa. Desde hace ocho años los chinos adelantan un plan de fortalecimiento del oeste cuyos resultados, aunque notorios, son aún precarios. No es fácil desarrollar el interior chino, aislado de los centros de consumo aunque rico en recursos naturales, pero es indispensable para el desarrollo del país y para aliviar las tensiones de las minorías étnicas musulmanas, que con un buen nivel de vida podrían no acceder a las propuestas separatistas.

Cuarto, el atraso de las empresas estatales y del sector servicios. China ya pasó por una reestructuración que implicó el despido de 20 millones de personas en los últimos cuatro años, pero la carga burocrática tiene un exceso aún de 20 millones más. El ingreso a la OMC impone retos a las empresas estatales y el sector servicios, sobre todo los financieros.

Quinto, la defensa nacional. El gasto en defensa es bajo comparado con Estados Unidos, Rusia y Japón y los chinos consideran que debe crecer más para enfrentar los retos de la guerra moderna. Es un gasto que distrae recursos de otras áreas, pero es indispensable en un país que tiene experiencias tan negativas con las potencias extranjeras.

Finalmente la lucha contra la corrupción oficial, que a pesar de contar con una severa política que incluye la pena de muerte para grandes casos de malversación, soborno y contrabando, es un problema para la legitimidad del partido.

Es probable que Hu Jintao, con 59 años de edad, esté a la cabeza del liderazgo por 15 ó 20 años, teniendo en cuenta que desde Mao hasta Jiang Zemin todos se han retirado por encima de los 80 años. Además de tiempo tiene una gran preparación política. El respaldo interno es notorio pero las tareas que le esperan son complicadas en un ambiente internacional inestable.
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