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| 11/28/1988 12:00:00 AM

EL DESHIELO

El canciller oestealemán cruza la cortina de hierro en otro acto de acercamiento con la URSS.

Por esta época, mientras comienza el larguísimo invierno ruso, Moscú empieza a cubrirse de nieve. Sin embargo, cuando llegó a esa capital el canciller oestealemán Helmut Kohl, para ser recibido por el secretario general Mikhail Gorbachov, el ambiente fue de cálido deshielo. Tras cinco años de relaciones dominadas por el frío, la invitación de Kohl a Moscú marcó el comienzo de un nuevo capítulo de cooperación entre Alemania Occidental y la Unión Soviética.

Entre los políticos de la Europa no comunista, era Kohl quien se habia mantenido más apartado de los nuevos aires del Kremlin. Primero, había despertado las iras de la Unión Soviética en la era pre-Gorbachov cuando permitió la colocación en suelo alemán de los misiles norteamericanos de alcance medio en 1983. Pero tampoco cambió su actitud con la llegada del nuevo secretario general pues en octubre de 1986, en una entrevista concedida a la revista norteamericana Newsweek, Kohl comparó los esfuerzos de relaciones públicas de Gorbachov con las campañas propagandísticas del ministro nazi Josef Goebbels .
En esas condiciones, Kohl puso a Alemania Occidental en la dificil posición de quedarse de! tren de la aproximación a los soviéticos y, a nixel doméstico, perdió la oportunidad de beneficiarse de la corriente de simpatia que, con creciente importancia, despertaba Gorbachov en los paises occidentales .

Las ofensas de Kolh no hicieron sin embargo, que los soviéticos abandonaran sus intentos de aproximacion para con la República Federal.
Para Moscú nunca ha habido duda de que la cooperación alemana es de gran importancia en la reestructuración de la economía soviética y en particular en la modernización de sus medios de producción. Los coqueteos incluyeron la invitación de muchos politicos alemanes, incluso de la oposición, que en un desfile ininterrumpido visitaron las salas de recibo del Kremlin, ante un Gorbachov lleno de manifestaciones de buena voluntad.

Esa buena voluntad se dejó sentir, además, en una serie de medidas que llegaron hondo en el corazón de los alemanes. Entre ellas, el permiso otorgado en forma masiva a miles de ciudadanos soviéticos de origen alemán para emigrar a su madre patria, el visto bueno dado a la visita del líder de Alemania Oriental Eririch Honecker a Alemania Occidental y, más recientemente, la nueva actitud ante el status de los ciudadanos de Berlin occidental (que los rusos nunca han querido reconocer como oestealemanes), sentaron las bases para el acercamiento entre los dos paises. La respuesta no se hizo esperar. Kohl comenzó a recuperar algún aprecio del Kremlin cuando el año pasado aceptó desmantelar los misiles alemanes de mediano alcance, dentro del contexto del acuerdo firmado entre los Estados Unidos y la Unión Soviética para eliminar esas armas de Europa. Ese gesto, por lo visto, le ganó la absolución completa: en el programa a seguir en la visita, Gorbachov incluyo una insitación a Kohl y a su esposa a comer a su residencia privada, una diferencia reservada para muy pocos lideres mundiales.

Detrás de la positiva actitud de Gorbachov, está la clara conciencia que tiene el gobierno soviético de que Alemania Occidental, tanto a nivel el económico y tecnológico, como politico, juega un papel clave en el contexto europeo. Por eso, no es de extrañarse que, además del carácter simbólico de la visita, la agenda incluyera la firma de varios acuerdos de cooperación. Pero el punto central de la visita de Kohl fue la firma de un acuerdo por el cual la República Federal otorgará a la Unión Soviética un crédito por US$ 1.600 millones, una operación dentro del contexto de un gran esfuerzo soviético que le representará, en total, préstamos por US$8 mil millones de parte de varios paises de Europa occidental. Como si eso fuera poco, el mayor acuerdo comercial a firmarse en Moscú era nada menos que la venta de un reactor de alta temperatura, que constituye un paso fundamental en la industria nuclear alemana, pero que hizo que a más de un especialista norteamericano de seguridad se le pusieran los pelos de punta.

Con el telón de fondo de los dolorosos recuerdos de la Segunda Guerra Mundial, la visita de Kohl, realizada en función de una colaboración tan estrecha, adquiere caracteres históricos. La discusión abierta de un asunto de tan vital importancia como la reunificación de Alemania, marcó también el regreso de Bonn al primer plano del balance geopolitico del continente europeo. Y las palabras de Kohl al ser recibido en Moscú, según las cuales "el hielo se ha roto" pueden ser la primera palada que entierre, de una vez y por muchos años, el pasado de odios enconados que caracterizaron las relaciones entre los dos países en los últimos siglos. --
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