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| 5/18/2002 12:00:00 AM

El contraataque

Los ataques suicidas en Riad dan a entender que la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo está muy lejos de resolverse.

Después de sus victorias militares en Afganistán e Irak la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo sufrió su traspiés más serio con los atentados de la noche del lunes en Arabia Saudita, donde nueve suicidas atacaron sincronizadamente tres conjuntos residenciales para extranjeros en Riad.

"Encontraremos a los asesinos y aprenderán lo que significa la justicia norteamericana", afirmó horas después el presidente estadounidense, George W. Bush. Y su rabia no era gratuita pues los ataques, que precedieron por sólo unas horas la visita del secretario de Estado, Colin Powell, para impulsar la 'hoja de ruta' -el plan de paz para el conflicto árabe israelí-, constituyen probablemente el mayor desafío a Estados Unidos desde el 11 de septiembre. Como era de esperarse, todo apunta a una célula de Al Qaeda.

A pesar de que el saldo final de por lo menos 34 muertos estuvo muy por debajo de la cifra inicial de 91 dada por el Departamento de Estado, los atentados cumplieron su objetivo, demostraron que la guerra contra el terrorismo está lejos de resolverse a favor de Washington y que la capacidad para perpetrar ataques se mantiene intacta. "La naturaleza de este tipo de guerra es que cualquiera es un objetivo potencial y esto es suficiente para inducir los niveles de ansiedad requeridos por la violencia subversiva. Muchos ataques pueden no ser logísticamente posibles pero, a juzgar por la reacción norteamericana, sólo unos pocos son necesarios para generar la ansiedad y rabia deseadas", explicó a SEMANA el profesor Conor Gearty, especialista en terrorismo de la London School of Economics.

Pese a las impresionantes imágenes el ataque no fue sorpresivo. Hace poco más de una semana las autoridades saudíes habían cercado a 19 sospechosos de pertenecer a Al Qaeda, que se vieron forzados a escapar dejando abandonados explosivos, armamento, equipos de comunicaciones, dinero y pasaportes. Desde hace algún tiempo era conocido tanto en Washington como en Riad que existían planes para realizar atentados y el Departamento de Estado había advertido a los viajeros norteamericanos acerca de la potencial amenaza.

Aunque el tema de Arabia Saudita ha sido desplazado en los titulares por Afganistán, Irak y Corea del Norte se trata de un eslabón fundamental en la guerra contra el terrorismo. La monarquía saudí rige un país en crisis, que es a la vez un aliado estratégico de Estados Unidos y uno de los mayores riesgos para su seguridad.

Osama Ben Laden, al igual que 15 de los 19 participantes de los ataques del 11 de septiembre, es de origen saudí y a pesar del esfuerzo del príncipe Abdullah, jefe de gobierno y heredero de la corona, el balance del país árabe combatiendo el terrorismo ha sido bastante pobre. Después de los atentados contra las Torres Gemelas el gobierno fue duramente criticado por su incapacidad para asistir a los servicios de inteligencia norteamericanos y durante los últimos 15 años Arabia Saudita ha sido, al lado de El Líbano, el principal escenario de atentados contra intereses occidentales, en particular norteamericanos y británicos.

La mayoría de los saudíes no están de acuerdo con la política pronorteamericana de la familia real y, tal como ellos lo ven, la guerra contra el terrorismo no es más que la guerra contra el Islam. A eso se suma el creciente descontento por las desfavorables condiciones económicas y sociales en un país muy rico. Cada año el sistema educativo arroja 350.000 jóvenes con 70 por ciento de formación religiosa y poca o ninguna formación técnica. Miles no encuentran trabajo en un mercado laboral dominado por trabajadores extranjeros, la riqueza de los príncipes contrasta con la pobreza creciente y no existen instituciones para desahogar ese descontento. Incluso para muchos, el extraño escape de los 19 sospechosos de hace dos semanas pareció confirmar los indicios que señalan que en las propias fuerzas de seguridad saudíes hay simpatizantes de Al Qaeda

Resulta un tanto sorprendente el momento en que se produjeron de los atentados en Riad. Un par de semanas atrás Estados Unidos había anunciado la retirada de las tropas que se encontraban en territorio saudí desde la primera Guerra del Golfo, en 1991. Ben Laden había exigido esta retirada desde hace tiempo y es un gesto que en teoría debería haber calmado los sentimientos antinorteamericanos de la población. Al respecto Matthew Levitt, experto en terrorismo y política norteamericana del Washington Institute, explicó a SEMANA que "con el anuncio norteamericano de retirar las fuerzas estadounidenses para el final del verano, Al Qaeda lógicamente querrá dejar de concentrarse únicamente en la presencia militar para pasar a atacar cualquier tipo de presencia occidental, así como la ilegitimidad de la familia real saudita".

Muchos analistas coinciden en que los atentados implicarán un giro en el régimen saudí, cuya necesidad de establecer reformas significativas en su estructura se hacen cada vez más evidentes. Si bien las relaciones de Washington con Riad probablemente sigan siendo cordiales la situación de Arabia Saudita viene a sumarse a Irán y Siria como las principales preocupaciones estadounidenses en la región.
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