Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1996/08/12 00:00

EL CASCANEL Y EL GATO

El tribunal internacional quiere que los criminales de guerra serbio-bosnios paguen sus culpas, pero nadie sabe cómo llevarlos a juicio.

EL CASCANEL Y EL GATO

Radovan Karadzic y Ratko Mladic, dos nombres que personifican la guerra civil que atenazó a Bosnia-Herzegovina durante casi tres años. Desde la semana pasada esos dos hombres son oficialmente fugitivos internacionales porque el Tribunal de Crímenes de Guerra para la antigua Yugoslavia, creado especialmente por la ONU, dictó una orden de arresto contra ellos. La medida coincidió con el aniversario de la toma de Srebrenica, una ciudad que había sido declarada refugio por la Otan y que fue arrasada por las fuerzas serbio-bosnias del general Mladic, bajo directas órdenes de Karadzic, 'presidente' de la 'República Serbia de Bosnia' (conocida como 'República Srpska'). La caída de la ciudad fue seguida por una masacre en la que al menos 4.000 bosnios musulmanes murieron en ejecuciones masivas que recordaron a los nazis en la Segunda Guerra Mundial. La impunidad en que se encuentran Karadzic y Mladic evidencia el escaso cumplimiento del acuerdo de Dayton (que en 1995 logró detener la guerra civil), y su presencia es al mismo tiempo el mayor obstáculo para la consolidación de la frágil paz promovida por Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia e Italia (el llamado Grupo de Contacto). Uno de los responsables de esa situación es el presidente de Yugoslavia, Slobodan Milosevic, quien no ha podido o no ha querido cumplir su parte del acuerdo. Milosevic, cuyo país quedó reducido a ser una federación de Serbia propiamente dicha con Montenegro, era el único interlocutor serbio aceptable, porque la 'República Srpska', creada en rebeldía contra la independencia de Bosnia-Herzegovina, nunca fue reconocida y, por el contrario, se convirtió en renegada por las atrocidades de sus soldados. Milosevic se comprometió en Dayton a excluir a Karadzic y Mladic de cualquier puesto en el gobierno local y a capturarlos, pero ahora alega que carece de poder político para hacerlo por el supuesto temor de una insurrección de los serbio-bosnios. Esa es una actitud que, vista en perspectiva, era de esperarse, pues el propio Milosevic tuvo mucho que ver con el comienzo de la guerra, e incluso se dice que alentó a los rebeldes y les ofreció la parte del ejército yugoslavo estacionada en su territorio. Pero tampoco los organismos internacionales han contribuido a despejar la escena, pues atemorizadas por las advertencias de Milosevic las tropas de la Otan no han movido un dedo para poner presos a los acusados. Por la parte política, el último en quedar en ridículo fue el representante especial de la ONU, el sueco Carl Bildt, quien anunció como un triunfo que Karadzic había renunciado a favor de su 'vicepresidenta', una mujer de línea dura llamada Biljana Plavsic. Pero acto seguido fue nombrado presidente del Partido Democrático Serbio, una organización que funciona al estilo de los antiguos partidos comunistas, lo cual quiere decir que Karadzic sigue efectivamente con el poder. En cuanto a Mladic, sigue viajando regularmente a Sarajevo y hace una semana estuvo, con uniforme de gala, en el funeral de un colega del antiguo ejército yugoslavo. Con su última medida el tribunal internacional pretende oficializar el acuerdo de Dayton en el sentido de que cualquier Estado quedará obligado a capturar a los acusados al cruzar sus fronteras. Y, en el desarrollo más impactante, el organismo decidió vincular a su investigación a Milosevic sobre la base de que, como dice la resolución, "algunos aspectos sugieren que existió un plan diseñado al más alto nivel político y militar serbio para establecer un nuevo Estado mediante el uso de la violencia". Pero el Tribunal se expone a quedar como rey de burlas, como sus organismos tutelares, la ONU y la Otan, que ya han sido objeto del total irrespeto de la parte serbia del conflicto. Porque si ha sido imposible juzgar a los líderes de una república ficticia, mucho menos podrá poner en cintura al presidente de Yugoslavia. Todo ese sainete internacional ocurre en momentos en que los investigadores siguen encontrando fosas colectivas que evidencian los crímenes orquestados por Mladic y Karadzic, y cuando se acerca el 12 de septiembre, fecha de las elecciones bosnias previstas en Dayton y cuyo éxito depende, sobre todo, del reasentamiento de musulmanes en áreas de las que fueron expulsados por la fuerza. Ese reasentamiento no será posible mientras Mladic y Karadzic sigan influyendo sobre sus paisanos, quienes bajo el influjo de un falso nacionalismo han terminado por defender a esos criminales y por identificarse con ellos. De ahí que el tiempo se acabe para la precaria paz de Bosnia.

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