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| 7/26/2008 12:00:00 AM

El criminal de Bosnia

Con la captura de Radovan Karadzic se da un paso importante para cerrar las heridas de los conflictos de los Balcanes. Pero todavía falta el general Ratko Mladic, su aliado incondicional.

Otros prófugos como él se han enterrado en vida para evitar ser capturados. Pero Radovan Karadzic, el carnicero de Sarajevo, vivió los últimos 12 años a la luz del día, como cualquier otro ser humano. El montenegrino se ganaba tan bien la vida como médico alternativo, que podía darse el lujo de tomar vacaciones, apostar en un casino, montar tranquilamente en bus o salir en las noches a tomar una copa de vino tinto en un bar de Belgrado.

Esa puesta en escena le dio resultado hasta el lunes pasado, cuando fue encontrado por la Policía. Al saberse la noticia, ninguno de quienes lo habían conocido como Dragan Dabic creía que ese hombre de barba blanca y aspecto bonachón fuera en realidad uno de los criminales de guerra más buscados del mundo, acusado de toda clase de atrocidades por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia. Médico siquiatra, poeta y ex sicólogo del equipo de fútbol Estrella Roja de Belgrado, este político multifacético se volvió tristemente famoso cuando se convirtió en presidente de la república Sprska, la entidad territorial a partir de la cual los serbios de Bosnia se lanzaron a hacer una limpieza étnica de bosnios musulmanes y bosnios croatas, durante los conflictos que terminaron con la disolución de la Federación Yugoslava en los años 90. Karadzic es acusado en particular por la toma de la capital bosnia, Sarajevo, que causó 12.000 víctimas, y por el asesinato de cerca de 8.000 musulmanes de Bosnia en la ciudad de Srebrenica, en 1995, considerada la peor atrocidad perpetrada en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

La captura de Karadzic, de 63 años, marca un momento histórico en la región. Al ser extraditado a La Haya para ser juzgado, se podrá comenzar a conocer la verdad de lo sucedido, condición necesaria para dejar atrás ese capítulo trágico. Porque más allá de la alegría por su captura, resulta increíble que un criminal de guerra de su talla se haya movido con tanta libertad en Serbia durante 12 años, a pesar de que en la búsqueda, las autoridades eran apoyadas por las tropas de la Otan.

Además, para la justicia internacional comienza el reto de evitar que su caso se prolongue indefinidamente, como ocurrió con el del presidente serbio Slobodan Milosevic, quien murió en la cárcel mientras era juzgado, luego de interrumpir una veintena de veces su proceso. Como Milosevic en su momento, Karadzic también afirmó que no reconoce la legitimidad del tribunal internacional y anunció que asumirá personalmente su defensa.

Más importante aun, a la tarea de cerrar las heridas de una época traumática todavía le falta un personaje central: el general Ratko Mladic. Este siniestro personaje fue acusado conjuntamente con Karadzic por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia y desapareció cuando Milosevic fue capturado en 2001. Antes de eso había vivido libremente en Belgrado y se había convertido en una figura pública muy reconocida.

La captura de Mladic es un imperativo por su pasado criminal. Pero también porque para el gobierno serbio del presidente Boris Tadic no es suficiente la captura de Karadzic para allanar el camino de su aspiración a ingresar a la Unión Europea. Para que esa ilusión se cumpla, es necesario poner tras las rejas a su cómplice Mladic. Ese requisito quedó formalizado cuando el acuerdo de preadhesión firmado con la Unión Europea en abril pasado incluyó como condición que Serbia demostrara su compromiso de capturar a los criminales de guerra.

Sus atrocidades hicieron pensar al mundo que los horrores experimentados en Europa en la Segunda Guerra Mundial no estaban sepultados en el pasado. Por eso, tanto desde el punto de vista político como desde una mirada a las víctimas de esos años trágicos, Serbia y el resto del mundo celebran la caída de Radovan Karadzic.
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