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| 12/1/1986 12:00:00 AM

EL "COCO" DEL MEDIO ORIENTE

Amigo de terroristas y gobernantes, el sirio Hafez el-Assad provoca la ira británica.

A su lado, Gadafi resulta casi un pobre diablo. Hafez el-Assad, el presidente sirio de 56 años, es hoy por hoy prácticamente el "maestro" del terrorismo de Estado. La culminación en Londres del juicio por el caso del avión de El Al que dio lugar al rompimiento de relaciones entre la Gran Bretaña y Siria después de que los servicios de inteligencia británicos hallaron "evidencia concluyente" de la vinculación de diplomáticos y agentes secretos sirios con el intento de volar en abril de este año el jet con 375 pasajeros a bordo, sólo constituyó una prueba más de lo que ya era evidente. La inconmensurable habilidad de Assad para manejar el terror al lado de la más sutil diplomacia .
Con un sistema de intrincadas redes en Asia y Europa, el mantenimiento de estrechas relaciones tanto con los gobiernos como con los grupos terroristas que los combaten y millones de dólares para pagar mercenarios que rara vez son sirios, el presidente Assad ha hecho de la manipulación del terrorismo el arma que lo ha llevado a convertirse en el hombre indispensable, sin el cual sería imposible lograr la paz en el Medio Oriente.
Dentro de sus fronteras y desde sus embajadas, o apoyados por sus oficiales, operan grupos terroristas, como el palestino de Abu Nidal acusado de los atentados en los aeropuertos de Roma y Viena en diciembre o el clan Abdallah implicado en las bombas del septiembre negro parisino. Aunque los vinculos sirios con los actos terroristas en Europa son más bien recientes, tanto fuentes occidentales como árabes e israelíes aseguran que Hassad ha venido utilizando el terrorismo indiscriminadamente desde hace tiempo para tratar de imponer su propia política en el Líbano y en el resto del mundo árabe. Jordania la ha acusado reiteradamente de atentados contra sus diplomáticos. La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) cree que es responsable del asesinato en 1982 de la mano derecha de Yasser Arafat, Saad Sayel. El Líbano tiene razones para creer que estuvo vinculada directa o indirectamente en el asesinato del presidente electo Bashir Gemayel en 1982. Estados Unidos, por su parte, la ha acusado del bombardeo por el cual 241 soldados norteamericanos murieron en sus barracas en el Líbano en octubre de 1983 y del efectuado contra su embajada en Beirut en abril de ese mismo año.

UN INTERMEDIARIO
Paradójicamente, es esta misma situación la que le ha permitido al Presidente sirio un control sobre los grupos terroristas que los demás no pueden ejercer y que lo ha convertido en intermediario eficaz en situaciones como la de los rehenes del avión de la TWA secuestrado en Beirut el año pasado. Ese puesto de privilegio ha colocado a gobiernos como el francés, en situaciones difíciles como cuando el primer ministro Chirac, a raíz de los atentados de septiembre, no pudo explicar satisfactoriamente a la opinión pública por qué mientras anunciaba mano dura con los terroristas, enviaba un emisario especial a Damasco a discutir en términos diplomáticos lo que a la luz de la opinión pública no podía ser tratado en términos distintos a los requeridos, en un caso de apoyo extranjero al terrorismo.
Para Chirac, sin embargo, las cosas no resultaban tan fáciles. A los ojos del gobierno francés, Siria no sólo representa una buena oportunidad y tal vez la única de mediación para rescatar a los rehenes franceses en el Líbano, sino además la ficha clave para poder mantener su presencia en su antigua colonia y por consiguiente en el Medio Oriente. Razón que justifica la negativa que hasta ahora han mantenido los franceses con respecto a la solicitud de Gran Bretaña de unirse a sus sanciones contra Siria.
Aunque se considera que para los Estados Unidos y su interés de mediar en el conflicto, Siria tambien resulta importante, la administración del presidente Reagan ha anunciado en principio el retiro de su embajador en Damasco. Actitud que los observadores han interpretado como un mecanismo de presión sobre Assad para que tome parte más activa en el proceso de liberación de los rehenes norteamericanos en el Líbano y además como una especie de advertencia indirecta a los aliados sirios, Irán y Libia. La posibilidad, sin embargo, de que se llegue a sanciones más drásticas se consideraba en circulos oficiales aún remota, al finalizar la semana.
En cuanto a la Unión Soviética, aunque se dice que Assad no constituye ciertamente uno de los "favoritos" del Kremlin, el tratado firmado entre las dos naciones en 1980 por el cual los soviéticos mantienen unidades de defensa aérea en territorio sirio, a cambio del suministro de armamento soviético, crea entre los dos, vínculos que difícilmente se verán afectados.
Los países de la Comunidad Económica Europea, por su parte, aunque pidieron una explicación al gobierno sirio decidieron mantenerse también al margen de las sanciones aplicadas por la Gran Bretaña. Hecho que ratifica una vez más al presidente Assad, a pesar de todas las acusasiones formuladas en su contra, como el "coco" indiscutible del Medio Oriente.

BOMBA EMBARAZOSA
Ann Murphy, una mucama irlandesa de 32 años, con seis meses de embarazo, era la bomba humana con la cual su novio, el jordano Nezar Hindawi, esperaba volar el jumbo 747 de la línea aérea israelí El Al que el 17 de abril realizaba el vuelo Londres Tel-Aviv.
La suspicacia de uno de los guardias de la compañía, que notó demasiado peso en el bolso ya desocupado de la mujer, impidió que las tres libras de plástico explosivo checo colocadas en el doble fondo de la bolsa, convirtieran el avión y sus 375 pasajeros en cenizas .
Hindawi, quien portaba un pasaporte oficial sirio, fue identificado posteriormente como miembro de una organización antiisraeli conocida como Movimiento Revolucionario Jordano por la Supervivencia Nacional.
Según agentes británicos de inteligencia, Hindawi actuó por órdenes de la inteligencia siria y apoyado por el embajador sirio en la Gran Bretaña, quien además le dio alojamiento después de que se descubriera el intento de atentado.
Las autoridades británicas encontraron, igualmente, pruebas que indicaban que una vez en prisión, Hindawi trató de obtener su liberación a través de un canje con los rehenes británicos prisioneros en el Líbano, solicitado a través de una carta que el jordano habria logrado enviar desde la prisión a oficiales sirios.
Aunque el embajador Loutuf Allah Haydar negó las acusaciones y calificó el incidente como producto de un complot orquestado por los norteamericanos y la inteligencia israelí, los británicos encontraron "evidencia concluyente" como para condenar a Hindawi a 45 años de prisión y romper relaciones diplomáticas con el gobierno sirio. Acción a la cual Damasco respondió inmediatamente de idéntica manera, otorgando a la misión diplomática británica un plazo de siete días para salir del país.
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