Sábado, 21 de enero de 2017

| 2004/10/03 00:00

El dilema turco

Esta semana podría comenzar el proceso de ingreso de Turquía a la Unión Europea. Ello tiene en ascuas a los dirigentes y a la opinión pública del Viejo Continente.

Durante siglos los turcos fueron los más temidos adversarios musulmanes de Europa, a la que estuvieron a punto de conquistar por las armas. Pero ahora quieren dejar atrás los prejuicios históricos más antiguos y sumarse al proceso integrador del Viejo Continente. Turquía se enfrentará a su primer examen hacia la adhesión a la Unión Europea el 6 de octubre, cuando la Comisión dicte en Bruselas el veredicto sobre sus progresos en democracia, derechos humanos y el fortalecimiento de la ley.

El hecho tiene confundida a buena parte de la población europea. Cuando no acaban de digerir la entrada de 10 miembros hace nueve meses, ahora los europeos tienen que acostumbrarse a la idea de que un país con 70 millones de musulmanes, que además comparte frontera con Irak, Irán, Azerbayán, entre otros, pase a ser miembro de la Unión.

"La primera razón por la que se rechaza a Turquía es por el temor a la islamización de Europa, que puede cambiar sus identidades", dijo a SEMANA Andrés Ortega, director de la versión en español de Foreign Policy y columnista de El País de España.

Y lo más probable es que Turquía obtenga en esa primera prueba una buena calificación. En los últimos años el gobierno del islamista moderado Tayyip Erdogan ha conseguido estabilizar la economía después de la crisis de 2001, fortalecer la política fiscal, controlar la inflación, mejorar la relación con los kurdos y sacar gran número de reformas. La última se llevó a cabo la semana pasada, cuando se aprobó la reforma al código penal, condición indispensable de Bruselas.

Si el dictamen es favorable, los líderes europeos tendrán que decidir durante la cumbre del 17 de diciembre si están dispuestos a establecer una fecha para el inicio de las negociaciones en 2005.

Sin embargo, la decisión no será fácil. Según Ortega, "un 'no' podría frenar las reformas en Turquía y enviar una mala señal al mundo musulmán en un momento en el que la experiencia del primer ministro

Tayyip Erdogan de 'islamismo democrático' en un sistema formalmente laico pero en una sociedad islámica podría resultar muy negativo". Para la gran mayoría de gobernantes europeos no apoyar los esfuerzos de Turquía por modernizarse y afianzar la democracia islámica, se estarían apoyando las ideas fundamentalistas que plantean una guerra contra Occidente. Hasta Grecia, enemigo histórico de Turquía, apoya su ingreso: "Serán obligados a respetar unas normas y unos valores", aseguró el ex ministro griego de Defensa Yannos Papantoniou.

De otro lado, muchos de esos gobernantes se enfrentan a una oposición en sus países, entre otras razones por miedo a que el ingreso de Turquía desencadene una avalancha de inmigrantes. En este problema se encuentran el presidente francés Jacques Chirac y el canciller alemán Gerhard Schroeder. Según encuestas realizadas la semana pasada, el 56 por ciento de los franceses y el 55 por ciento de los alemanes están en contra del ingreso de Turquía.

En Alemania los turcos suman 2,5 millones de personas, una tercera parte de los inmigrantes. A esto se le suma que en 2015, cuando Turquía haría su ingreso a la UE, su población sería igual o mayor a la alemana. "Según la Constitución de la UE (Turquía), tendría mayor peso institucional", dice Ortega. Un hecho desastroso para una sociedad que ha sostenido la ampliación de la Unión Europea.

Esta polémica se da en un momento difícil. La mayoría de los países miembros empezarán en 2005 la campaña para ratificar la Constitución europea en referendos nacionales. Y muchos políticos, como la eurodiputada francesa Marielle de Sarne, piensan que "el inicio de las negociaciones con Ankara será una amenaza para el proceso de ratificación de la Constitución". El arquitecto de la Constitución, Valery

Giscard D'Estaing, fue más allá y planteó que el ingreso de Turquía será el fin de la Unión. Ortega explica que "sin duda hay un cierto rechazo a lo musulmán, y un debate sobre cómo poblaciones que no llevan consigo la experiencia de separación entre Estado y religión pueden entrar en este 'club laico" .

Sin embargo, algunos analistas sostienen que no se puede desestimar a Turquía por motivos religiosos ya que Europa tiene una población nada despreciable de 12,5 millones de musulmanes. Y la Turquía de hoy ya es muy 'europea': miembro del Consejo de Europa, de la Otan y de la Osce -organización de seguridad y cooperación-.

Por eso, la posibilidad de que Turquía ingrese a la UE en 2015 es un tema que no se resolverá sin un examen profundo de conciencia en el Viejo Continente. Al fin y al cabo abarca cuestiones cruciales para la Europa del siglo XXI: su identidad racial, cultural y religiosa en una época en que esos conceptos implican tanto oportunidades de convivencia como líneas de combate. Qué tanto influirán los prejuicios históricos, es algo que aún está por verse.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.