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| 2/13/2012 12:00:00 AM

El desafío del elegido

La jornada del domingo fue histórica. Por primera vez la oposición venezolana eligió en las urnas a su candidato a la Presidencia. Por el interés que generaron y la cobertura de los medios nacionales e internacionales, estas elecciones podrían considerarse una “primera vuelta”, previa al balotaje presidencial de octubre.

Los ciudadanos atendieron el llamado de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) a votar sin miedo, a pesar del recuerdo de las represalias que padecieron muchos ciudadanos por haber firmado la petición de referendo revocatorio del Presidente en 2004. Por exigencia de la oposición, esta vez no se usaron las máquinas que identifican la huella del elector para evitar que vote más de una vez, y el uso de la tinta indeleble fue opcional. Además se destruirán los cuadernos de votación después de 48 horas de la publicación de los resultados.

La participación, cercana a tres millones de votantes, desbordó las expectativas más optimistas, que apuntaban a dos millones para un proceso primario. Los electores de la oposición enviaron un mensaje claro a sus dirigentes. Están dispuestos a movilizarse, pero no desean un retorno al pasado.

Ganó el discurso moderado
Henrique Capriles Radonski tendrá el desafío de enfrentar en octubre a Hugo Chávez, quien buscará su cuarta elección consecutiva. Otros cuatro aspirantes compitieron por la nominación a la Presidencia: Pablo Pérez, María Corina Machado, Diego Arria y Pablo Medina. También se eligieron candidatos unitarios para 17 gobernaciones y 249 alcaldías, entre 1.037 aspirantes.
 
La abrumadora diferencia que obtuvo Capriles sobre el gobernador zuliano Pablo Pérez, cercana a los 30 puntos, es la recompensa de un electorado que lo percibió como el abanderado de la renovación de la dirigencia opositora. Pablo Pérez contaba con el apoyo de partidos tradicionales como Copei y Acción Democrática. Si bien ello le permitió beneficiarse de la maquinaria tradicional de la oposición, lo mantuvo más atado a los vicios de la muy criticada cuarta república.

El candidato que se medirá a Chávez en octubre es el actual gobernador del estado Miranda, el segundo más poblado del país, y que comprende una gran parte del área metropolitana de Caracas. Este abogado de 39 años milita en el partido Primero Justicia, y fue además presidente de la Cámara de Diputados en 1999 y 2000, y alcalde del municipio Baruta (Miranda) durante ocho años.

Capriles, quien se declara seguidor del modelo brasileño que impulsó Lula da Silva, pertenece a una reconocida familia de origen judío que emigró a Venezuela huyendo de la Segunda Guerra Mundial, y que en la década de los cuarenta fundó la Cadena Capriles, uno de los grupos de comunicación más importantes de Venezuela. En 2004, Capriles fue enviado a prisión, vinculado al asalto a la Embajada de Cuba en Caracas durante el golpe de estado de 2002. Fue absuelto cuatro meses más tarde.

Durante toda la campaña, Capriles fue el candidato con mayor nivel de agrado entre los electores. Su temprana trayectoria política y su carisma de cara a la clase media venezolana le permitieron ganar en esta contienda. Su discurso apunta a despolarizar al país y evita el ataque frontal a Chávez, para motivar a los electores indecisos o parcialmente descontentos con el gobierno. Incluso le reconoce al presidente venezolano el haber introducido el tema social en la agenda política, y apuesta por continuar y mejorar las “misiones” sociales que inició el gobierno en 2003 y que han permitido a Chávez mantener el respaldo de los electores de menores ingresos. “Yo aspiro a ser el presidente de todos los venezolanos, de los verdes, de los amarillos, de los rojos y de los que no tienen color”, afirmó después de conocerse los resultados.
 
La adhesión que recibió del precandidato Leopoldo López fue decisiva y permitió que usara el discurso de ruptura con el pasado como primera línea del debate. López le brindó a Capriles profundidad en su propuesta de seguridad y movilización en estados en los que Primero Justicia no es fuerte. Esta unión era deseada por muchos venezolanos y en las redes sociales se evidenció el efecto positivo que provocó.
 
Un aprendizaje tortuoso
Hasta hace poco la idea de unas primarias parecía utópica. Durante años la dirigencia opositora encadenó errores y estrategias suicidas, que van desde el golpe de 2002 hasta el boicot a las elecciones legislativas de 2005, que le permitió oficialismo controlar la totalidad del congreso. El punto de inflexión se remonta a enero de 2008, cuando se creó la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), una coalición compuesta por 34 partidos y movimientos políticos de que van desde la centro izquierda hasta la derecha.
 
Ahora la oposición cree haber encontrado el camino para marcar la agenda política y desarrollar una estrategia electoral exitosa. Las primarias hacen parte del mayor intento por renovar las élites opositoras y gestar un liderazgo capaz de comandar un nuevo ciclo político en Venezuela. Por primera vez se abandonó el nombramiento del candidato “a dedo” por parte de las dirigencias partidarias, y los precandidatos suscribieron un programa de gobierno de “unidad nacional”. El proceso demandó un complejo ejercicio de reconocimiento, debate e integración entre actores muy diversos, y la construcción de una disciplina que se manifestó de forma elocuente en la fotografía histórica de los cinco precandidatos acompañando al ganador, durante la noche del domingo. Es esa maduración política la que recibió el reconocimiento de tres millones de votantes.

La campaña permitió a los precandidatos desplegar sus recursos publicitarios y participar en tres debates televisados. Aunque muchos analistas consideran que sus mensajes fueron anodinos y carecieron de propuestas convincentes sobre seguridad y política económica, fue posible construir una discusión serena en la que no se desperdició un minuto insultando a nadie, algo loable en un ambiente de polarización política en el que la agresión es la norma. En los últimos días, la campaña opositora logró algo impensable: relegar a un segundo plano la discusión acerca del estado de salud de Chávez.

Por la conquista de los indecisos
A partir de hoy la campaña tendrá una dinámica paradójica. Ni el oficialismo ni la oposición pueden contar sólo con sus incondicionales para ganar. Ambos se verán forzados a seducir al centro político, compuesto por ciudadanos apáticos e indecisos. Pero simultáneamente tendrán que resaltarse las diferencias, pues un candidato que ofrezca lo que hace Chávez, pero mejorado, corre el riesgo de que el votante prefiera el original a la copia.
 
La oposición intentará capitalizar los resultados como evidencia de un talante diverso y democrático, y destacará su contraste con el chavismo, que no realizará elecciones primarias ni promoverá debates. El oficialismo, por su parte, resaltará que la participación fue baja comparada con los 18,3 millones de venezolanos que componen el registro electoral, y continuará apelando al temor de un desmonte de los beneficios sociales y el regreso a las prácticas política de la cuarta república, en el caso de una victoria de la oposición.
 
Es probable que Capriles, ya como candidato unitario, escale puntos en las encuestas por el efecto de las primarias y por la adhesión de los otros precandidatos, que serán un soporte fundamental durante la campaña. Sin embargo, a ocho meses de las presidenciales, la situación de Chávez sigue siendo cómoda: goza de altos niveles de popularidad después de 13 años en el poder, y cuenta con recursos significativos para reforzar los programas sociales que le han permitido cultivar la fidelidad de sus electores.
 
 
*Consultor, ex diplomático y economista colombiano. Fue Consejero Político y Económico de la Embajada de Colombia en Venezuela, y Director de Estudios Económicos de la Cámara Colombo Venezolana. Ha realizado publicaciones y conferencias sobre las relaciones colombo venezolanas y el proceso andino de integración.

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