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| 5/22/1989 12:00:00 AM

EL COMIENZO DEL FIN

Adnan Kashoggi, el traficante de armas más famoso del mundo, es encarcelado en Suiza.

La noticia de su detención le dio la vuelta al mundo, pero para los demás huéspedes del lujoso hotel Schweizerhof, en Berna, el hecho pasó completamente inadvertido. Los agentes de seguridad suizos arrestaron a Adnan Kashoggi en forma caballeresca. Conducido sin esposas a la cárcel del distrito de Berna, el hombre que sólo hace un par de años se hubiera podido declarar sin dificultad el más rico del mundo, comenzó la batalla para evitar su extradición a los Estados Unidos, país que lo reclama por una serie de cargos que van desde operaciones ficticias de finca raíz hasta contrabando de obras de arte, como testaferro de la familia Marcos, de Filipinas. Esto sin contar con que se lo vincule al proceso relacionado con el escándalo Iráncontras.
Kashoggi no creía correr riesgo alguno en Suiza, a donde había acudido con su hija Nabila para una serie de chequeos médicos. Aunque desde que se le expidió orden de captura en octubre del año pasado, el millonario no volvió a entrar a los Estados Unidos, era visto frecuentemente en los lugares más exclusivos de Europa.
En su viaje a Suiza lo esperaba la gran sorpresa. Las autoridades del país actuaron en cuestión de horas, a partir de la solicitud estadounidense. El siguiente paso, según el tratado de extradición vigente entre los dos países, corre por cuenta de los norteamericanos, quienes deberán presentar una detallada solicitud de extradición, para que ésta se lleve a cabo. Pero aunque el millonario puede ejercer recursos para evitarla, su traslado a Nueva York se da como un hecho.
Mientras Kashoggi, que jamás había pisado una cárcel, iniciaba su defensa judicial, muchos se preguntaban cómo era que el financista saudita había pasado de ser un personaje del jet set internacional, que se codeaba con presidentes, príncipes y reyes a ambos lados del Atlántico, a dormir en un calabozo suizo.
Nacido en un hogar de clase alta hijo de un médico de la realeza árabe Kashoggi se codeó desde cuando asistió al colegio con ricos y poderosos y fue compañero de clase en el Victoria College de Alejandría, del futuro rey de Jordania, Hussein, y de los hermanastros del rey Faisal de Arabia. Cuando sólo tenía 21 años comenzó a amasar su fortuna al vender al gobierno de Arabia Saudita una flota de camiones Kenworth. De ahí en adelante siguió ejerciendo la representación de toda clase de empresas hasta que, en 1962, descubrió el filón que lo llevaría a la categoría máxima entre los millonarios del mundo: el tráfico de armas. Fue por cuenta del entonces príncipe Faisal que compró un millón de libras esterlinas en armamento con destino al rey Iman Badr, de Yemen.
Kashoggi se covirtió en el hombre clave del mundo árabe en lo que tenía que ver con la compraventa de armas. Sus conexiones alcanzaron los niveles más altos, y se hizo amigo de toda clase de personajes en todos los extremos del espectro político y geográfico: de Shimon Peres a Yaser Arafat, de Lee Iacocca a Jomo Kenyatta y, además, Richard Nixon. Su estilo de vida de las mil y una noches lo convirtió en el centro de atracción del mundo de la frivolidad internacional. Yates, aviones privados, fiestas suntuosas en las que los invitados eran alojados en hoteles de lujo y transportados en avión privado de y hasta sus casas, se convirtieron en pan de cada día en la vida de Kashoggi, quien en medio de semejante poder tuvo hasta la audacia de pretender solucionar con sus conexiones el problema árabe-israelí.
Pero en medio de su fastuosidad, los rumores sobre la debilidad financiera de su imperio comenzaron a ganar fuerza. Una serie de negocios mal planeados, entre los cuales se menciona un gigantesco proyecto urbanístico en los Estados Unidos, comenzó a quitarle piso a su mito de millonario invencible. En medio de sus dificultades, resultó siendo el hombre clave de la negociación en el escándalo de las armas vendidas por los Estados Unidos a Irán para financiar a los contras de Nicaragua. La mala estrella de ese episodio parecería ser el comienzo de su descenso.
Despojado de sus múltiples casas y apartamentos alrededor del mundo, Kashoggi terminó sirviendo de testaferro a Ferdinando Marcos en sus operaciones destinadas a sacar de las Filipinas parte de la enorme fortuna que el dictador y su mujer le habían esquilmado al tesoro público de su país. Kashoggi puso su nombre de millonario para hacer inversiones en finca raíz en Nueva York por US$103 millones y se prestó para vender una cantidad indeterminada de obras de arte que fueron sacadas de las Filipinas cuando la pareja Marcos se exilió en Hawai.
Pocas personas creen que Kashoggi saldrá indemne de este episodio. Según su abogado norteamericano Frank Morse, su fortuna ya no puede pasar de los US$40 millones, pero está amenazada por todos los flancos. Su propiedad más preciada, su casa de Marbella, está afectada por múltiples hipotecas. Contemplando la vida de Kashoggi, para muchos se hace claro que mientras más alto se sube,más fuerte es la caída.




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