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| 8/18/1997 12:00:00 AM

EL EJEMPLO ESPAÑOL

Las multitudinarias manifestaciones de protesta por el asesinato del concejal Angel Blanco Garrido en España son un duro contraste con la realidad colombiana.

El espectáculo no podía ser más conmovedor. Los voceros del hospital de Nuestra Señora de Aranzazu, San Sebastián, no habían acabado de dar el parte médico sobre la muerte del concejal Angel Blanco Garrido, del Partido Popular, el pasado 13 de julio, cuando una enorme masa de gente comenzó a congregarse en laPuerta del Sol en Madrid. Decenas de miles de personas, sin acuerdo previo, colmaron la plaza en pocas horas para protestar por el asesinato perpetrado por el grupo terrorista ETA el día anterior, al cumplir la sentencia de ejecutar al concejal de 29 años secuestrado el jueves 10 de julio si a las 4 de la tarde del día 12 no eran trasladados todos los presos de la ETA a las cárceles de territorio vasco. La escena fue la misma en Bilbao, Valencia, Barcelona y varias ciudades más, incluida Ermua, la localidad vasca de donde era oriundo Blanco Garrido, y Pamplona, donde fueron suspendidas las tradicionales fiestas de San Fermín para convertirlas en un multitudinario velorio. España entera expresaba al unísono su repudio por un crimen que no sólo ha horrorizado al país ibérico sino al mundo entero. La estremecedora manifestación de solidaridad civil se había iniciado en Bilbao el mismo día del asesinato del concejal, horas antes de que la ETA ejecutara la sentencia, cuando cientos de miles de personas saltaron a las calles para rogar, en compañía del propio jefe del gobierno español, José María Aznar, y de prácticamente todo su gabinete, por la liberación de Blanco Garrido, en un acontecimiento que fue imitado a lo largo y ancho de España, incluido el País Vasco. Pero de nada sirvieron los clamores. Sin embargo el brutal homicidio no hizo sino atizar la llama de la dignidad española y los cientos de miles de personas se transformaron en millones de caminantes enlutados que poblaron las calles y las plazas de las principales urbes antes, durante y hasta dos días después del sepelio del sacrificado concejal. En la capital la multitud sobrepasó los tres millones, mientras que Zaragoza, Valencia, Huesca, Barcelona y otras ciudades más sumaron otros tres. Había ocurrido un crimen horrendo y la sociedad no podía permanecer indiferente. Una verdadera lección de solidaridad para el mundo y un duro contraste con la realidad colombiana, en donde los secuestros y los asesinatos se cuentan por miles ante la casi total indiferencia de la población civil.
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