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| 12/6/1999 12:00:00 AM

EL DIA EN QUE EL MUNDO CAMBIO

Una mirada a Europa oriental, a los 10 años de la caída del muro de Berlín.

Un día de otoño de 1989 los jóvenes ossies del lado este de Berlín se subieron al muro
que los apartó durante casi tres décadas del mundo occidental _y donde miles de sus compatriotas
entregaron su vida tratando de escapar_ y lo echaron abajo, piedra por piedra. Y _milagros del mundo
moderno_ todo el planeta gozó de la gran fiestapor televisión. Como si fuera un castillo de naipes, con
la caída del muro se desplomó la gigantesca construcción que se apoyaba en él. Uno a uno fueron
cayendo todos los regímenes comunistas de Europa oriental. El vendaval, que comenzó en Polonia a
mediados de junio con la derrota de Jaruzelski _y que llegó en octubre a Hungría_, se convirtió en
huracán con el abrazo de los alemanes del este y el oeste. En noviembre, entusiasmados con el
ejemplo alemán, los checoslovacos hicieron su 'revolución de terciopelo', terminando con el régimen
comunista; en Bulgaria renunció el dictador Teodor Jivkov, y en plenas navidades fueron ejecutados los
Ceaucescu en Rumania. Dos años después estalló por los aires la propia Unión Soviética (ver mapa).
Como resultado de la revolución de noviembre de 1989 _y a pesar de todas sus limitaciones_, en
Europa del este y en la antigua Unión Soviética existen hoy regímenes democráticos, más o menos
estables, más o menos amplios, más o menos represivos, pero al fin de cuentas elegidos
popularmente. Un total de 19 países nacieron de las contracciones revolucionarias de 1989. Y Alemania
se unificó, dejando de ser un "enano político", en palabras de Mijail Gorbachov, para convertirse en el
indiscutido motor de Europa. Todavía se discute si el derrumbe del mundo comunista fue producto de
una conspiración internacional en la que habrían jugado un papel fundamental el presidente de Estados
Unidos, Ronald Reagan, y el Papa Juan Pablo II _como lo sugieren los biógrafos de éste último_ y se
trató, por lo tanto, de un triunfo del 'mundo occidental', o si el comunismo se derrumbó por culpa de sus
propias contradicciones (ver entrevista).
Lo cierto es que los acontecimientos de 1989 desbordaron ampliamente las expectativas de todo el
mundo. Tanto las del mundo capitalista _en el que algunos analistas pronosticaban el fin de la historia
y el triunfo definitivo de la economía de mercado_, como las del propio mundo socialista, donde líderes
visionarios como Mijail Gorbachov habían entendido que era necesario introducir reformas importantes
al modelo económico basado en el monopolio absoluto del Estado.
La perestroika y la glasnost implantadas por Gorbachov no tenían por objeto sepultar el comunismo.
Tan sólo buscaban adecuarlo a los desarrollos de la economía mundial. Es más, su acercamiento con
Alemania Occidental tenía unos fines absolutamente pragmáticos (ver recuadro). Pero los hechos lo
superaron. 'Traicionado' o no por Kohl y sus aliados, lo cierto es que la Unión Soviética se le deshizo en
las manos.Y tampoco son muy claros los efectos de la transición. Las esperanzas de democracia e
independencia de los países que estaban tras la 'cortina de hierro' fueron satisfechas _aun a costa de
dolorosas guerras internas_ pero las de mejorar las condiciones de vida de la población gracias a la
economía de mercado no parecen haberse materializado. Aunque Polonia, la República Checa y
Hungría se salvan un poco del marasmo general, por su adhesión a los organismos europeos, el
panorama económico del resto de países es bastante dramático. De acuerdo con el último informe del
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), las economías de la región han retrocedido
sustancialmente en los últimos 10 años. La globalización arrasó con las vetustas economías
planificadas. La apertura al mercado mundial se convirtió en la muerte de las industrias nacionales. Lo
viejo se destruyó pero no surgió nada nuevo que lo reemplazara. Crisis, inestabilidad, tensiones y
conflictos son los rasgos de una transición que se alarga en el tiempo, incompleta, indecisa y dolorosa
(ver recuadro).
Muchos analistas consideran, sin embargo, que una vez se resuelva la crisis actual _en la que tiene
mucho que ver la situación internacional_ el antiguo bloque soviético, mucho más integrado con el resto
de Europa _y en particular con Alemania, como lo quería Gorbachov_, surgirá como un contrapeso a la
economía bipolar que se vislumbra para el siglo XXI. n''La Unión Soviética se cayó sola''SEMANA
entrevistó a Anatoli Sergueyevich Cherniaev, testigo de primera mano de las grandes transformaciones
de 1989 en su carácter de asistente de política internacional de Mijail Gorbachov desde 1986 hasta
1991. SEMANA: En Occidente se considera que la unificación de Alemania y los acontecimientos que
le sucedieron fueron un triunfo occidental. ¿Usted qué opina? Anatoli Sergueyevich: Esto no es
históricamente correcto. La Unión Soviética y el bloque soviético en general no se hundieron porque
Reagan organizó una cruzada contra ellos y aceleró la carrera armamentista, sino porque la Unión
Soviética se agotó a sí misma y no podía seguir viviendo así, en una sociedad militarizada, en una
carrera armamentista que se tragaba todos los recursos intelectuales, culturales y materiales de
nuestro pueblo. Gorbachov fue el primero que lo entendió y que tomó medidas. Esto explica la
perestroika. Aunque fue más difícil de lo que se pensó en un momento, Gorbachov le quitó las cadenas
al país. Con la glasnost la gente pudo hablar libremente, sin amenazas de cárcel, exilio o despido.
Poco a poco se le fue sacando al partido el poder del Estado, liquidando el monopolio del partido en los
medios de comunicación. Todo el campo socialista recibió enormes libertades. Como resultado vino la
'revolución de terciopelo' y la unión de Alemania. Todo como producto del nuevo pensamiento: no usar
la fuerza, igualdad de derechos, independencia. En Europa oriental entendieron que no se iban a repetir
invasiones como la de Hungría en 1956 y Checoslovaquia en 1968. Esa fue la gran función histórica que
cumplió Gorbachov.SEMANA: ¿O sea que sin 'perestroika' era imposible la unión de Alemania?A.S.:
Eso es lo que trato de explicar. La perestroika y la glasnost abrieron la posibilidad de conocer la verdad
sobre lo que estaba pasando en Alemania. Se abrieron radios, televisión, diarios, y pudimos conocer lo
que allá sucedía. En segundo lugar, para Gorbachov era muy importante crear relaciones económicas
con Alemania Occidental porque era nuestro principal socio económico. Por eso Gorbachov dedicó su
atención a Alemania Occidental más que a cualquier otra nación europea. En su libro dice que de 1986
a 1989 se reunió con más alemanes que con dirigentes de cualquier otro país occidental.Cuando
Gorbachov fue a Alemania Occidental, en 1989, vio que Alemania no era un enemigo de la Unión
Soviética y los alemanes entendieron que la unificación era posible. Me acuerdo que recorríamos
ciudades y la gente salía por miles a recibirlo. Estaban sorprendidos por el nuevo líder, que no se
parecía a los viejos dirigentes soviéticos llenos de medallas y porque vieron que con Gorbachov era
posible la unidad.

El 4 de octubre de 1989, cuando Gorbachov fue a Alemania Oriental con ocasión del 40o. aniversario de
su creación, se paró en la tribuna al lado de Erich Honecker, yo estaba ahí. Pasaron miles y miles de
personas exigiendo sacar a Honecker, y entonces Gorbachov entendió que el régimen estaba
terminado, que no se reformó a tiempo. Luego se precipitaron los acontecimientos, cayó el muro,
renuncio Honecker.
SEMANA: ¿Y cuál fue el rol de Estados Unidos?
A.S.: Los norteamericanos se metieron casi al final. Bush y Gorbachov discutieron el asunto por
primera vez en Malta en diciembre de 1989. Al principio Washington estaba muy precavido porque
temía que la unificación de Alemania llevara a tal amistad con la URSS que se planteara la cuestión de
su salida de la Otan. Pero luego cambiaron su posición, entendieron que si no se metían se quedaban
de lado y las palmas serían para Gorbachov.Hace poco salió un libro de memorias de Bush y de Bent
Scowcroft, su asesor, en el que hablan de sus relaciones con Gorbachov, y recuerdo una frase que dice
más o menos así: "Durante décadas soñamos con la destrucción del comunismo pero nunca en la vida
se nos ocurrió pensar que este fruto deseado nos iba a caer en las manos sin ningún esfuerzo de
nuestra parte". La idea de que Occidente triunfó se convirtió en un estereotipo, en la base de la política
de Clinton, y esto es muy peligroso porque con ese argumento Estados Unidos se siente con la
libertad de hacer lo que quiere en Irak, en Kosovo, frente a Rusia, y es equivocada porque no se basa
en los hechos históricos.
SEMANA: ¿Es cierto que prometieron que la Otan no se ampliaría?
A.S.: Sí. En ese momento había muchas cuestiones que resolver: caos económico, la gente asaltaba
las oficinas estatales, no se sabía cómo iba a darse la unificación. Pero el gran inconveniente era la
cuestión militar, es decir, la ubicación de Alemania en uno de los dos bloques militares: la Otan o el
Pacto de Varsovia. El Politburó soviético estaba en contra de que Alemania unificada entrara a la Otan,
proponía su neutralidad u otra variante, pero los norteamericanos se mantuvieron firmes en que
Alemania debía estar en la Otan. En el momento más crítico, en febrero de 1990, el secretario de
Estado James Baker vino a Moscú, y en presencia mía afirmó dos veces que "la Otan no se
ensanchará ni una pulgada hacia el Oriente". Eso está grabado, traducido, escrito. Y esto jugó un rol
para que Gorbachov aceptara. En mayo de 1990 Baker trajo a Moscú un plan de nueve puntos que
daban las bases de una Europa pacífica, uno de los cuales era la reforma de la Otan como una
organización política y no como un bloque militar.
SEMANA: Diez años después, ¿cómo evalúa la unión de Alemania y la destrucción del bloque
socialista?
A.S.: La unificación alemana era históricamente inevitable, y gracias a los esfuerzos soviéticos,
alemanes y norteamericanos se dio de forma pacífica, terminando una injusticia, pues no puede
hacerse a un pueblo responsable durante décadas por los crímenes de Hitler. Una división de una gran
nación en el centro de Europa no era normal ni natural, de manera que la unión de Alemania desde todo
punto de vista fue positiva.Gorbachov fue hace poco a un mitin en Leipzig y muchos se quejaban porque
perdieron garantías sociales y porque la situación está difícil. Gorbachov les contestó que ahora este
era su problema, que debían exigirle a su gobierno y para terminar les preguntó: "¿Quieren otra vez
volver atrás?". La respuesta fue un no rotundo, lo que demuestra que históricamente fue
correcto.También era inevitable la destrucción del bloque soviético. En marzo de 1985, en el entierro de
Chernenko, Gorbachov les dijo a los secretarios generales de los partidos de Europa del Este: "Se
acabó el jardín infantil, no vamos a llevar más de la mano a nadie, ustedes responden frente a sus
pueblos, y no vengan a Moscú a pedirme nombrar a uno o sacar a otro, resuelvan ustedes sus
problemas". No les gustó porque se les acabó el techo que los protegía, pero esto fue lo que permitió la
unión de Alemania y terminar la división del mundo en dos bloques contrapuestos.
Los costos económicos
Según el documento titulado 'Transición 1999, informe del desarrollo humano de Europa y la Comunidad
de Estados Independientes', recientemente publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo, la transición hacia un nuevo tipo de economía ha tenido grandes costos para la región. Los
siguientes son los principales:
1. La pérdida de vidas, representada en la declinación de la esperanza de vida en varios grandes países
de la región, especialmente en la Federación Rusa.
2. El ascenso y el alto nivel persistente de morbilidad, caracterizado por una mayor incidencia de
enfermedades como la tuberculosis. Y un gran aumento del sida.
3. El crecimiento de la pobreza. En 1996 cerca de 55 por ciento de los hogares de Armenia eran pobres
y, de ellos, la mitad eran muy pobres. En Kirguisztán, 71 por ciento de la población tenía ingresos por
debajo de la línea de pobreza; en Georgia, la cifra era cercana a 66 por ciento y en Ucrania superaba el
50 por ciento.
4. El empeoramiento de la distribución del ingreso.
5. El crecimiento de las desigualdades entre los sexos.
6. El deterioro de la educación.
7. El crecimiento en el desempleo, el subempleo y la informalidad.
Cómo sucedió
(Apartes del más reciente libro de Mijail Gorbachov, publicado en Alemania y en Rusia)
"La unificación de Alemania dio nuevos rasgos a la configuración política de Europa. Hasta ese
momento Alemania Occidental era llamada un gigante económico y un pigmeo político. Por supuesto,
en los años 80 la República Federal Alemana ya no era un pigmeo político pero no podía utilizar su
potencial político en la medida en que se lo permitía su potencial económico.
En fin, objetivamente se aumentó el rol de Alemania en la creación de una nueva arquitectura de
seguridad que abarque toda Europa. Ante esto, nosotros y los dirigentes alemanes partíamos de la
base de que las relaciones de socios entre Alemania y la URSS eran uno de los elementos claves del
nuevo proyecto de edificación europea. 'Un gran acuerdo' determinaba los marcos de tal colaboración y
creaba sus bases para un futuro de décadas.Pero los acontecimientos en la Unión Soviética se dieron,
infortunadamente, de otra manera. 1990, año en que los dos Estados alemanes se movían paso a paso
hacia la unificación, fue el año del 'desfile de las soberanías' en la Unión Soviética.
Las fuerzas que llegaron al poder en distintas regiones, al servicio de sus propias codicias y
ambiciones, ennubecieron las cabezas de la gente, la sedujeron con ilusiones, diciendo que todo iba a
ser mejor y más fácil si cada país actuaba por separado, envenenando con su demagogia nacionalista.
Al final de cuentas engañaron a la gente, prometiendo en Belovezheski Putsh, cuando decidieron poner
fin a la Unión Soviética, mantener un Estado común, la Comunidad de Estados Independientes, que fue
sólo la cobertura de la disgregación del país.Así, tenemos dos resultados opuestos: por un lado, el
acuerdo de unificación de Alemania Federal y Democrática y, por otro, la confabulación de
Belovezheski de los líderes de tres repúblicas soviéticas que, de hecho, dieron un golpe de Estado,
dirigido a la liquidación del Estado soviético.Se rompieron las precondiciones que se habían construido
durante los años de la perestroika como base de las futuras relaciones con Alemania. Mucho de lo que
esperábamos se produjo de otra manera. Se agudizó la polémica sobre quién ganó y quién perdió, de
quién fueron los méritos y de quién fueron los errores en el proceso de resolver las tareas relacionadas
con la cuestión alemana. Tal polémica fue alimentada por la intención de determinados círculos en
Estados Unidos y en otros países de interpretar el final de la guerra fría como 'victoria' de Occidente.
Esto provocó en Rusia un estallido de opiniones negativas frente a la política exterior del período de la
perestroika.
¿Qué se logró y qué no en realidad? Infortunadamente la posibilidad de trabajo en común de los dos
Estados, que se abrió como resultado de la unificación de Alemania, no fue utilizada ampliamente. En
lo central la culpa es nuestra, pues se desintegró la Unión Soviética. Pero además de las
circunstancias objetivas no puedo dejar de señalar algunos, digamos, pasos acelerados del canciller
Kohl, que iban en el sentido contrario de sus promesas y de sus declaraciones públicas y
privadas.Luego del golpe de agosto, el canciller Kohl, hablando el 4 de septiembre en el Bundestag,
expresó su solidaridad con el gobierno legal de la Unión Soviética. Al mismo tiempo, durante la visita de
Yeltsin a Bonn, los representantes de Alemania Federal y de la Federación Rusa firmaron una
declaración conjunta que colocó las relaciones ruso-germanas al mismo nivel que las relaciones
soviético-germanas. Inmediatamente después del golpe de agosto, siguiendo a Rusia y sin esperar la
decisión de los poderes soviéticos, Alemania reconoció la independencia de las repúblicas bálticas. En
ese momento el proceso europeo prácticamente se paralizó. Esto lo digo también en relación con la
política exterior alemana. Me refiero en primer lugar al acelerado e inesperado reconocimiento alemán
de la autoproclamada independencia de Croacia y Eslovenia, que hacían parte de Yugoslavia. Esto
aceleró el separatismo étnico en otras partes de Yugoslavia y permitió su desintegración, lo cual llevó a
una larga y sangrienta guerra civil.Y, finalmente, la decisión de ampliar la Otan, tomada con la activa
participación de Alemania, fue un serio golpe a los planes de una construcción común europea".
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