Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1992/07/20 00:00

EL CANCILLER DE HIERRO

¿Será el apoyo de Ochoa suficiente para que Pérez resista hasta el final? Mauricio Sáenz, enviado especial, reporta.

EL CANCILLER DE HIERRO

EL JUEVES 11 DE JUNIO EL PRESIDENTE DE Venezuela Carlos Andrés Pérez estaba reunido con sus colegas del Grupo de los Tres. César Gaviria Trujillo y Carlos Salinas de Gortari no solamente habían acudido a Caracas para hablar sobre integración, sino a simbolizar con su presencia la preocupación continental por las instituciones venezolanas. Lo que ninguno de los mandatarios sabía, era que Pérez tendría que sortear en las horas siguientes una nueva crisis que, a los ojos de los venezolanos, podría haber sido la antesala del caos.

A tiempo que tenía lugar la reunión, el Comité Nacional del partido socialcristiano Copei anunciaba su decisión de retirarse del gobierno, al que había aceptado ingresar tres meses atrás.
Eso significaba la renuncia del canciller Humberto Calderón Berti y del presidente del Fondo de Inversiones (con rango ministerial) José Moreno León.
Esa noche nadie daba un bolívar ni por Pérez ni por la democracia venezolana.
Durante toda esa semana habían circulado mensajes por fax y casetes de video que llamaban a la insurrección general contra "los corruptos políticos que han destruido nuestro país". El ambiente en la capital era de crisis total, y las amas de casa compraron tales cantidades de alimentos que hubo desabastecimiento.
Pero el viernes, Pérez salió con una jugada maestra. Para reemplazar a Calderón Berti nombró al hasta entonces ministro de Defensa general Fernando Ochoa Antich, su salvador en el intento de golpe del 4 de febrero y un hombre ampliamente respetado en el país. La tensión disminuyó como por encanto. Pérez había hecho gala de sus reflejos de viejo zorro de la política y había conseguido lo que en Venezuela se conside su objetivo primordial: ganar tiempo para poder terminar su peíodo y evitar que la historia lo recuerde como un mandatario fracasaao.

Que la tensión disminuyera en forma tan marcada fue la prueba de que Calderón es hoy por hoy el hombre más respetado de Venezuela (ver recuadro). Se trata de un militar "pico de oro", tan pulcro y tan pobre como para poder denunciar la corrupción rampante que afecta a la mayoría de la clase dirigente venezolana. La pregunta es si el nombramiento del general en una posición clave como la cancillería logrará "salvar" al gobierno de Carlos Andrés, o si, como la fallida participación de Copei, sólo le logrará "comprar" unos cuantos meses más.

¡QUE RENUNCIE!
El segundo mandato de Carlos
Andrés Pérez ha sido para él y para su país un constante dolor de cabeza. Un desfile de presidentes presenció, en febrero de 1988 el regreso del líder que había protagonizado en su primer mandato.
entre 1974 y 1979, no sólo la tendencia estatizante a nivel interno (nacionalizó la poderosa industria petrolera de su país), sino el Movimiento de los No Alineados en el contexto internacional.

Pero esta vez los clarines sólo anunciaban tormenta. El nuevo presidente recibió de su antecesor, Jaime Lusinchi, un país en el que las reservas internacionales habían tocado fondo por el pago de 5.600 millones de dólares como servicio de una deuda externa innecesariamente desproporcionada, y por una política de importaciones con dólares a tasas subsidiadas que enriqueció a muchos de sus amigos (en el escándalo del Recadi) y acabó por dilapidar las areas. Esa situación, agravada por la caída del petróleo, hizo que Pérez Sostuviera otra alternativa que apelar al Fondo Monetario Internacional por un crédito de 4.300 millones de dólares: Como es usual, el crédito exigía un paquete de medidas que incluía la privatización de empresas estatales (un giro de 180 grados ante el CAP de la década anterior), el alza de los servicios públicos, la liberación de las tasas de interés y el establecimiento de una tasa de cambio única y flotante para el bolívar.
Un mes más tarde del anuncio del ajuste, la situación de las clases más pobres se había deteriorado tanto que turbas enfurecidas bajaron del cinturón de miseria que rodea a Caracas y desataron una protesta que costó, según cifras extraoficiales, por lo menos cuatro mil muertos La protesta sorprendió a todo el planeta. Hasta entonces primaba aún la visión de una Venezuela forrada en petrodólares, en la que se consumía whisky escocés en los tugurios. Pero los más sorprendidos fueron los venezolanos que comenzaron a percibir la corrupción de su clase política.

Pérez trató de manejar la situación, pero el paso del tiempo y la inacción fueron personalizando el descontento en él mismo. Arturo Uslar Pietri un patriarca intelectual y político, desencadenó una bola de nieve cuando habló por primera vez de la posibilidad de un golpe de Estado en Venezuela. El intento de golpe se presentó el 4 de febrero y partió en dos la presidencia de Pérez. Aunque los indicadores macro económicos señalaban una recuperación impresionante, con un crecimiento del cerca del nueve por ciento, superior a toda Latinoamérica, el deterioro del nivel de vida se hizo insoportable y, según cifras extraoficiales, más del 40 por ciento de la población cayó por debajo de la línea de la pobreza. Desde entonces, el grito de "¡Que renuncie el presidente!" se volvió pan de cada día.

LAS SIETE VIDAS DE PÉREZ
El 4 de febrero un grupo de oficiales de nivel medio de las Fuerzas Armadas intentó derribar al presidente a nombre de un "Movimiento Bolivariano". El discurso del teniente coronel Hugo Chávez, de luchar contra la corrupción de los políticos tradicionales, lo convirtió en un héroe popular.
Quien salvó el puesto de Pérez tal vez su vida fue precisamente el general Ochoa Antich, quien se puso al mando de las fuerzas leales y derrotó rápidamente a la sedicion.
El golpe marcaría el curso de los acontecimientos posteriores. Ese día el secretario general del opositor partido democristiano Copei, Eduardo Fernández, defendió la democracia y la permanencia del presidente en el poder.
Entre tanto el fundador de su partido, el ex presidente Rafael Caldera, no sólo se abstuvo sino que dijo al día siguiente unas palabras de repudio a la corrupción que sonaron casi como un respaldo al golpe.

Mientras la Acción Democrática, AD, el partido de Pérez, parecía marchar hacia la división sobre su permanencia en el cargo, Fernández aceptó la incorporación de dos miembros de Copei en el gabinete posesionado el 10 de marzo el mismo día en que un gran "cacerolazo" sacudió a Caracas lo que dio lugar al primer gabinete de coalición en 30 años. El Copei le permitió a Pérez salvarse por segunda vez.
Pero pasaba el tiempo y ni el Consejo Consultivo Presidencial nombrado por Pérez ni las estrategias a favor de los menos favorecidos y contra la corrupción daban resultados visibles. Entre tanto. la imagen de Fernández, casi seguro candidato de Copei, se iba deteriorando, contagiada por la de Pérez. Por contraste, la de Caldera iba en ascenso, al mismo, ritmo con que subían de tono sus clamores por la renuncia del presidente. Fernández y sus partidarios, mientras pedían la expulsión de Caldera del partido que fundó, se negaban a aceptar el recorte del período.
Para los analistas, esa no era una actitud altruista para con Pérez, sino una estrategia porque era claro que si las elecciones se adelantaran, Caldera sería casi con seguridad el nuevo mandatario.
Pero los clamores por la salida de Pérez, en vez de amainar, arreciaban. Los grupos de izquierda MAS (Movimiento al Socialismo) y Causa R seguían convocando protestas, y el movimiento estudiantil adquiría impulso propio con una intransigencia que ya ha causado varios muertos entre estudiantes y policías.

En esas condiciones, un periodista del diario español El País le hizo a Pérez una pregunta sobre una eventual candidatura conjunta para las elecciones de diciembre del año entrante, y ahí fue Troya. El zafarrancho que siguió convenció a Copei de abandonar el barco. El debate sobre el viaje de Pérez a Rio fue un florero de Llorente que permitió a Fernández "sacar su maleta" de una "cohabitación" que se le estaba convirtiendo en un suicidio político. Pero de paso, dejó a Pérez de nuevo con un pie en el asfalto.

ENTRA EL GENERAL
Desde que dirigió la reacción leal contra los golpistas del 4 de febrero, el general Fernando Ochoa Antich se había convertido en un ministro de Defensa que ejercía una capacidad de crítica que sorprendió al país. Ochoa dirigió críticas cada vez más fuertes contra las dases dirigentes y, en especial, contra la cúpula de los partidos. No fueron pocas las ocasiones en que Ochoa les exhortó a "ceder poder, imponer cambios, democratizar el ejercicio del poder". Los analistas intentaban escudriñar si lo que había detrás era la preparación de un eventual golpe, o del indulto total para los cabecillas del 4 de febrero. Pero Pérez fue el único en advertir que las críticas de Ochoa lo convertian en un personaje indispensable, porque le permitían cultivar un prestigio que resultaría invaluable para su permanencia en el gobieno.

Visto bajo esa luz, el nombramiento del general Ochoa Antich no solo resultaba lógico sino imprescindible. Las razones son varias: Primera, si no hubiera sido por el ministro de Defensa, a es tas horas Carlos Andrés Pérez no sería presidente. Pérez tenia que enviar el mensaje a la oficialidad de que la lealtad recibe su premio, lo que se confirma con el nombramiento como ministro de Defensa del general Iván Jiménez Sánchez, jefe de Estado Mayor Conjunto. Segunda, Pérez le dio de esa manera un manejor de prestidigitador al difícil tema de los ascensos militares, que en Venezuela son el dolor anual de cabeza para los presidentes y que, en estas circunstancias, era una verdadera calamidad. Tercera, en cuanto al díferendo sobre aguas marinas y submarinas con Colombia, se quitó la espada de Damocles que implica su fama de colombianista y las constantes declaraciones de los militares sobre su supuesta "mano blanda" sobre el tema.

Pero, ¿podría la sola presencia de un "Canciller de hierro" salvar lo que resta del período de gobierno de Carlos Andrés Pérez? La respuesta, a juicio de los protagonistas y de la mayoría de los analistas, es más que compleja La gente en Caracas está convencida de que Pérez logró ganar un tiempo precioso y que esta vez si se salvó. Pero eso misino se pensó cuando Copei se integró al gobierno, y esa "solución" sólo duró tres meses. Para muchos, el problema es que la situación de Venezuela en realidad corresponde a un fenómeno mucho más profundo, en el que se habla de crisis de legitimidad de todo el sistema, que tiene su manifestación principal en el aspecto ético.
Esa crisis se manifiesta de varias maneras: Primero, casi todos los venezolanos parecen de acuerdo en que los políticos de su país son corruptos. Segundo, los partidos tradicionales han sido tan rígidos, que han derivado hacia la "cogollocracia", esto es, el gobierno de la cúpula partidaria. Se dice que Humberto Celli, director del gobernante Accián Democrática, o Eduardo Fernández, de su contraparte Copei, tienen más poder que cualquier ministro:

Tercero, el sistema político venezolano es muy reciente y no ha logrado que los partidos trasciendan a sus fundadores. La prueba es que todos los protagonistas actuales provienen de los años 40, época en que surgieron las actuales organizaciones. Arturo Uslar Pietri fue en 1941 ministro de la diatadura del general Isaías Medina Angarita. Rafael Caldera es el fundador del Copei. El propio Carlos Andrés era la mano derecha de Rómulo Betancourt, el fundador de AD Fernández y el dirigente del MAS, Teodoro Petkoff, pertenecen a generaciones que ya no pueden llamarse precisamente jóvenes.
Cuarto, Carlo, Andrés fue elegido con la idea de que Su regreso sería el retorno a la bonanza de los 70. En esos años, el barril del crudo se cuadruplicó y generó dineros suficientes para llenar el país de obras públicas y a la economía de dinero. La gente se acabo de acostumbrar a vivir bien sin demasiado esfuerzo, y eso hace que para ella el probgrama actual de austeridad resulte inexplicable.
Todo ello ha generado desconfianza hacia el Estado, al que se considera incapaz de suministrar los servicios básicos.

Quinto, la corrupción, que en Venezuela se asocia con la Presiencia de la República.
La frase clásica que oye todo venezolano que quiera tramitar algo ante el Estado es "¿ Y cuánto hay para eso? ". Pero antes había plata para todo, incluso para los corruptos, y el venezolano de hoy siente que le están robando el pan. Con esas premisas, es fácil entender por qué un golpista como Chávez se convierte de la noche a la mañana en héroe popular.

En esas condiciones, es difícil determinar si la sola presencia de Ochoa en la cancillerra pueda ser la salvación del presidente y del sistema político.
Las encuestas indican que el deterioro de la imagen de una figura está en relación inversa de su vinculación con la institucionalidad, lo que equivale a decir que mientras más alejado se esté del gobieno, sube su aceptación popular.

Por eso, los analistas mencionan varios escenarios posibles, en el entendimiento, como dice el senador independiente Ramón J. Velásquez, que cualquier cosa puede pasar y tal vez el único que tiene alguna idea al respecto es el propio Pérez. El primer escenario es que la presencia de Ochoa logre efectivamente tranquilizar las cosas al punto de que Pérez consiga su objetivo de llegar al final del año próximo. Pero los llamados a su renuncia siguen tan fuertes como siempre, los estudiantes no dan su brazo a torcer, circulan panfletos amenazantes de procedencia indeterminada, y el propio Ochoa ha dicho que no sólo entrará a retiro sino que sólo puede responder por la oficialidad de capitán hacia arriba.

El segundo escenario es que siga aumentando la presencia militar, una "bordaberrización" del proceso. Esa tesis se vio alimentada por declaraciones de Pérez en la inauguración de un puesto militar, en Castilletes, cuando dijo que nombrar más militares "no es inconstitucional" y por lo tanto "los militares pueden ser ministros, como cualquier ciudadano". Pero de nuevo puede tratarse de un impromptu usual en él y de un eco periodístico exagerado.

El último escenario es la salida institucional, que podría darse por dos vertientes: la renuncia del presidente o el acortamiento de su período, mediante un artículo transitorio en la reforma constitucional. Como dice el diputado Pompeyo Márquez, del MAS, "la salida de Pérez sería el inicio de la resolución de la crisis". Para su copartidario José Vicente Rangel, Pérez es culpable de su suerte por haber vendido en campaña la idea de que era un Rambo providencial, que a la hora de la verdad sirvió para manejar la abundancia pero no la escasez. Pero cualquiera de esas alternativas se estrella con la concepción de Pérez, según la cual el juicio de la historia le será negativo si renuncia. Caldera esgrime un argumento curioso: recuerde a De Gaulle o a López Pumarejo, a quienes la historia recuerda por sus ejecutorias y no por su salida del cargo.

Pero en muchos venezolanos crece la idea de que la clase política ha logrado personalizar en Pérez los problemas para echar una cortinua de humo sobre su propia corrupción. Los casos que se mencionan son casi interminables. En Copei, por ejemplo, se nombra al diputado Douglas Dáger, quien a pesar de estar asociado con un caso de extorsión, reabe la defensa a ultranza de su partido. En AD el caso más flagrante es el de Blanca Ibáñez, amante de Lusinchi, y a quien se calcula una fortuna superior a los 200 millones de dólares, mientras la fiscalía pide una condena excarcelable por su delito más benévolo. el tráfico de influencias.
Al propio fiscal Ramón Escovar Salom se le señala que mientras proclama una honestidad a toda prueba, fue cercano a Lusinchi a través de su embajada en París, lo que no le impidió ser elegido para su cargo actual con el voto de ambos partidos.
Por todo eso, la percepción generalizada es que la presencia de Ochoa es un factor positivo para las instituciones, pero también que se trata de una golondrina que sola no hace verano. Entre tanto, los ciudadanos de a pie ven deteriorarse su nivel de vida a pasos agigantados, sin que vislumbren una solución a sus problemas.

Las frases de Ochoa
EL GENERAL FERNANDO Ochoa Antich tiene la rara virtud de inspirar respeto en todos los estamentos de la sociedad venezolana, dentro y fuera de las Fuerzas Armadas.
Miembro de la clase que se graduó en el año de 1962, el general Ochoa estaba a punto de pasar a retiro por el cumplimiento de 30 años en el servicio activo, cuando el presidente Carlos Andrés Pérez le pidió que siguiera en el gabinete como ministro de Relaciones Exteriores.
Eso quiere decir que, así sea formalmente, Ochoa no será una cuota propiamente militar en el gobierno, lo cual no excluye que Pérez lo haya mantenido a su lado por su ascendiente entre la oficialidad.

Según la ex directora de Comercio Exterior, Gabriela Febres Cordero, la permanencia de Ochoa es una brillante jugada política de Pérez, pues el general recoge cualidades imprescindibles en los momentos que vive venezuela:"No sólo es ecuánime, sino inspira una confianza que la opinión pública ha perdido por completo en el presidente Pérez ". Para Febres, "se puede disentir de las opiniones de Ochoa, pero no sentir rechazo ante su actitud que emana una sensación de transparencia y alto sentido del cumplimiento del deber".
Desde su posición de ministro de Defensa, Ochoa no ahorró críticas contra los políticos e incluso contra la dirigencia militar, por su aparente indiferencia ante la suerte de los venezolanos de menores recursos. Esas frases, inusuales en alguien que ostenta una posición que en condiciones normales no es deliberante, le valieron no sólo una amplia corriente de respeto popular, sino su permanencia en el gabinete, aunque no pocos las consideraron incendiarias y amenazantes. Algunas de sus intervenciones son las siguientes:

Venezuela vive una crisis histórica que la puede envolver en un proceso de violencia Si no se promueven cambios profundos, mediante un acuerdo nacional que trascienda a los partidos políticos.

Como ministro de Defensa he reiterado muchas veces que la presencia del presidente Pérez al mando es importante para la estabilidad y credibilidad del país.

El dilema del país es escoger un cambio, una profunda transformación social y política en medio de la paz, o un cambio social y político en medio de la violencia.

Si la dirigencia nabonal reprime ese anhelo o trata de engañarlo con cambios gatopardianos, en que se produzcan cambios formales para que todo quede igual, que nadie se extrañe si estalla la violencia.

A propósito del "recetario" del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial adoptadas por el gobierno para salir de su crisis económica, "los pueblos no son sólo números ni cifras macroeconómicas. Son sentimiento, pasiones, problemas humanos y, por lo tanto, hay que tener una visión más humana de los procesos económicos, para que no se generen crisis como la que estamos viviendo".

Las Fuerzas Armadas no asumirán una posición distinta que no sea la de defender el sistema democrático y velar por la seguridad y la estabilidad de la nación.

El general y el diferendo
EL NOMBRAMIENTO DEL GEneral Fernando Ochoa Antich como canciller de Venezuela produjo escozor en sectores colombianos que pensaron que se avecinaría un endurecimiento de la posición de ese país ante el diferendo de áreas marinas y submarinas en el golfo de Venezuela. Esa sensación nació del hecho de que se trataba de la primera oportunidad en la historia en que un militar en servicio activo entraba a dirigir la diplomacia venezolana, y de las frecuentes críticas que provienen de sectores militares que acusan al presidente Carlos Andrés Pérez de ser un Colombianista irrendo y de ejercier una actitud demasiado blanda con este país. Es cierto que al nombrar a Ochoa en la dirección de la diplomacia venezolana, Pérez se quitó de encima por lo menos las críticas de sectores recalcitrantes del esamento militar de ese país.

Pero también es cierto que con el paso de los días la percepción de endurecimiento se ha ido difuminando por varios factores. En primer lugar, como dice una fuente diplomática colombiana familiarizada con el tema, Ochoa Antich es un hombre que conoce a fondo la problemática del diferendo y, a diferencia de muchos de sus colegas, maneja con precisión no sólo las variables estratégicas y militares sino las políticas.

Por otra parte, se señala que cuando Copei entró al gobierno de la mano del canciller Humberto Calderón Berti, las primeras declaraciones del nuevo ministro fueron casi pugnaces, puesto que llegó prácticamente a desconocer la existencia de las comisiones binacionales que de tiempo atrás han venido trabajando sobre diversos aspectos de la interación de los dos países en las áreas de frontera. Las palabras de Calderón Berti contrastan con las de Ochoa, quien en declaraciones para los diarios colombianos no ha perdido oportunidad de enfatizar que "es más lo que nos une que lo que nos separa". En una ocasión el general reconoció expresamente la autoridad de las comisiones, y dijo que al recibir el informe de las de su país, "recibirán todo mi apoyo ".

Pero por otra parte, analistas de ambos lados de la frontera están de acuerdo en que en lo relativo al diferendo, poco o ningún movimiento puede esperarse en lo que queda del gobierno de Carlos Andrés Pérez. La razón está en que cualquier disposición que pudiera ser interpretada equívocamente podría echar abajo el castillo de naipes que sostiene a Pérez.

Por último, algunos han puesto el toque sarcástico al señalar que Ochoa terminará su carrera en la milicia el 5 de julio y que a partir de entonces será tan militar como lo era el coronel retirado Julio Londoño Paredes en su paso por la cancillería colombiana.

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