Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2001/03/12 00:00

El cuartelazo

El presidente Hugo Chávez estuvo a punto de recibir su propia medicina el 3 de febrero, cuando varias unidades del Ejército se sublevaron.

El cuartelazo

Pocos de los 24 millones de venezolanos se enteraron de que durante los festejos convocados por el presidente Hugo Chávez para glorificar el noveno aniversario de su intentona golpista del 4-F, el pasado fin de semana, los altos oficiales de la Fuerza Armada Nacional le armaron un amago de ‘cuartelazo’ para protestar la designación del canciller José Vicente Rangel como ministro de Defensa en sustitución de su titular Ismael Hurtado.

“Fue un malestar tan grande, manifiesto y marcado en forma abrumadora como los dos alzamientos ocurridos en 1992. El cuartelazo se expresó en los pasillos con una gran expresión de indisciplina general entre las tropas y los comandantes”, dijo a SEMANA el vicealmirante retirado Iván Carratú, quien fue jefe de la Casa Militar en la época de Carlos Andrés Pérez, a quien Chávez intentó derrocar por la fuerza en 1992, en un hecho que le catapultó, con el correr de los años, a ganar el poder con el 56 por ciento de los votos en las elecciones de diciembre de 1998.

Según Carratú, el amotinamiento castrense fue encabezado por la Armada, el Ejército y la Guardia Nacional y ocurrió principalmente en las bases militares de Maracay y Valencia y con algunos focos en la provincia como en Apure. Esta es la primera crisis militar que enfrenta el mandatario en los dos años que lleva en el poder.

“Concretamente el viernes 2 de febrero en la tarde, durante su segundo aniversario en el Palacio de Miraflores, cuando anunció el traslado de Rangel a Defensa, la reacción en los cuarteles fue de indisciplina total a todos los niveles desde los soldados, suboficiales hasta el alto mando porque rechazan al canciller”, añadió.

El cuartelazo de indisciplina se mantuvo unas 24 horas del fin de semana mientras “un grupo de oficiales comisionado fue a hablar con Chávez para que no dejara a Rangel comandando a las tropas porque lo rechazaban y se iba a producir una ruptura”, dice Carratú.

Para resolver la crisis, el mandatario nombró al general de aviación Luis Amaya Chacón, como jefe de la Fuerza Armada, quien estará directamente bajo el mando presidencial, y a Rangel lo limitó a la parte administrativa y política de Defensa con oficina nueva en el centro de Caracas y no en la sede del Ministerio castrense.

Tanto Rangel como el ministro saliente, el general Ismael Hurtado, han desmentido las versiones de la rebelión de los cuarteles por el nombramiento del canciller. Para Carratú el problema surgió “ no porque sea el primer civil en ocupar la cartera castrense sino por los antecedentes de Rangel en cuya columna periodística hasta hace dos años negociaba con chantaje las informaciones de la compra de equipos bélicos en las Fuerzas Armadas. En su columna convirtió el hecho militar en un tráfico de información y pasto de intrigas” .

“El acuartelamiento fue una campanada de alerta para Chávez. La Fuerza Armada es el hueso duro de roer del mandatario porque no quiere cargar con todo el peso del desprestigio de su gobierno. Los oficiales venezolanos están demostrando que no es tan fácil hipnotizarlos con los discursos de gritos, insultos y odios que da Chávez a la sociedad civil”, concluyó Carratú.

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