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| 10/30/2004 12:00:00 AM

El efecto dominó

Las elecciones del domingo en Uruguay están casi definidas a favor de Tabaré Vásquez. Una nueva ficha izquierdista en América Latina.

La izquierda continental ya está descorchando las botellas de champaña. Una nueva ficha del dominó continental está a punto de inclinarse a la izquierda. Se trata de Uruguay, donde todo indica que el representante del Frente Amplio, el médico Tabaré Vázquez, ex alcalde de Montevideo, ganará las elecciones presidenciales del próximo domingo.

Falta saber si su triunfo se dará en la primera vuelta con más del 50 por ciento de los votos, o si tendrá que someterse a un ballotage. Según el director de la empresa Factum, el politólogo Oscar Botinelli, Vázquez ganaría con el 52 por ciento, seguido por los candidatos de los dos partidos tradicionales Jorge Larrañaga, del Partido Nacional (blanco) con el 31 por ciento, y Guillermo Stirling del actual partido de gobierno, el Colorado, con un humillante 8 por ciento.

De ser así, el resultado consagraría un nuevo fracaso del bipartidismo, tan arraigado en América Latina, pues 'blancos y colorados' serían desplazados por un frente de centro-izquierda. Como dijo el candidato a vicepresidente del Frente Amplio, Nin Novoa, en el cierre realizado en Buenos Aires el 18 de octubre, "después de 170 años, dos partidos tradicionales van a ser desplazados".

El sistema bipartidista logró resistir hasta ahora los embates del Frente Amplio gracias a mecanismos electorales como la ley de lemas -se suman los votos de todos los candidatos de un mismo partido- y la segunda vuelta. Este cerrojo reforzado permitió que el FA quedara fuera del poder en 1999, a pesar de haber obtenido un mayoritario 40 por ciento, pues Vázquez perdió en segunda ronda ante el actual presidente Jorge Batlle, del Partido Colorado, por 54 por ciento a 46 por ciento.

"Los colorados han gobernado 150 años en Uruguay, y ahora, a lo sumo, obtendrán 8 por ciento y sacarán tres senadores", dijo a SEMANA Eduardo Abeleira, dirigente del Frente Amplio en Buenos Aires, confirmando lo que será la peor derrota de los colorados en su historia.

"El Partido Colorado ha pagado el precio de la crisis económica, de la percepción de que el presidente Jorge Batlle ha realizado una mala presidencia y del mal manejo de sus contradicciones internas", dijo el analista Jorge Rial, del Centro Nueva Mayoría de Buenos Aires.

Uruguay continúa así la senda que inició Hugo Chávez en Venezuela derrotando a los dos partidos tradicionales, y que continuó Luiz Inacio Lula da Silva en Brasil con el triunfo del Partido de los Trabajadores.

Uruguay era considerado la Suiza suramericana por su importante centro financiero, su estabilidad de clase media y sus balnearios como Punta del Este, donde los ricos y famosos del cono sur se codean con príncipes y duques europeos durante el verano.

Con una sexta parte del territorio colombiano y 3,4 millones de habitantes, Uruguay ha vivido una larga decadencia en las últimas décadas, que lo ha convertido en un país de ancianos donde los jóvenes no encuentran futuro. La emigración en las últimas décadas es del 20 por ciento. Se calcula que al otro lado del río de La Plata, en Argentina, viven 300.000 uruguayos.

"La emigración ha sido una válvula de escape. Uruguay es un país avejentado. La generación que debería gobernar, la de los años 70, se fue del país. Uno de los puntos centrales del programa del Frente Amplio es detener esa emigración, dar una ilusión a la juventud", señaló Abeleira, que representa a la amplia franja de emigrados en Argentina.

Más del 60 por ciento de la población activa realiza tareas informales, está desocupada o subocupada y el salario mínimo es el más bajo de la región con unos 50 dólares por mes. Casi 25 por ciento de los habitantes de Montevideo vive en asentamientos irregulares ya que perdió sus viviendas. Datos del último Informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Humano (Pnud) certifican ese deterioro acelerado. Mientras que Argentina logró mantenerse en el puesto 34, Uruguay pasó al sitio 46, luego de ocupar el 29 en 1990. Será este panorama decadente el que Vázquez deberá cambiar.

La llegada al poder del Frente Amplio es un acontecimiento para la izquierda continental. Fundado el 5 de febrero de 1971, el FA es una coalición que incluye desde ex guerrilleros tupamaros, comunistas, socialistas y trotskistas hasta la democracia cristiana y desprendimientos de los partidos tradicionales. El FA atravesó la larga noche de la dictadura militar de 1973 a 1985. Fue proscrito y sus dirigentes fueron perseguidos, asesinados, exiliados, torturados.

Al retornar la democracia, el Frente Amplio fue ganando adhesiones, convirtiéndose en un movimiento social y político que no pudo ser detenido. En 1990 Tabaré Vázquez ganó la intendencia de Montevideo, donde viven dos terceras partes de la población, cargo que el FA retiene desde entonces, con tres victorias consecutivas que han aumentando su caudal de votantes.

En las elecciones nacionales de 1994 el Frente obtuvo el 31,8 por ciento del electorado, a tan sólo 35.000 votos de alcanzar el gobierno, y en 1999, con la candidatura de Tabaré Vázquez, se convirtió en la fuerza mayoritaria con 40 por ciento de los votos, aunque perdió en la segunda vuelta.

Como escribe la revista Brecha de Montevideo, es una "acumulación histórica de la izquierda que lleva decenios. Está por resolverse un pleito iniciado con la crisis de los años 50, justo cuando se terminan los tiempos políticos y biológicos de quienes vieron su inicio. La dictadura, que vino a sangre y fuego para frenar esa tendencia, se rompió los dientes con una izquierda que no sólo persistió, sino que también se negó a que le impusieran nuevas formas. Esa izquierda no es sólo partidaria. El que no entiende que el ascenso de Vázquez se apoya en una densa trama social y cultural, construida por varias generaciones, no entiende nada de lo que ocurre".

Tabaré no parece un político de izquierda. Cuando habla parece un médico haciendo un diagnóstico. Charla, no exclama. No dio entrevistas y se negó a realizar debates. Tiene algunas frases proverbiales, como "podemos meter la pata, pero no la mano en la lata", y seguirá atendiendo su consultorio de oncólogo algunas horas por día.

Vázquez revalorizará las relaciones con el Mercosur en contraposición al énfasis del actual Presidente al comercio con Estados Unidos y promoverá la interacción con otros procesos de integración en Latinoamérica; también restablecerá relaciones con Cuba, rotas desde un intercambio de insultos entre Castro y Battle hace dos años.

Para demostrar que la izquierda está domesticada, Vázquez viajó a Washington, ofreció el cargo de Ministro de Economía al director del Banco Interamericano de Desarrollo Enrique Iglesias, que no aceptó, y nombrará a un moderado, Danilo Astori.

Será por eso que el inminente triunfo del Frente Amplio no ha suscitado sobresaltos financieros, ni crisis en la bolsa, ni aumento del dólar. Todos apuestan a que el gobierno de Vázquez se asemeje al de Lula en el vecino Brasil, aunque todavía está por verse cómo funciona esta variopinta coalición en el poder. En cualquier caso, el triunfo de Vázquez será interpretado como un paso más del descontento que cunde en Latinoamérica con el modelo neoliberal a ultranza que se impuso en los últimos años. Ello no significa, como ha quedado demostrado en casos como Brasil y Chile, que la política económica dé un giro demasiado radical, pero sí parece confirmar una tendencia de importancia insoslayable.
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