Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 1/21/2012 12:00:00 AM

El dilema de Romney

Con sus raíces mexicanas, Mitt Romney puede conquistar el crucial voto hispánico en las presidenciales. Pero su feroz retórica antiinmigrante podría arruinarlo todo.

En política todo se vale. Pocos días después de que saliera a flote que el padre del precandidato republicano Mitt Romney nació en México, su campaña emitió un comercial en español. Sobre una música angelical, su hijo Craig, sin un ápice de acento, le dice a los latinos que "los Estados Unidos representan libertad, oportunidad, donde todo es posible. Mi padre cree en estos valores porque los ha vivido", mientras desfilan imágenes idílicas de hispanos, de una niña riendo en un columpio, de jóvenes graduándose, de un feliz empresario. A continuación varios congresistas republicanos latinos afirman que "Romney cree en nosotros". Al final, la voz del candidato exclama: "Soy Mitt Romney, y apruebo este mensaje. ¡Muchas gracias!".

Pero ese mismo día, la campaña de Mitt Romney declaró que recibía el apoyo de Kris Kobach, un político de Kansas ferozmente antiinmigrante, cerebro de las crueles leyes contra los ilegales de varios estados del sur de Estados Unidos. Romney no se sonrojó y le dio la bienvenida: "Kris ha sido un verdadero líder en asegurar nuestras fronteras y en parar el flujo de la inmigración ilegal a nuestro país".

Ese malabarismo ideológico muestra el difícil equilibrio que debe mantener Romney, un empresario mormón multimillonario, hacia su probable nominación como candidato republicano. Sabe que ahora, como nunca antes, va a ser crucial el voto de los 50 millones de hispanoamericanos. Dijo que "si puedo convencer a más latinos de votar por los republicanos, me puede ir bastante bien". Pero al mismo tiempo, por la obtusa ideología de su partido, Romney también tiene que mostrarse feroz con la inmigración.

No le faltan argumentos para poner a los latinos de su lado. En 1884 su bisabuelo abandonó Estados Unidos, cruzó la frontera y fundó colonias agrícolas en Chihuahua. Mormón ortodoxo, huía de una ley que prohibía la poligamia, una práctica arraigada en esa religión desde que fue creada en el siglo XIX. Allá los Romney prosperaron. Irrigaron el desierto y cultivaron opulentos huertos de manzanas y duraznos en fincas en las que levantaron bellas casas victorianas.

El padre de Romney nació en México en 1907, pero cuando estalló la Revolución escapó al norte del río Grande, donde con los años se casó y tuvo a Mitt. Pero la colonia mormona subsiste y allí viven decenas de primos del candidato republicano, que tienen doble nacionalidad y hablan con total propiedad los dos idiomas. Y es que Romney incluso podría reclamar el pasaporte mexicano, pues existe una ley que le da ese derecho a los hijos de personas nacidas en México. Por eso no es descabellado pensar que el 'primo Mitt', como lo han apodado, sea el primer presidente latino de Estados Unidos, como planteó la revista Foreign Policy.

Sin gran dificultad, podría conseguir votos resaltando esa historia familiar, la vitalidad del colono, las preocupaciones del perseguido y las ilusiones del que lo sacrifica todo para buscar un mejor futuro. Pero en los últimos años el Tea Party, el ala de extrema derecha republicana, tiene un peso ideológico aterrador. El lunes pasado, en un debate de precandidatos, el moderador preguntó a Romney si su padre había nacido en México. Incluso antes de que acabara la pregunta, el público lo abucheó. De hecho, algunos fundamentalistas pidieron su certificado de nacimiento argumentando que no es un ciudadano de nacimiento, lo que le impediría ser candidato presidencial. Un eco del absurdo debate sobre los orígenes de Barack Obama.

Por eso Romney, que antes fue gobernador del liberal Estado de Massachusetts, ha tenido que aplacar sus posiciones moderadas y progresistas. Se armó con una retórica primitiva contra lo inmigrantes, en su gran mayoría mexicanos. Dijo que de ser presidente vetaría el Dream Act, un proyecto de ley con el que los hijos de los indocumentados podrían ser residentes legales si van al colegio. También anunció que iba a reforzar el muro que separa a México y a Estados Unidos. Cada vez que puede, Romney ataca a los precandidatos, como Newt Gingrich y Rick Perry -que acaba de retirarse de la carrera-, por "abrir la puerta a la amnistía de los ilegales".

Dee Dee García, fundadora de Somos Republicans, el grupo de hispanos republicanos más grande del país, le dijo a SEMANA que "Romney está acabado.Está avergonzado de su propia familia, es antilatino, va a vetar el Dream Act. Se quiere salir con la suya hablando en español, pero es un hipócrita que claramente está mintiendo. No se lo vamos a perdonar". Desde ya, Somos Republicans anunció que iba a apoyar a Gingrich.

Enfrentarse a los latinos es un cálculo muy arriesgado para Romney. Según las últimas encuestas, un enfrentamiento entre él y Obama podría tener una final cabeza a cabeza. Con el 16 por ciento de la población, los latinos son la minoría más importante de Estados Unidos. Aunque tienden a votar por los demócratas, hace cuatro años el 30 por ciento de ellos escogió a John McCain y hace ocho años el 44 por ciento a George W. Bush. Tienen un peso determinante en Colorado o Florida, Estados que muchas veces terminan por decidir quién se queda con la Casa Blanca.

Además, la política latina de Obama ha sido decepcionante. En lo legislativo no dio ningún salto significativo y deportó a más de 400.000 ilegales por año, un récord absoluto. Hay una brecha enorme que los republicanos podrían aprovechar. Según los analistas, necesitan el 30 por ciento de los votos hispanos para conquistar Washington. Algo que para Romney, por ahora, es misión imposible. Sin embargo, se rumora que de salir nominado podría escoger al senador cubano-norteamericano Marco Rubio como su tiquete vicepresidencial. Y algunos piensan que, una vez que sea el candidato oficial del partido, va a volver a moderar su lenguaje y reinstalarse en el centro político.

Pero en un país que se jacta de defender valores como la verdad, el pluralismo, la diversidad y la libertad, es triste que el drama de la inmigración sea usado de una manera tan politiquera. Así no es. Y por ahora los latinos prefieren decirle a Mitt Romney: "¡No, thank you!"
 
Golpes bajos

La contienda electoral se ha visto marcada por los grandes comités de acción política (Super PACs). Conformados por corporaciones o multimillonarios, recaudan cantidades ilimitadas de dinero para apoyar a un candidato, sin ser parte oficial de la campaña. Antes de 2010, sus donaciones estaban sujetas a regulación del gobierno, pero, tras apelar a la primera enmienda de la Constitución para que se les otorgara la misma libertad de expresión que tienen los individuos, el Tribunal Supremo de Estados Unidos les dio libertad de acción en tiempos de campaña.

Los Super PACs, en teoría, son entes independientes que no están vinculados a las campañas ni pueden tener contacto con los candidatos. Sin embargo, en muchas ocasiones esos comités están bajo el liderazgo de amigos personales o exasesores de los candidatos, quienes manejan tras bambalinas las campañas oficiales.

La falta de regulación de los Super PACs dio como resultado la proliferación de campañas sucias. Restore Our Future, Super PAC que apoya a Mitt Romney, usó 3,3 millones de dólares en una campaña anti-Newt Gingrich. Por su parte, Winning Our Future, pro-Gingrich, invirtió en un documental que describe a Romney como un capitalista despiadado cuya única preocupación es ganar dinero, así sea a costa de la miseria de otros. Ambos han usado datos incorrectos y hasta testimonios comprados para perjudicar al contrincante.

Si bien los candidatos se han pronunciado en contra de los Super PACs, no es un reclamo genuino, pues su actividad les da licencia para manchar a los contrincantes sin asumir responsabilidad alguna.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.