Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/05/31 00:00

El Escobar del Caribe

La persecución al capo del narcotráfico jamaiquino tiene en jaque al país y ha puesto en primer plano el debate sobre los vínculos de la clase política con las mafias.

Christopher ‘Dudus’ Coke

Por estos días, Jamaica está lejos de ser la isla paradisiaca que Bob Marley solía retratar en sus canciones. Las calles de Kingston son el escenario de una intensa batalla contra el narcotráfico desde que el gobierno autorizó extraditar a Estados Unidos a Christopher 'Dudus' Coke, líder de una de las bandas criminales más influyentes de la isla. Lo malo es que mientras Washington lo considera como uno de los capos más peligrosos del mundo, muchos de sus compatriotas lo ven como su redentor.

Coke, de 41 años, es el amo y señor de Tivoli Gardens, un barrio ubicado al occidente de la capital, donde ganó la fama de Robin Hood por ayudar a los más pobres. Allí no solo les daba de comer, sino que financiaba la construcción de escuelas y hospitales. Es tal el fervor que despierta entre la gente que suelen llamarlo "presidente". No obstante, la aparente tranquilidad que reinaba en el distrito se acabó el pasado 17 de mayo, cuando el gobierno tomó la decisión de extraditarlo. Cientos de simpatizantes salieron a protestar a las calles y seis días después la situación se salió de cauce. Los manifestantes atacaron varias estaciones de policía y el gobierno lanzó una fuerte ofensiva en Tivoli que lo obligó a decretar el estado de emergencia en varias zonas de la ciudad.

Las protestas dejaron al menos 70 personas muertas y cerca de 500 detenidas. Al cierre de esta edición, las autoridades aún no habían dado con el paradero del narcotraficante y se creía que había dejado la isla.

Aunque la historia llegó a su clímax la semana pasada, en realidad empezó en agosto de 2009 cuando un tribunal de Nueva York emitió una orden de captura contra Coke por tráfico de drogas y armas. Las autoridades norteamericanas lo acusan de ser el heredero de Shower Posse, una poderosa organización criminal que opera en varias ciudades de Estados Unidos y fue creada por su papá en la década de los 80, antes de morir en prisión en 1992. La justicia de ese país encontró evidencia suficiente sobre sus actividades ilegales, pero durante nueve meses el primer ministro de Jamaica, Bruce Golding, dilató el proceso con el argumento de que las pruebas fueron obtenidas de manera irregular.

Sin embargo, el verdadero motivo de la demora son los nexos que existen entre la clase política y la mafia. Desde la década de los 70, tanto el Partido Laborista -hoy oficialista- como el Partido Nacional del Pueblo, los dos movimientos mayoritarios en Jamaica, mantienen una especie de pacto de no agresión con las bandas criminales que imponen la ley y el orden en los barrios marginales. En pocas palabras, los políticos saben que su éxito depende de los líderes de estas organizaciones.

Tivoli es justamente uno de los principales bastiones de votación de Golding, quien llegó al poder gracias a que su partido ganó esa circunscripción en los comicios de 2007, y a cambio este le otorgó millonarios contratos a Coke. El primer ministro niega dicha acusación, pero en la isla son bien conocidos los vínculos entre miembros de su partido y el barón de la droga. Es por eso que al gobierno no le conviene que Estados Unidos intervenga, pues el capo podría delatar sus acuerdos non sanctos con la clase dirigente.

Y lo peor no acaba allí. En su afán por evitar la extradición del capo, Golding supuestamente contactó a una firma de

abogados para que hiciera lobby ante el gobierno norteamericano. En un principio, el primer ministro lo negó, pero luego reconoció que su movimiento sí lo hizo con el fin de tumbar la orden de captura contra Coke. Esto detonó el escándalo, pues cuando los medios locales lo sacaron a la luz pública, el jefe de gobierno se sintió acorralado y resolvió darle vía libre al operativo que hoy tiene al país sumido en la violencia.

"Esta es una gran oportunidad para acabar con los poderes malignos que dominan nuestra sociedad y que nos han hecho ganar la nada envidiable reputación de ser uno de los países más violentos del mundo", advirtió Golding en un intento por redimirse. De hecho, según un informe publicado por el gobierno el año pasado, se cometieron 1.700 homicidios en Jamaica, una de las tasas más altas por habitante en el mundo, y se calcula que operan 268 bandas criminales.

Las protestas de los últimos días son apenas una muestra de la profunda crisis institucional que afronta el país caribeño desde hace varias décadas. Según explicó a SEMANA Larry Birns, director del Center on Hemispheric Affairs, esta es una historia que se repite una y otra vez en América Latina, no en vano "Coke es una semblanza de lo que Pablo Escobar solía ser en Colombia". El final que le espera al narco jamaiquino es previsible, pues en caso de que las autoridades lo capturen, lo más probable es que pase el resto de sus días en una cárcel de Estados Unidos. Lo que no se sabe es quién tomará su lugar.

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