Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2000/01/10 00:00

EL ESCALOFRIO

Roberto Giusti, uno de los columnistas más respetados de Venezuela, analiza para SEMANA qué <BR>pasa en su país al borde del 'referéndum' constitucional.

EL ESCALOFRIO

Una de las cosas buenas que podría pasarle al presidente Chávez el 15 de diciembre es
que gane el 'No'. Paradojas del proceso, contradicciones de una época, marcha circular de las masas,
llámese como se quiera llamar, lo cierto es que al liderazgo presidencial se le está acabando la gasolina
espiritual que despertaba llamaradas de amor ciego en toda Venezuela. Hoy el fuego del comandante
sólo prende en una parte de la sabana, en la otra está el enemigo. El apoyo casi total de unos meses atrás
se ha ido fragmentado, el huracán ha descendido a categoría de tormenta y no sabemos cómo y cuánto
soplará para las eventuales elecciones de marzo ante unas cifras de desempleo, de decrecimiento
económico e inseguridad personal sin precedentes. Por eso el escenario del 'No' y de la salvación, in
extremis, de la Constitución 'moribunda' del 61, no sólo puede impedirle una derrota a corto plazo sino que
le asegura a Chávez cuatro años de gobierno. Al menos en teoría.
Pero no me crean. Hace una semana afirmar esto era una tontería, escribirlo ahora pura y vana ilusión. El
'Sí' gana porque sí y las cosas están diseñadas de tal manera que el 'No' resulta apenas el pretexto para
votar 'Sí'. Porque así como no hemos nadado tanto para terminar en la misma orilla, tampoco podemos
devolver el curso de las aguas. A esto no lo para nadie. El asunto es 'Sí' o 'Sí'. Lo dijo el comandante: "No
hay marcha atrás".
No obstante, el uso masivo y abusivo de los medios, el ventajismo del gobierno y el incesante combate
mediático del presidente nos revelan que el cálculo y el designio trastabillean un tanto. No todos
comparten la utopía largamente acariciada desde sus años mozos y el 'No' ha logrado reunir en el rechazo
_el mejor y más eficaz aliciente nacional para la unidad_ a todos aquellos que no sólo se oponen al proyecto
constitucional sino al mismo Chávez.
Razones de todo tipo hay para no estar con él, pero lo que prevalece es un escalofrío, un sobresalto, una
prevención instintiva y animal que prima sobre los datos concretos de la realidad. Más allá de la discusión
de fondo sobre el modelo, la naturaleza del texto constitucional o el tipo de sociedad a la que debe abrirle
paso, una notable franja de la población vislumbra, cada vez con mayor nitidez, los fantasmas del
autoritarismo, el personalismo, el voluntarismo forzado y todas las taras de los regímenes que pretenden
modelar el sueño de sus ductores a punta de martillazos. La convicción de que la Constitución fue hecha a la
medida del presidente y tenemos a la vista un régimen autoritario obra como revulsivo. El temor a una
dictadura constitucional y la confesa admiración del presidente por la Cuba de Castro _"marchamos hacia el
mismo mar de la felicidad en que vive el pueblo cubano"_ hacen temblar el país con el estruendo de los
cacerolazos y obispos como el de Coro, Roberto Luckert, se manifiestan abiertamente por el 'No', lo
mismo que los gremios económicos y la mayoría de los gobernadores de Estado.
Y es que el repudio al viejo mundo de las 'cúpulas podridas' de AD y Copei, abroquelado alrededor de
Chávez en las elecciones presidenciales de hace un año, dejó de tener sentido porque ese viejo mundo ya no
existe. El mismo se encargó de demolerlo. Conservar todo ese inmenso apoyo y acrecentarlo para
perpetuarse en el poder es otra cosa. Por allí los caminos se bifurcan, nos abrimos, entramos en la gran
confrontación de clases, galopa el proceso revolucionario, quema etapas, se desata incontenible.
Pero el caos, la muerte y la destrucción que el presidente ha presagiado como inevitables en caso de ganar
el 'No' han resultado inútiles a la hora de conjurar el escalofrío. Más bien lo propagaron y están haciendo del
voto un acto de valor. Porque a fin de cuentas si votar por el 'No' es tentar la violencia, lanzarse al vacío,
apuntarse en la incertidumbre, votar por el 'Sí' es lo mismo, pero en estado de felicidad inconsciente. Sin
escalofrío, batiendo palmas.

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