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| 2/10/2007 12:00:00 AM

El dragón llega a África

China continúa afianzando sus relaciones con los países africanos, ante el recelo de las potencias occidentales.

China, el gigante dormido que decidió despertarse, está dando un paso importante para consolidarse como protagonista en el escenario mundial. África ha cedido ante sus encantos y, entre préstamos y contratos, donaciones y promesas, se perfila como su gran fuente de abastecimiento, rica en recursos energéticos y materias primas.

Por eso no es una sorpresa que el presidente chino, Hu Jintao, esté de gira, por tercera vez cuando asumió el cargo, por varios países africanos. El comercio entre China y África se cuadriplicó durante los últimos cinco años, y en las visitas del gobernante se ratifican los acuerdos alcanzados en la Cumbre de Beijing, en noviembre de 2006, a la que fueron invitados 48 presidentes del continente negro. China prometió conceder 3.000 millones de dólares en créditos a interés preferencial, además de generosos acuerdos de reducción de deuda.

Al auge económico experimentado por la República Popular China, con índices de crecimiento anual que durante la última década se han mantenido en un promedio porcentual superior a 9 puntos, constituye un fenómeno comparable con la revolución industrial del siglo XIX. Por eso el país se convirtió en el segundo importador mundial de petróleo, después de Estados Unidos.

¿Y dónde está el petróleo y los recursos que China requiere? Los países del África subsahariana, que sólo aparecen en las primeras planas por las tragedias humanitarias o las disputas tribales, son los maltrechos socios que están proporcionando hoy un tercio del petróleo que China importa. Flujo que aumentará ante los anuncios del hallazgo de grandes yacimientos en Nigeria, Guinea Ecuatorial y Sudán. El año pasado, Cnooc, la mayor petrolera china, compró por 2.200 millones de euros el 45 por ciento de una concesión petrolífera en Nigeria y reforzó su posición en el primer productor de crudo del continente. El tercero en la lista, después de Angola, es Sudán, país al que le compra dos tercios de la producción, y con el que China evita entrar en controversias cuando organismos como la ONU le reclaman mediar en el espinoso tema del conflicto en Darfur.

"La política exterior china se caracteriza por un pragmatismo en el que una cosa es la política, y otra, muy distinta, los negocios", anota el sinólogo Guillermo Puyana. Esa actitud, que se basa en una interpretación restrictiva del respeto a la soberanía de cada país, le ha permitido negociar sin trabas con gobiernos cuestionados internacionalmente por sus graves atropellos contra los derechos humanos. A la hora de sentarse a negociar, China no tiene las mismas presiones que tienen los gobiernos occidentales en cuanto a esos temas, aunque en la práctica estas prédicas no sean realmente respetadas por nadie. Informes de Amnistía Internacional indican que en esos países donde China negocia, el petróleo mantiene a gobiernos corruptos, que reparten las ganancias en pocas manos, e instaura regímenes autoritarios que le compran a los mismos países con los que negocian estos promisorios contratos.
Sin que China le preste mayor atención a las protestas de las ONG de derechos humanos, el presidente Hu Jintao repite en los discursos que pronuncia en cada escala de su gira los proyectos y las cifras de los generosos ofrecimientos de su gobierno. Un tema preocupante para Estados Unidos y sus aliados que, a pesar de todos sus esfuerzos, no han logrado asegurar el control de las reservas en Oriente Medio.
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