Sábado, 22 de noviembre de 2014

| 2013/02/28 00:00

El drama de los turco-alemanes

Por orden del gobierno hijos de inmigrantes tienen que escoger entre dos nacionalidades.

Angela Merkel aparentemente rechaza un cambio en la medida que rige la doble nacionalidad Foto: Archivo SEMANA

Una polémica ha vuelto a darse en Alemania por cuenta de la normatividad que rige sobre la doble nacionalidad.

La legislación del país germano con respecto a la obtención de la nacionalidad, establece que una persona puede optar por tener doble nacionalidad, si el otro país del cual es ciudadano hace parte de la Unión Europea, es Suizo o si su país original no le permite renunciar a la nacionalidad. Esto es considerado por algunos sectores como discriminatorio.

En 1999 los conservadores no permitieron eliminar la obligatoriedad de escoger entre dos nacionalidades, demorando la opción de acoger una de las dos hasta los 18 años. Este mes, la polémica norma resucitó por la ministra de justicia Sabine Leutheusser-Schnarrenberger, del partido liberal, quien propuso revisar la medida.

La decisión que los turcos tienen que tomar la pueden estar viviendo personas nacidas en Alemania que también poseen nacionalidades de países que no pertenecen a la Unión Europea.

Sin embargo, el caso de los turcos es dramático. Alemania es uno de los países de la Unión Europea con mayor migración turca. Se estima que hay alrededor de 1.607.161 turcos, es decir el 23,19% de la población total de migrantes y el 2% de la población alemana, según la Oficina Federal de Estadística (Statistisches Bundesamt).

La estudiante Ilgin Dagci, hija de turcos y nacida en Alemania, le cuenta a la Deutsche Welle, cómo al cumplir los dieciocho años recibió una carta del gobierno alemán pidiéndole elegir su nacionalidad. La decisión es difícil, pues Dagci se siente ciudadana de los dos países, así como muchas otras personas que se encuentran en la misma situación. Ella espera tomar la decisión antes de los 23 años, momento límite para optar por uno de los dos pasaportes.

El tema se torna delicado políticamente, por el hecho de que Turquía ha solicitado ingresar a esa organización desde hace varios años. Su solicitud ha sido infructuosa, no solamente por la reticencia que guardan ciertos sectores europeos a aceptar un país que tiene cultural y políticamente un pie en Europa y otro en Medio Oriente. Muchos de esos turco-alemanes no tendrían que tomar esa difícil decisión si Turquía hubiera sido aceptada en la comunidad.

Aún más grave se ha tornado la decisión, por la crisis económica que ha puesto la continuidad de esa organización sobre la cuerda floja desde el año pasado.

Angela Merkel, quien viajó esta semana a Turquía, aparentemente rechaza un cambio en la medida.

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