Sábado, 21 de enero de 2017

| 2009/01/19 00:00

El ‘dream team’

La mayor característica de Obama es su seguridad en sí mismo. Eso lo llevó a integrar su gabinete con estrellas de primer nivel sin pensar en que podrían opacarlo.

Hillary Clinton Secretaria de Estado La ex primera dama será la encargada de la política exterior y tendrá que lidiar con crisis internacionales que no dan espera

Si para medir el éxito de un presidente se tuviera en cuenta el gabinete que va a nombrar, Barack Obama pasaría a la historia como uno de los mejores inquilinos de la Casa Blanca. En términos generales, los ministros que ha escogido cuentan con una hoja de vida envidiable. Podrían bautizarse como the best and the brightest (los mejores y los más brillantes), una frase que se ha hecho famosa y que paradójicamente sirvió de título para un libro en el que el periodista David Halberstam reveló cómo los hombres más inteligentes del gobierno de John F. Kennedy diseñaron la política de la guerra de Vietnam sin calcular el desenlace.

El hecho de que ese dream team esté encabezado por pesos pesados como la secretaria de Estado, Hillary Clinton; el secretario de Defensa, Robert Gates, y el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, demuestra que las relaciones exteriores, las guerras de Irak y Afganistán y la crisis económica serán las prioridades del gobierno y deja ver algunas características que impondrá en Washington el líder demócrata a partir del martes 20 de enero.

Obama es el que manda, y lo sabe. Eso quedó claro en las audiencias en el Senado donde se analizaba la confirmación de Hillary como jefa de la diplomacia. En el Capitolio, la ex primera dama anunció una política de acercamiento a Irán de la que no estaba tan convencida durante la campaña, pero que a Obama le gusta. Al fin y al cabo, mientras Hillary ha sido considerada de mano dura, el Presidente electo prefiere el ejercicio del poder blando (soft power), término acuñado por Joe Nye, viejo profesor de la Universidad de Harvard.

Además, Obama es un hombre muy seguro de sí mismo. No en vano nombrará gente de temperamento recio y de mucha experiencia, que puede saber más cosas que él. Es el caso de Hillary, de Geithner y del secretario de Energía, Steven Chu, que fue premio Nobel de Física en 1997. No debe ser fácil llevarle la contraria a un científico de esa talla, ni siquiera desde la Casa Blanca.

Mantener en el Pentágono a Robert Gates, que viene de la administración de George W. Bush, significa que Obama quiere preservar la unión de ambos partidos. Indica cómo gobernará. No hay que olvidar que el nuevo Presidente saltó a la fama cuando presentó la candidatura de John Kerry en la convención demócrata de 2004 con un discurso en el que dijo que no había un país blanco y uno negro, ni uno republicano y uno demócrata, sino "los Estados Unidos de América".

El nuevo Presidente no teme nombrar personas con las que no está totalmente de acuerdo. La escogencia de la señora Clinton y de Bill Richardson, adversarios suyos en la carrera hacia la candidatura demócrata, prueba que él sigue el ejemplo de Lincoln, en cuyo gabinete incluyó tres enemigos políticos durante las elecciones primarias del partido, como William Seward, que ocupó la secretaría de Estado. La conformación de ese gabinete dio pie a un libro escrito por la historiadora Doris Kearns Goodwin, titulado Team of Rivals (Equipo de rivales), que se vende por toneladas en Estados Unidos.

Tal vez todo lo anterior se explique porque a Obama le gusta estimular la crítica. "Goza probándose a sí mismo con la gente que está en desacuerdo con él", afirmó E. J. Dionne en su columna del viernes en The Washington Post. Y añadió que, según un amigo de Obama, el Presidente electo "prefiere discutir con sus adversarios filosóficos que con sus propios aliados".

La designación de Hillary le traerá beneficios a Obama. Con 61 años de edad, no es sólo una abogada de enorme prestigio, sino que cuenta con una trayectoria gigantesca. Ocho años como primera dama le dieron la posibilidad de viajar por medio mundo, de conocer a diversos líderes internacionales y de enterarse de cerca cómo se toman las decisiones en la Presidencia. Otros ocho años en el Senado le convierten en una ministra que sabrá moverse como pez en el agua en las relaciones del Ejecutivo y el Congreso. Aunque parece ser un activo, su matrimonio con Bill Clinton le ha causado problemas. Él ha recibido donaciones de varios gobiernos y empresas internacionales, y eso puede afectar la neutralidad de su esposa.

Tim Geithner es, a pesar de sus escasos 47 años, otro hombre de gran recorrido. Graduado en relaciones internacionales por la Universidad Johns Hopkins, trabajó en el Fondo Monetario Internacional y últimamente como presidente de la Tesorería de Nueva York, cuenta con un historial suficiente para medírsele a la crisis económica. Pero tiene un punto negro. Se acaba de revelar que dejó de pagar impuestos por un tiempo y que le dio trabajo a un inmigrante indocumentado. Por su parte, Gates, con 65 años, muchos de ellos en la CIA y un buen conocimiento de lo que pasa en Irak y Afganistán, se acoplará sin tropiezos al nuevo gobierno.

Eric Holder será otro miembro destacado del gabinete. Con 57 años, ocupará la secretaría de Justicia, cargo que también se conoce como la Fiscalía General. Crítico de lo que ha ocurrido en la base de Guantánamo, será el primer afroamericano que llega al puesto. ¿Su debilidad? Fue abogado defensor de la multinacional Chiquita Brands cuando Colombia la demandó por haber financiado paramilitares. Y no se interpuso desde el Departamento de Justicia al perdón judicial que el entonces presidente Bill Clinton le concedió el último día de su gobierno al controvertido evasor de impuestos Marc Rich.

Para poner en marcha su plan de seguro de salud, Obama se decantó por Tom Daschle, antiguo líder de la mayoría demócrata en el Senado (se conoce al dedillo los trámites legislativos) y hombre muy cercano al nuevo Presidente. En la cartera de Seguridad Interior estará la ex gobernadora de Arizona y sobreviviente de cáncer Janet Napolitano; en la de Interior, el latino Ken Salazar, y en la de Agricultura, el ex gobernador Tom Vilsack.

En Transportes, Obama se decidió por el representante Ray LaHood; en Trabajo, por la congresista Hilda Solís, y en Asuntos de los Veteranos, por el general Erik Shinseki. Shaun Donovan irá a parar a Vivienda, y Arne Duncan a Educación. La secretaría de Comercio está libre. Richardson se marginó, pues cursa en su contra una investigación por haberle dado un contrato a una empresa que contribuyó con plata a su campaña. Estos inconvenientes, que no son de poca monta, suelen presentarse cada vez que hay nuevo gabinete.

¿Funcionarán los ministros entrantes? No está del todo claro. En Washington, que como todo el mundo sabe es la capital mundial de la política, se rumora que los secretarios chocarán frecuentemente con los asesores que Obama piensa nombrar en la Casa Blanca, como el consejero económico Larry Summers, el jefe de gabinete Rahm Emanuel y los asesores David Axelrod y Valerie Jarret, que no sólo trabajaron en la campaña, sino que son sus íntimos. Cómo será que a ella se la conoce como "la otra mitad del cerebro de Obama". Pero hay que esperar.

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