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| 8/3/2013 2:00:00 AM

El comienzo del fin

Silvio Berlusconi, quien controló la escena política italiana en los últimos 20 años, fue sentenciado en firme a cuatro años de cárcel por el caso Mediaset. Aunque por su edad no pise una celda, su primera condena judicial podría significar el fin de una era.

El jueves en la tarde, el Tribunal Supremo de Italia tomó una decisión histórica. Por primera vez el poder judicial expidió una condena en firme contra el ex primer ministro Silvio Berlusconi, el hombre que durante más de dos decenios dominó la escena de ese país, no solo por su poder político, sino por la dimensión de sus industrias, que lo hacían el hombre más rico del país. 

Berlusconi había burlado varios procesos en su contra, no solo por corrupción, sino por mantener relaciones sexuales con menores. Con su inmensa influencia manejaba los procesos a su antojo para librarse de los ataques judiciales. Pero el caso Mediaset puso fin a su carrera de evasiones. 

El tribunal confirmó su condena a cuatro años de prisión y es posible que cumpla una pena de arresto domiciliario, aunque quedará en manos del Tribunal de Milán decidir si debe quedar inhabilitado para ejercer cargos públicos. A pesar de esto, muchos observadores consideran que Il Cavaliere, como lo conocen en Italia, ha recibido un golpe definitivo en su aspiración de regresar al poder. 

Curiosamente el asunto que le dio el golpe final parece menor comparado con las demás acusaciones en su contra. Según confirmó el Tribunal Supremo, Berlusconi y su grupo audiovisual comenzaron a cometer fraude fiscal desde cuando compraron los derechos de transmisión de películas estadounidenses por más de 470 millones de euros, entre 1994 y 1999, con un supuesto aumento artificial del precio para evadir al fisco y desviar el dinero a cuentas en el extranjero. 

Berlusconi empezó a hacer negocios como estudiante, cuando decidió vender los apuntes de clase a sus compañeros. Luego de ser cantante en cruceros de lujo por el Mediterráneo entró al negocio de la construcción y, poco a poco, se convirtió en el rey Midas. Conquistó la televisión, el mundo inmobiliario, el futbolístico, como presidente del club A.C. Milan, e hizo todos los negocios imaginables.

Cuando decidió que ya había conquistado todo, se lanzó a la política. Fundó el exitoso partido Forza Italia, que en 1994 lo llevó al cargo de primer ministro con la mayor cantidad de votos en el último medio siglo.

Diez años más tarde, con 1.060 días en el poder, se coronó como el político más importante de Italia. Su administración se convirtió en la más larga de la historia y consiguió romper el récord que desde 1946 poseía el socialista Bettino Craxi, su amigo y protector. 

Aunque Berlusconi conquistó en su país altos niveles de popularidad, sus métodos de transformar todo en dinero se percibieron como una amenaza de retroceso político en el viejo continente. Y los italianos le perdonaban todo. El sociólogo Giuseppe De Rita, quien ha observado por más de 45 años al exministro italiano, explicó el fenómeno en un famoso libro. 

“Su gran mérito ha sido el de subirse a un nuevo y largo ciclo histórico-cultural. En sus discursos electorales siempre insiste en que es él quien garantiza a los italianos la libertad de ser ellos mismos. Su mensaje es: ‘¿Quieren ser ricos?, ¿quieren ser internacionales?, ¿quieren ser de los que se van de putas?  Yo personifico eso, yo también soy alguien que quiere ser uno mismo’”. 

Pero su descaro comenzó a hacer mella. Sus fiestas ‘bunga-bunga’, en las que había drogas y prostitución con menores, incluida una bailarina conocida como Ruby Robacorazones, le significaron una condena en primera instancia a siete años de cárcel. También por el caso Unipol recibió un año por escuchas ilegales y tiene aún pendiente el caso De Gregorio por soborno, entre otros.

Desde hace 16 años, Il Cavaliere ha tenido que mover todas sus influencias judiciales –e incluso legislativas– para blindarse contra una condena en firme. Pero solo ahora una decisión judicial quedó confirmada. 

Su final en la política podría significar un revolcón en la derecha italiana y afectar la coalición en el poder. Su partido, el Pueblo de la Libertad (PDL), forma parte del gobierno de coalición conformado en abril para sacar al país del limbo político en el que quedó luego de las elecciones de febrero. Pero el jueves las manifestaciones de júbilo en las afueras del Tribunal parecían demostrar que, en cualquier caso, el largo romance de Berlusconi con los italianos llegó a su fin. 
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